viernes, 23 de enero de 2015

Hijos de Bolognesi


La muerte de los hijos de Francisco Bolognesi

Ismael Portal en su libro "Bolognesi y sus hijos, Familia de Héroes" hace una semblanza de la familia Bolognesi, y narra el acercamiento a su familia gracias a la amistad que tuvo desde niño con Enrique y Augusto. 
Esta parte que transcribo es sobre la muerte de ambos hijos luego de caer gravemente heridos en la defensa de Lima, falleciendo luego de días de agonía:

Los dos hermanos caen como leones!
....Y aquí (batalla de San Juan 13 de enero de 1881) encuentran los jóvenes Bolognesi la ocasión que tanto deseaban para medirse nuevamente con los enemigos de su patria.

Enrique y Augusto están en ese campo, en sus puestos, al pie de sus cañones. Rómpense los fuegos y ambos oficiales se empeñan en avanzar de frente y disparando, sin cesar. Y no hay quien pueda detenerlos. La lucha es tremenda. Augusto cae en tierra. Tres proyectiles de ametralladoras le hieren en el pecho y en un brazo. Pero, él no ve su sangre, porque es la del enemigo la que busca. El fuego continúa. Augusto recibe un fragmento de bomba que le destroza una tibia, y minutos después dos proyectiles de rifle derriban otra vez ese cuerpo, pequeño, pero sostenido por un alma de Titán!

Siete heridas tiene … Un sargento le indica la urgencia de conducirlo en el acto a la capital, y él responde con energía “¡no lo consiento … no … no!” y haciendo un esfuerzo supremo, procura levantarse del suelo y … se desploma!

Está exánime.

Preparan una buena bestia y lo suben para trasladarlo a Lima, apoyado en los brazos de sus leales soldados.

Triste encuentro el que tuve con él en el camino, entre Barranco y Miraflores, ese mismo horrible 13 de enero. Aquellos sitios estaban sembrados de heridos y dispersos a los que nos dirigíamos los de reserva, en demanda noticias. De repente, se presenta a mi vista un individuo de tropa llevando recostado sobre su persona a su oficial que fuertemente movió mi curiosidad y más aún mi corazón. Iban a caballo.

Al reconocerlo, a pesar de su palidez mortal y las huellas de la pólvora, la tierra y la sangre, me adelanté bien para mirarle de cerca: -¡Augusto! Exclamé conmovido. Y como tocara involuntariamente una bota, lanzó un ¡ay! Que partió el alma. El soldado, entonces, me indicó que esa pierna estaba rota, y reponiéndose el valiente artillero, me dijo balbuceante: “siete heridas tengo, hermano; figúrate …”

Y nos despedimos …

Mientras tanto, Enrique, que batiéndose como un león en el cerro de Santa Teresa, había recibido un balazo en la cabeza, al comprender que las cosas no llevaban buen rumbo en San Juan, vínose desesperado a Lima, con el objeto de prestar servicios más positivos, pues, se esperaba que, en horas más o menos, el ejército chileno estuviera a las puertas de la ciudad.

Y como su hermano Federico se encontrase con el grado de teniente en la batería de El Pino, allá se encaminó para exigirle que, puesto que era él el mayor y contaba, además, sólo dos meses de casado, le permitiese reemplazarlo y se retirase.

No accedió a ello Federico, y entonces se dirigió Enrique al cuartel de Santa Catalina y pidió al coronel, comandante general de artillería don Joaquín Torrico, uno, dos los cañones que hubiera en estado de servir, para regresar con ellos al campo de batalla o donde pudiera encontrar al enemigo.

Pero ya los invasores, habían tomado a incendio Chorrillos y Barranco y había que detenerse en Miraflores a esperarlos.

Sacó, pues, venciendo dificultades una batería, y con los hombres que su hermano le cediera de la gente con que encontraba en El Pino, emprendió la marcha, después de curarse la herida de la cabeza y cubrísela con un pañuelo.

La presencia del capitán Bolognesi en la línea de Miraflores  levantó aun más el animo de los patriotas soldados de la reserva, y no menos sucedió con los dispersos del ejército activo que acompañaron a los arrojados coroneles Iglesias y Billinghurst en el espantoso drama del Morro Solar y el Malecón de Chorrillos, y que buscando un puesto de combate donde hacer frente al enemigo, habían ido allí a ocuparlo. 

Enrique procedió luego a emplazar las pequeñas piezas que condujo, y antes de terminar en forma su labor, los fuegos se rompieron y ante sorpresa tan ingrata para nosotros no hubo más que aceptar y continuar la lucha.

¿Qué había pasado?

El cuerpo diplomático cuyos buenos oficios habían sido aceptados por ambas partes, para celebrar un armisticio y para llegar a arreglos de paz, acababa de presentarse en el lugar de la cita, en Miraflores. La tregua pactada debió terminar en las primeras horas de la noche del 15, y como el enemigo no respetó las formalidades que en estos casos se observan y había continuado tomando excelentes posiciones que le daban  enorme ventaja sobre nuestra débil línea, la batalla que tal vez sin esa falta no hubiera llegado a librarse, se inició intempestivamente y continuó hasta su fin.

El jefe supremo salía en ese instante a recibir a los ministros extranjeros, y al ver que los fuegos se rompieron, se despidió de ellos cortésmente y montó a caballo para constituirse donde conviniera. Pero los diplomáticos tuvieron que huir con precipitación en medio de una lluvia de balas y sufrir golpes y caídas hasta ponerse fuera del lugar del peligro...

A las dos de la tarde comenzó, pues, la batalla, en Miraflores. Enrique Bolognesi anduvo con fortuna en los primeros momentos y llegó como su padre, a quemar el último cartucho; porque se le agotaron las municiones y no pudo seguir el fuego. Tomó luego un rifle, y cuando había recibido un balazo en una pierna, descuidando la herida, un proyectil le atraviesa el cuello, y el valiente capitán cae sin conocimiento, mortalmente herido, y con grandes precauciones se le traslada a la capital.

Están, pues, ya Enrique y Augusto en su domicilio de “La Medalla” tendidos en el lecho e ignorando el desarrollo que tomaban las graves acontecimientos de la hora suprema, y esto era para los jóvenes y ya postrados militares su mayor tortura.

¡A la Gloria!

Perdida por completo la batalla de Miraflores el 15, el vecindario se estremeció ante la idea de un desborde por parte de la soldadesca enemiga, y no es para describirlo el pavoroso cuadro que esta ciudad ofreciera en aquellos momentos de suprema angustia. Mujeres, niños, inválidos, todos los que no pudieron internarse a los pueblos del Centro o refugiarse en las legaciones y consulados, resignándose a dormir en los patios y corredores, porque ya no había donde hacerlo, vagaban por las calles en demanda de auxilio, con mayor espanto y aflicción que si se hubiera presentado el caso de un gran terremoto...

...(los chinos) conocedores estos de la situación comercial de sus compatriotas, penetraron por varios puntos, y asaltaron e incendiaron al amanecer del 16, todas las tiendas y almacenes de sus paisanos próximos a los mercados, “Abajo del Puente” y otros barrios, asociándose pronto a ellos algunos soldados dispersos y hombres del pueblo; lo que dio lugar a que la Guardia Urbana formada por los extranjeros les saliese al encuentro y pos pusiese en su sitio, después de desarmarlos y de recoger medio centenar de cadáveres.

Una de las tiendas condenadas al fuego era contigua a la casa de la familia Bolognesi, y como iba a procederse ya en la noche del 16 a consumar el crimen, los jóvenes heridos fueron sacados de allí y trasladados al domicilio de su señor tío, coronel don Mariano Bolognesi, en la calle de Gremios casa hoy que lleva el número 415.

¡Y llegó el 17, el nefasto, el fatídico día 17 de enero de 1881! …

Arregladas las cosas debidamente, la división que mandaba el general Cornelio Saavedra, dio comienzo a la ocupación de la ciudad, y a las cuatro y media de la tarde ingresaban por la Exposición varios cañones Krupp y luego el resto de la fuerza que iba a Palacio y cuartel de Santa Catalina.

Designado para cuartel del batallón “Navales de Valparaíso”, cuyo primer jefe era el coronel Urriola, nuestro Colegio Militar, situado entonces en la calle del Espíritu Santo, el citado cuerpo, precedido de su banda de música, pasó aquella tarde por la de Gremios, con destino al local mencionado.

Enrique y Augusto se encontraban separados, en distinta habitación y en muy serio estado.

Al escuchar Enrique las trompetas de guerra del batallón de Urriola, se incorporó para peguntar demudado:

- ¿Han entrado los chilenos?
- Nó, le contestaron, son músicos peruanos que han llegado de la sierra …

- Ah! No es cierto! Esa música infame la conozco, la he oído en Tacna … Dios mío!.
Exclamó cerrando los ojos, y entró en un abatimiento, en una gravedad tal, que no volvió a decir palabra hasta momentos antes de expirar en que recibió los últimos consuelos que la religión brinda con infinito amor al espíritu humano.

Y el 23 entregó su alma al Creador este mi tan querido amigo, con la tranquilidad que es propia del que ha cumplido uno de los más sagrados deberes, en la tierra: la defensa de la patria, sin límites, sin convencionalismos, sin apego a nada, ni aún a la vida misma! 

En la habitación de Augusto ocurría también otro lance igualmente desgarrador. Comprendió el joven artillero que los soldados que en aquel instante pasaban no podían ser sino enemigos, y arrojándose de la cama, pretendió salir -¡Carguen! ¡Fuego! ¡A la bayoneta!- gritaba con estentórea voz y ademanes propios de una persona que va galopando a bestia.

Había perdido la razón! …

La gravedad continuaba. Y los médicos que tan asidua y esmeradamente lo asistían indicaron a la familia, apenas conseguido el alivio del cerebro, que le consultaron si deseaba recibir auxilios espirituales.

Afirmativamente, como fué la respuesta, llamóse al religioso descalzo Padre Lucas Garteiz, que tres días antes había confesado a Enrique, y el sacramento se llevó a cabo sin el menor inconveniente.

Pero, faltaba aún para este héroe y mártir de la patria, el último y más amargo trance de su vida crucis.

La autoridad chilena tenía dispuesto que cuando se pidiera el Viático a la respectiva parroquia, se diese por el párroco oportuna noticia de ello a la policía con el objeto de enviar cuatro gendarmes al mando de un  oficial, para que escoltasen el pálio.

Dos horas después de la confesión, el Santísimo, con sus cuatro pacos, y el oficial, presentóse delante del lecho, y, como suele suceder en casos de la especie, el sacerdote, al tomar la forma en la mano, preguntó al agonizante:
- ¿Ha perdonado usted de todo corazón a sus enemigos? …

Augusto le ha clavado reciamente la mirada al oficial y calla …

El sacerdote insiste: - le he preguntado a usted si perdona de todo corazón a sus enemigos …

Ante el profundo silencio que reina en la habitación y la resistencia del moribundo a dar una respuesta, el oficial se retira discretamente.

Vuelve entonces a oírse la voz solemne del cura:
- Si hasta Dios en la tierra perdonó a sus enemigos ¿será posible que usted no los perdone? Se lo pregunto, pues, por última vez …

El bravo y patriota hijo de don Francisco Bolognesi clavó los ojos al cielo, y llevándose la mano al pecho como para arrancarse el alma, contestó con edificante resignación: -¡Sí!

Y al siguiente día, 27, se marchó del mundo dejando en la historia de su patria una página de oro que debe ser leída por nuestra juventud como enseñanza y ejemplo para el futuro nacional.

- ¿No es verdad, compatriota lector, que, al simple relato de estos hechos grandiosos, reveladores de un temple de espíritu superior, te sientes orgulloso de haber nacido, como estos héroes, en el Perú?"

**************
Texto publicado en el libro "Bolognesi y sus hijos, Familia de Héroes" de Ismael Portal
Imagen, foto tomada hace algunos años a una vitrina del Museo Combatientes del Morro de Arica- en Lima

Saludos
Jonatan Saona

8 comentarios :

Anónimo dijo...

Ejemplo de heroicidad de los hijos de Bolognesi. La herencia se mantiene a través de ellos de padres a hijos. Una familia patriota. Gloria a ellos.

Celia Pariona dijo...

grandes valores que se trasmiten y que nosotros debemos rendir honores comno buenos hijos del Peru y sus grandes madres nuestras damas que han trasmitido a sus hijos el amor a su pais a su nacion sin distincion -ahora podemos enorgullecernos de estos grandes hombres de otro miodo seria terrible ante el panorama desolador porque carente de valores que nos hacen caer en un pesimismo por las proximas batallas economico sociales que serviran tal vez para que nuestra ciudadania se mejore en todos los sentidos o para que suceda el contrario-hasta el sacrificio del valor vida HONOR A LA FAMILIA BOLGNESI EJEMPLO PARA NUESTROS HIJOS.

juan carlos giancarlo dijo...

seguid su ejemplo!!!!!

Unknown dijo...

Jonathan, y que se sabe de la participación de los negros, morenos, mulatos etc en esta guerra, hay alguna historia de heroísmo?
Y de algún extranjero asentado en Perú?

Gonzalo Álvarez dijo...

Jonathan, y que se sabe de la participación de los negros, morenos, mulatos etc en esta guerra, hay alguna historia de heroísmo?
Y de algún extranjero asentado en Perú?

Edgar Cruz Uriarte dijo...

Que orgullo siento de la familia Bolognesi viva en Peru

raul dijo...

Compatriotas. Definitivamente la realidad supera a la ficción. Este episodio de la guerra del Pacifico, nos debe dejar una profunda reflexión y preguntarnos que estamos haciendo ahora nosotros por la patria. Estos hombres murieron por lo que significaba la patria. Por sus ideas, por sus sentimientos para con la patria. Y que sentimos y pensamos nosotros por la patria? Por lo tanto que estamos haciendo? Debemos tener como ellos, el suficiente valor, amor y generosidad para vivir por ella, para hacer algo concreto por ella. Si bien es cierto ahora no estamos en guerra con ningun país. (la guerra es el escenario donde surgen las almas mas grandes y generosas, la guerra es el crisol donde se forjan los valientes, aquellos que irán al Valhala, el cielo de los nórdicos, el lugar donde los valientes, viven pra siempre)pero la guerra, hoy es contra la ignorancia, lo vulgar, lo burdo, lo horrible,lo morboso, lo cual conlleva al hombre a la violencia, al caos a la desesperación; porque somos el producto de lo que comemos. Por ello la mejor forma de recordar a los Héroes es asumiendo una conducta buena, armónica y práctica. Que busque la bondad, lo bello,la justicia, y la verdad!
Que Viva la cofradía de los Héroes. Que vivan todos aquellos hombres y mujeres que se esfuerzan por superarse interiormente. Que viva esta tierra bendita, que Dios, nuestro señor, nos ha otorgado. Sintamonos dichosos de haber nacido en esta hermosa tierra del sol, Viva el Perú!!

Anónimo dijo...

cuando entre al museo de los combatientes del morro por primera vez, senti esa sensación de quién entra a un templo. sentí las ganas de arrodillarme y persignarme ante el retrato del hèroe. es tanto lo que nos legaste que solo nos queda decirte "gracias"

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