martes, 15 de febrero de 2011

Entrevista veteranos Arica

Juan de Dios Ulloa, Adolfo Nuñez y  Vicente González, veteranos de Arica
LOS TRES SOBREVIVIENTES DE ARICA, RELIQUIAS DE LA PATRIA

Conversando con el Sargento Juan de Dios Ulloa, el Soldado Adolfo Nuñez y el Marinero Vicente Gonzáles. Recuerdo de los Héroes y de la Gran Epopeya 

El 7 de Junio de 1880, el pequeño ejercito nacional que comandaba el Coronel Francisco Bolognesi se batía heroicamente en Arica, prefiriendo la muerte a la honrosa rendición que le ofrecía el enemigo ensoberbecido que hacia pocos dí­as, el 26 de mayo, habí­a triunfado en la batalla para nosotros infortunada del Campo de Alianza, librada en las goteras de Tacna. 

La gloriosa acción de Arica, el sacrificio en aras de la patria de un puñado de héroes peruanos, ha quedado grabada para siempre en los fastos de la historia con caracteres eternos. Bolognesi y los suyos cumplieron ese dí­a la sublime promesa de morir quemando el último cartucho.

Fueron pocos los sobrevivientes de Arica, debido a que el ejercito invasor lanzase a sangre y fuego al asalto para reducir a una guarnición peruana mal armada, pobremente abastecida, en razón de hallarse sitiada desde hacia tiempo por mar y tierra. Sabido es que contaba escasamente con 1650 hombre incluyendo los tripulantes del Manco Cápac. Los propios partes oficiales chilenos hicieron ascender los muertos a 1100 y a 200 los heridos, lo que estarí­a probando que las bajas alcanzaron un porcentaje de casi cien por ciento, o sea que todos los defensores de la plaza se mantuvieron firmes en sus puestos. 

Es así­ que lo cruento de la acción y los 73 años que han transcurrido de entonces a esta parte, hacen que los valientes de esa jornada memorable que aun sobreviven sean contados. Sobrevivientes calificados de Arica sólo quedan ahora tres. Son esas reliquias heroicas el sargento primero Juan de Dios Ulloa, el soldado Adolfo Nuñez y el marinero de la corbeta Unión, Vicente González.

Gracias a la gentil intervención del capitán Toribio Ruiz Bogovich, del gabinete Militar, quien ha tenido a su cargo durante estos dí­as todo lo relativo a la participación de los sobrevivientes en las ceremonias patrióticas de hoy, nos fue posible entrevistar ayer a esos pudorosos veteranos de la guerra del Pacifico, pues el sargento Ulloa, con un hondo sentido de la disciplina militar previno rotundamente al cronista que no podrí­a formular declaración alguna como el bien quisiera, sin previa autorización del capitán Ruiz Bogovich, a quien el consideraba su superior inmediato. 

CON EL SARGENTO PRIMERO JUAN DE DIOS ULLOA 
Nací­ en Arica, ese bendito puerto -nos dijo-, y allí­ seguí­ mis primeros estudios, Estaba dedicado al comercio en el puerto de Iquique cuando estalló la guerra. Alfonso Ugarte, joven y acaudalado, a quien el porvenir parecía sonreí­rle como al que más, fue de los primeros en alistarse y, como podía hacerlo, el mismo costeó los gastos para organizar un batallón que después fue el Iquique. No estuve con él en San Francisco y Tarapacá porque me encomendó la misión de acompañar a una relacionada suya, la señorita Isabel Bustamante, hasta Arica, a cuyo efecto algo que no se ha olvidado de mi memoria me obsequió un traje nuevo. No hacia mucho tiempo que don Alfonso había regresado de Alemania, donde siguió estudios especiales de comercio. En Arica me quedé hasta que llegó el ejército de Tarapacá en su retirada histórica y me volví a plegar a mi coronel Ugarte. 

---¿A qué cuerpo o batallón perteneció usted, sargento Ulloa? 
Claro que al batallón Iquique, Ejercito en Arica. El batallón Iquique y el Tarapacá formaron la octava división de la cual era jefe Ugarte. El Iquique lo comandaba el comandante Roque Sáenz Peña, ese valiente argentino que era un gran amigo de Ugarte. El Tarapacá lo comandaba el comandante Ramón Zavala. La división de Ugarte estaba encargada de la Defensa de la zona del río San José y sus baterías. Esa era la entrada a Arica viniendo de Tacna y se creía que por allí atacarían los chilenos. Pero no fue así­, porque atacaron por los cerros del lado de Azapa guiados según se dijo, por un espía francés conocedor de la región que residía desde hacia tiempo en Arica.

---¿De tal modo que su batallón no estuvo en el Morro?
Claro que estuvo, Alfonso Ugarte llegó a caballo e inmediatamente movilizó a nuestras tropas. Subimos fatigados los cerros por donde se peleaba y combatimos encarnizadamente, como todos en Arica, pues estábamos decididos a morir. Hasta que cesó el fuego.

---¿Combatió Ugarte al lado del Iquique y el Tarapacá?
No que lo recuerde pues más bien creo siguió a caballo en dirección al Morro, desde donde el Estado Mayor impartía las órdenes. Ya después, cuando todo habí­a terminado, el Coronel Ugarte, el bravo entre los bravos, se lanzó desde la cumbre del Morro, envuelto en la bandera de la patria a la muerte y a la gloria. Su alma subió a la inmortalidad junto con las del coronel Bolognesi y demás héroes de esa jornada inolvidable.

---¿Qué suerte corrió usted después de la caí­da de Arica?
Me oculté del vencedor hasta que amainó la tempestad. Ya no me fue posible seguir en el ejército por la falta de transporte.

---¿Algún hecho que recuerde usted de preferencia?
Si, un muchacho, Alfredo Maldonado, que buscaba en medio del fragor de la batalla a su tío el Mayor Nacarino en las baterías del Este y que al encontrarlo muerto prendió fuego al polvorín volando peruanos y chilenos. Dicho sea de paso tal acción atemorizó a los chilenos que creían que Arica iba a volar por todas partes y dio un respiro a los defensores.

CON EL SOLDADO ADOLFO NUÑEZ
Yo soy de Tarapacá -nos dijo- y me alisté en las filas en cuanto estalló la contienda con Chile, al igual que todos los jóvenes de mi tiempo. Pertenecí­ al batallón Iquique y, por lo tanto los jefes que mas recuerdo son Alfonso Ugarte que era nuestro Comandante, como también al entonces General Cáceres y al glorioso Bolognesi que iba a ser después nuestro Jefe en Arica. Estuve en San Francisco y Tarapacá, donde vencimos al enemigo que emprendió fuga abandonando pertrechos. Pero como no teníamos elementos que oponer al poderoso ejercito invasor, seguimos la retirada a Arica, que la hicimos por las alturas a fin de no ser sorprendidos por el enemigo que ya dominaba en el mar. Fue una retirada ordenada pero sumamente difícil, hasta que al fin llegamos a Arica.

Sí, combatí el 7 de Junio -nos sigue diciendo el viejo sobreviviente- con mi batallón Iquique, a las órdenes del comandante Sáenz Peña. Él nos llevó al Morro la mañana del 7 de junio, y en el trayecto, cuando los chilenos nos disparaban desde los cerros del frente, fue herido en un brazo, las balas me respetaron pero todos estábamos decididos a morir y a hacer pagar caro el triunfo al enemigo. ¡Si ya sabí­amos que í­bamos a perder! Después de la batalla me interné en la sierra con un tí­o mí­o y, posteriormente, regresamos a Tarapacá, donde teníamos nuestros pequeños intereses y nuestra familia. En 1920 me trasladé a Lima y hace sólo cinco años que me extendieron mi cédula de calificación. En la actualidad soy vigilante de un tanque de la Junta del Agua. Tengo que trabajar para atender a mi familia.

--¿Recuerda usted de preferencia algún hecho de la guerra?
En Tarapacá se refugiaron unos chilenos en una casa. Desde la cual hacían fuego. Pero cuando ya estaba todo perdido izaron bandera blanca. Entonces se acercó un Mayor Suárez, según creo, con varios soldados para tomar a los enemigos, mas estos nuevamente abrieron fuego y mataron de un tiro en el vientre a Suárez. Los peruanos le prendimos fuego a la casa por todos lados. Allí­ estaba un famoso chileno que se llamaba Eleuterio Ramí­rez, si la memoria no me es infiel. Muchas cosas se olvidan a mi edad y a veces confundimos los hechos.

CON EL MARINERO VICENTE GONZÁLES
Yo soy chalaco, señor. A los diecinueve años presté servicios en la escuadra nacional, principalmente en la Unión y la Pilcomayo. Antes estuve en la Escuela de Clases. Yo era marinero de la Unión cuando mi buque rompió el bloqueo de Arica llevando armas a Bolognesi y su guarnición. Esa fue una hazaña. Cuando entramos a la rada del morro, burlando a los naví­os enemigos, los tripulantes de los buques extranjeros que estaban surtos en la bahí­a nos aplaudían. Y después volvimos a salir, haciendo cabriolas, en viaje de regreso al callao. ¡Nuestro comandante Villavicencio era todo un marino! Para nosotros era incomparable. Cuantas veces, señor deseó atacar el enemigo, pero sus jefes no lo dejaron. Luego, en respuesta a una pregunta, nos dice: Si estuve en Arica porque rompimos el bloqueo de los chilenos. Esa fue toda una proeza de mi comandante Villavicencio. Si señor, por eso es que estuve en Arica. Después de la cual no me olvidaré nunca tuvimos que hundir a la Unión en el Callao para que no cayera en poder de los chilenos.

Tales fueron las declaraciones que nos hicieron esos tres viejos soldados, a quienes hoy la ciudadaní­a rendirá el homenaje que merecen por la bravura con que defendieron nuestro suelo y por lo que representan como reliquias vivas de la Patria. Al recordar aquellos lejanos dí­as, han evocado las sombras augustas de Bolognesi y sus heroicos compañeros de holocausto y pronunciando con fervor de oración los nombres de quienes fueron sus jefes y son ahora, desde la gloria en que viven, símbolos resplandecientes de nacionalidad".

Fuente: El Comercio, Lima, Domingo 7 de Junio de 1953
********************
Imagen, gentileza de Carlos Buitrón

Saludos
Jonatan Saona

4 comentarios :

Gabriela dijo...

Hola Jonatan muchas gracias por las observaciones a mi página http://historiadenuestroperuydelmundo.blogspot.com/2010/10/dibujos-de-alfonso-ugarte.html, ya hice las modificaciones de las imágenes :)

Gabriela

Anónimo dijo...

Los relatos por un momento parecían reales, pero luego aparecieron las falacias replicadas en todos los textos peruanos...
Verdad con mentiras, típico de los peruanos..!!

Victoriano dijo...

Anónimo cabrón, rotazo eres seguramente. Tú aporta algo bueno haber...

Anónimo dijo...

LAS BAJAS DE CHILENOS ENTRE MUERTOS Y HERIDOS FUERON 475 VALIENTES SOLDADOS, mientras que las peruanas ascendieron a 700 muertos y 1328 prisioneros. NO COMO SALE EN ÉSTA PÁGINA. HASTA DONDE TENGO ENTENDIDO UN SOLDADO VALIENTE NO SE RINDE, NO SE OCULTA Y NO SE FUGA....MUERE PELEANDO....!!!

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