martes, 3 de mayo de 2011

Partes de Grau sobre combate de Iquique

COMANDANCIA DE LA 1ª DIVISIÓN NAVAL

A bordo del monitor Huáscar, al ancla en Iquique, mayo 21 de 1879.
Benemérito señor General en Jefe del ejército del Sur.

Conforme a las instrucciones verbales que recibí del señor general director de la guerra en el puerto de Arica, me dirigí a ésta con la división naval de mi mando, compuesta del monitor Huáscar y de la fragata Independencia, y al arribar a él, donde se encontraban sosteniendo el bloqueo los buques de guerra chilenos corbeta Esmeralda y cañonera Covadonga, emprendí el ataque contra ellos batiendo a la Esmeralda, que se mantuvo en el fondeadero, y mandando a la Independencia en persecución de la Covadonga, que huía en dirección al sur.

No me es posible, por la premura del tiempo, dar a V. S. los detalles de este encuentro, que desde luego ha podido V. S. apreciar por sí mismo desde tierra, y concrétome por tal causa a decir a V. S. que notando después de la primera hora del combate que nuestra posición en la boca del puerto no nos permitía hacer buenas punterías a causa del movimiento de la mar, y sabedor que la Esmeralda se mantenía muy pegada a tierra por parte norte de la población, porque tenía su frente guarnecido por una línea de torpedos, según me lo indicó el capitán de corbeta y de este puerto don Salomé Porras, que vino a bordo al principiar el combate, a la par que temiendo herir a la población con los tiros de mi buque, me decidí a entrar por la parte del sur, pegándome lo posible a la isla, a fin de atacar con el espolón; pero como la Esmeralda salió entonces por la parte del norte, siempre muy próxima a tierra, cambié de propósito y goberné sobre ella directamente.

En dos ocasiones se defendió presentando la aleta en una y la proa en la otra, de manera que el golpe del espolón no le hizo mayor efecto en una ni en otra, y el combate tenía lugar entonces con tiros de fusilería y ametralladoras, estando los buques en contacto.

Finalmente, dispuestos los dos cañones de la torre para dispararlos lo más cerca posible del buque enemigo y embistiendo por la tercera vez a toda fuerza con el espolón, el disparo de los primeros y el golpe de este último, dado en el centro de su costado, sumergieron casi inmediatamente a la Esmeralda entre las doce horas diez minutos pasado meridiano.

El combate había terminado después de tres horas cuarenta minutos de una tenaz resistencia.

La fragata Independencia, batiendo en caza a la Covadonga, logró aproximársele hasta embestirle con el espolón en la punta denominada Gruesa; pero como este último buque navegase muy pegado a tierra, próximo el momento de darle el golpe, sufrió la primera un violento choque en sus fondos contra una roca desconocida y cubierta, choque que le inutilizó su máquina y dió por resultado la pérdida del buque, arrojado por la mar sobre los arrecifes de la Punta.

Terminada la acción de Huáscar con la sumersión de la Esmeralda y después de haber salvado a los náufragos de este último buque y recibídolos a mi bordo, me dirigí en demanda de la Independencia que tenía a la vista en la Punta Gruesa, ya mencionada, con el ánimo de ayudarla al apresamiento de la Covadonga; pero ésta desde que se apercibió de la dirección que llevaba, se alejó con toda fuerza con rumbo al sur.

La perseguí durante tres horas y después de notar a la pasada el estado en que se encontraba la Independencia.

Más, considerando que la distancia de diez millas que próximamente me separaba de la Covadonga no podía estrecharla antes de la puesta del sol y ser en tal caso más conveniente ir en auxilio de la Independencia, viré y me dirigí sobre ésta.

Pronto pude apreciar que la pérdida de la fragata era total.
Mandé mis embarcaciones por la gente que había a bordo de ella y dí órdenes de incendiarla.
Esto cumplido, he regresado a este puerto.

Adjunto a V. S. la relación de las bajas habidas en la dotación de este buque, de los muertos del enemigo, cuyos cadáveres han sido recogidos, y de los prisioneros.
Remito a tierra para su sepultura los cadáveres, para su curación los heridos y a las órdenes de V.S. los prisioneros.

Al terminar, réstame manifestar a V. S. que durante el combate todos los empleados del buque de mi mando han cumplido satisfactoriamente con su deber.

Todo lo que tengo el honor de poner en conocimiento de V. S. para los fines que haya lugar.

Dios guarde a V. S.
MIGUEL GRAU
___________________

COMANDANCIA DE LA 1ª DIVISIÓN NAVAL
Al ancla.
Iquique, mayo 23 de 1879.
Benemérito señor General Director de la Guerra.

En cumplimiento de las instrucciones verbales recibidas de V. E., zarpé del puerto de Arica en la noche del 20 del presente, con el monitor Huáscar y la fragata Independencia; ambos buques pertenecen a la División Naval de mi mando, y me es honroso dar cuenta a V. E. de los acontecimientos que han tenido lugar en ella hasta la fecha. En la travesía del puerto de Arica al de Iquique, creí conveniente recalar a Pisagua, lo que verifiqué a las 4 h. 20 a. m. del 21, con el objeto de inquirir algunas noticias relativas a la comisión que debía realizar en Iquique. En efecto, supe por el capitán de dicho puerto, quien me mostró un telegrama del Prefecto del departamento de Tarapacá, de fecha 19, en el que se le comunicaba que la Esmeralda, la cañonera Covadonga y el transporte Lamar, buques de la escuadra chilena, hacían efectivo el bloqueo de Iquique.

Al aproximarse nuestros buques al puerto de Iquique, noté que, efectivamente, tres buques caldeaban; pronto pude reconocer, entre ellos, a la Esmeralda y a la Covadonga, que se ponían en movimiento, tomando posiciones defensivas, a la par que salía del puerto un vapor con bandera norteamericana, probablemente el Lamar, y se dirigía al sur. La anticipación con que hizo esta maniobra y la distancia de cinco millas a que se hallaba del puerto, teniendo en cuenta las diligencias consiguientes a su reconocimiento, me decidieron a dirigir mis operaciones de preferencia sobre los dos buques que antes he indicado. Llegando el Huáscar a los mil metros, próximamente, al norte del fondeadero de los buques enemigos, mandé afianzar el pabellón y ordené a la Independencia, que venía por el norte próxima a la costa y a cinco millas de distancia, se dispusiese para el combate.

Ocupaban entonces los mencionados buques posiciones a un cable y medio de la playa, frente al lado norte de la población, en orden de combate; la Covadonga por la popa del otro, y ambos con proa al norte, de manera que estaban interpuestos entre nosotros y la población: eran las 8 h. 20 a. m. del 21.

Trabóse combate desde este momento entre el Huáscar y los dos buques enemigos, y 30 minutos después se unió y rompió sus fuegos la Independencia; pero nuestros tiros no podían ser bien dirigidos por encontrarnos en la boca del puerto bajo la acción de la mar, a la par que las punterías de los buques enemigos tenían, por lo general, buena dirección y elevación.

La Covadonga, después de la primera hora, salió del puerto muy pegada a la isla que cierra la parte occidental, y emprendió su retirada por la parte del sur, barajándola muy próxima a la playa; en vista de lo cual ordené a la Independencia perseguirla, quedándome por consiguiente batiendo con el Huáscar a la Esmeralda.

Mientras la Independencia seguía su camino y notando la inseguridad de nuestros tiros por la causa que he dicho antes, me decidí a atacar a la Esmeralda con el espolón; pero informado por el capitán de corbeta y del puerto, don Salomé Porras, y por el práctico del mismo, don Guillermo Checle, quienes se encontraban a bordo desde el principio del combate, de que dicho buque estaba defendido por una línea de torpedos en su delante, intenté dirigirme sobre el lado del sur para desalojarlo de la zona en que maniobraba defendido. Más, observando a la vez que se dirigía hacia el norte, saliendo de esa zona, cambié de propósito, y goberné directamente. A medio cumplido de distancia, detuve la máquina, y la Esmeralda, guiñando para evadir el golpe al costado, lo recibió por la aleta de babor en dirección muy oblícua; el espolón resbaló; su efecto fue de poca consideración, y quedaron abordados ambos buques, hasta que el Huáscar empezó su movimiento para atrás.

Embestí nuevamente con igual velocidad y la Esmeralda presentó su proa evadiendo de esta manera, nuevamente, los efectos del choque; sin embargo, estos dos golpes la dejaron bastante maltratada.

En ambas ocasiones, a la aproximación de los buques, y durante el tiempo que permanecieron muy cerca, recibimos el nutrido fuego de las ametralladoras que tenían establecidas en sus cofas, el de fusilería y muchas bombas de mano, a la vez que descargas completas de artillería de sus costados. El blindaje protegió muy bien a nuestra gente de los efectos de tan certeros fuegos, muchos de los cuales chocaron en nuestra torre y otros rompían algunas partes de madera o de fierro muy delgado, y permitía sostener igualmente a nuestro fuego de cañón y de fusilería.

Finalmente, emprendí la tercera embestida con una velocidad de 10 millas, y logré tomarla por el centro; a este golpe se encabezó y desapareció completamente la Esmeralda, sumergiéndose, y dejando a flote pequeños pedazos de casco y algunos de sus tripulantes. Eran las 12 y 10 p. m.. El comandante de ese buque nos abordó a la vez que uno de sus oficiales y algunos de sus tripulantes, por el castillo, y en la defensa de ese abordaje perecieron víctimas de su temerario arrojo. Inmediatamente, mandé todas las embarcaciones del buque a salvar a los náufragos, y logré que fuesen recogidos sesentaitrés, los únicos que habían vivido a tan obstinada resistencia.

No puedo prescindir de llamar la atención de V. E. hacia la sensible pérdida del teniente 2º graduado, don Jorge Velarde, para significar el noble comportamiento y arrojo con que este oficial conservó su puesto en la cubierta, al pie del pabellón, hasta ser víctima de su valor y serenidad.

Terminado en el puerto de Iquique el salvamento de los náufragos y con ellos a bordo, me dirigí en demanda de la Independencia, que estaba a la vista en la punta denominada "Gruesa", al sur de Iquique, con el intento de ayudarle al apresamiento de la Covadonga. Noté que ésta, desde que se apercibió del movimiento del Huáscar se alejó a toda fuerza con rumbo al sur, a la vez que la Independencia, algo recostada a una banda, permanecía en el mismo sitio.

A medida que iba avanzando, pude claramente comprender que este último buque estaba varado, y preferí continuar la persecución de la Covadonga durante tres horas, hasta que, convencido que la distancia de 10 millas, que aproximadamente me separaba de ella, no podía estrecharla antes de la puesta del sol, creí muy conveniente desistir del empeño y volver en auxilio de la Independencia.

Pude, entonces, apreciar que la pérdida de la fragata era total, y mandé mis embarcaciones por la gente que había a su bordo, dando la orden de incendiar el buque.

Los detalles relativos a la pérdida de la fragata, los encontrará V. E. en el parte adjunto del Comandante de dicho buque: este jefe, con todos sus subordinados, marchan en el Chalaco a ponerse a órdenes de V. E.

Regresé al puerto de Iquique y remití a tierra los prisioneros a órdenes del señor General en Jefe del ejército; a los heridos para su curación, y los cadáveres para su sepultura.

Por considerarlo prudente, me volví a la mar con el fin de pasar la noche sobre la máquina, reconociendo las cercanías del puerto, y avisté en la madrugada al Chalaco que estaba en Pisagua. Me dirigí en demanda de él, e impuesto de su comisión, le ordené venir a cumplirla al puerto de Iquique, por creerlo así más conveniente.

Actualmente, me ocupo en hacer carbón, tomándolo del Chalaco, de tierra y de una lancha del enemigo, con el fin de continuar dando cumplimiento a las instrucciones de V. E. Al terminar, cábeme la satisfacción de asegurar a V. E. que todos los individuos de la dotación del Huáscar que me están subordinados han cumplido con su deber.

Todo lo cual tengo el honor de elevar a conocimiento de V. E. para los fines que haya lugar.

Dios guarde a V. E.
MIGUEL GRAU
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fotografía de Miguel Grau, tomada en Lima por Eugene Courret, perteneciente a la colección de Christian Arce. 
Saludos
Jonatan Saona

1 comentario :

Raúl Olmedo D. dijo...

Es destacable que el almirante Grau informe que, durante el combate con la Esmeralda y al momento de espolonear, recibió fuego de ametralladora (mas el de fusilería, así comoy bombas de mano) desde las cofas de la corbeta.
La Esmeralda no contaba con ametralladoras en mayo de 1879. Sólo el Blanco Encalada disponía de ese armamento, que empezó a llegar con destino a la Armada recién en julio siguiente.
El informe de Grau habla bien, entonces, de la guarnición militar de la Esmeralda, puesto que su fuego de fusilería fue tan intenso y continuado, que logró confundir a un marino serio y ponderado como era Grau, quien no fantaseaba ni exageraba en sus partes.
Los fusiles de la guarnición militar de la Esmeralda eran, ese día, los Comblain II modelo 1873 (11 mm.) monodisparo con que estaban dotadas las unidades "de Línea" del Ejército.
Los Kropaschek de repetición (un modelo mejorado del Gras de 11 mm.) que usó posteriormente la Armada llegaron posteriormente - también a contar de julio - en número de 1.500.

R. Olmedo

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