domingo, 22 de julio de 2012

Parte de Cáceres


Parte de Andrés. A. Cáceres sobre Huamachuco

Jefatura  Superior, Política y Militar de los Departamentos del Centro.

Huancayo, julio 30 de 1883.

Señor Ministro:

Después del oficio que tuve el honor de dirigir a V. S. en mayo último, exponiendo las razones que me obligaban a retirarme a la zona del norte, siguiendo la opinión de la junta de guerra que convoqué, en vista del avance de considerables fuerzas enemigas que venían por todas direcciones con el fin de destruir las pequeñas de mi mando, no he podido volver a dirigirme a ese Ministerio por haberse interpuesto el enemigo en todas las vías de comunicación, y ahora paso a poner en su conocimiento, para que eleve al Supremo Gobierno, todos los sucesos que han tenido lugar desde entonces hasta la fecha.


El 19 de mayo salí de Tarma cuando el enemigo dominaba ya la ciudad ocupando las alturas de Tarmatambo, observando el ejército el mayor orden, el mismo que ha observado imperturbablemente en toda la marcha, efectuada siempre en pequeñas jornadas.

En el Cerro de Pasco permanecí tres días y aunque había determinado seguir por la vía de Cajatambo, noticias que recibí de que el coronel Recabarren venía a unírseme por Huánuco, me obligaron a tomar esta ruta, sabiendo que las dos fuertes divisiones de Canto y León García, al mando del coronel Arriagada venían en mi demanda con orden de seguir hasta alcanzarme; y en efecto,su persecución fue sostenida, pero a gran distancia, pues aunque durante la marcha hice alto varias veces en distintos puntos para dar descanso a mis tropas, jamás se presentaron.

Llegado a Yungay debía seguir por Huaylas donde positivamente estaban las fuerzas del coronel Recabarren; pero considerando que a medida que avanzaba me iba estrechando entre las divisiones que me perseguían y la que existía en el departamento de la Libertad, ordené que viniese el coronel Recabarren y trasmonté rápidamente la cordillera, haciendo consentir que por caminos extraviados regresaba al centro burlando a mis perseguidores.

Este movimiento estratégico surtió tan buen efecto, que al llegar el enemigo a aquella ciudad, no sabiendo con exactitud mi paradero y dando asentimiento a la idea de mi regreso, retrocedió rápidamente con dirección a Cerro de Pasco, perdiendo buen número de tropa, por las enfermedades, el cansancio y las fatigas inherentes a una contramarcha tan larga por caminos quebrados y de cordillera y bajo un riguroso clima.

Libre de esta peligrosa persecución, me dirigí a Pomabamba, en busca de la fuerza del coronel Gorostiaga que por datos seguros constaba de 1.400 hombres y debía encontrarse entre Corongo y Mollepata; pero a mi aproximación éste se retiró con precipitación a Huamachuco, sin embargo que en aquel último punto debía esperar un refuerzo que le venía de Trujillo, según una comunicación enemiga que llegó a mi poder.

Una nueva comunicación escrita en clave por el jefe del refuerzo anunciado, comandante Gonzáles, al coronel Gorostiaga, me puso al corriente del movimiento que aquel iba a emprender de Santiago de Chuco para reunirse a éste en Huamachuco. Se presentaba pues una preciosa oportunidad, y para aprovecharla, calculada la distancia, impartí las órdenes precisas para que se movieran mis fuerzas con la seguridad de cortar el paso y capturar dicho refuerzo en el punto denominado Los Tres Ríos; desgraciadamente la fuerza del coronel Secada, por las dificultades insuperables del camino extraviado que tuvo que recorrer, no pudo llegar sino tres horas después que el enemigo había pasado delante de mi vista. No obstante, creyendo que éste no podría llegar hasta Huamachuco, distante aún cinco leguas y pernoctaría en las inmediaciones, tan luego como llegó el coronel Secada emprendí la marcha en la noche para darle alcance; mas luego supe tanto por algunos paisanos que Gorostiaga en su retirada a Mollepata, tomó forzosamente a su servicio y los puso en libertad ese día, como por un piquete de caballería que mandé en su observación, que nos había divisado el enemigo y seguía a marcha forzada esa misma noche sobre Huamachuco.

En esta situación viendo que los cuerpos de mi ejército habían quedado en cuadro por las enfermedades y la fuerte deserción y que la fuerza que existía estaba imposibilitada por el cansancio para seguir peregrinando, resolví atacar Huamachuco con los 1.400 hombres que me quedaban, no obstante la superioridad numérica y de condiciones del enemigo, que con el refuerzo recibido debía tener cerca de 2.000 hombres de las tres armas, pues yo contaba en todo caso con la firme resolución de mis soldados leales.

En efecto, en la madrugada del 8 del presente salí de Los Tres Ríos y llegué a las 8 p. m. por las alturas que están al S.E. de Huamachuco, al mismo tiempo que el jefe superior del Norte, señor Elías, con algunos voluntarios de Santiago de Chuco desplegados en guerrillas, aparecía con gran aparato por las que están al Sur; ordené que el coronel Secada ocupase el cerro denominado Cuyulgo, que domina la población y que el coronel Recavarren flanqueara por la izquierda de ésta envolviendo al enemigo.

Tan luego como éste se apercibió de nuestra aproximación, en vista de nuestra actitud y a los primeros disparos de nuestra artillería, abandonó la ciudad y corrió a ampararse en el cerro Sazón que está al norte de ésta, y que es una magnífica posición por su altura, su configuración y la multitud de ruinas de antiguos edificios que forman soberbios atrincheramientos, dejando en nuestro poder parte de su caballada, algunos pertrechos y gran cantidad de vestuario, fuera del equipaje de oficiales y equipo de tropa que abandonaron en la precipitación de su fuga; y se habrían visto en la necesidad de aceptar el combate en la ciudad o perder aún su artillería, si no hubiesen tenido la preocupación de conservar sus brigadas en sus respectivos cuarteles.

Una vez en posesión de dicho cerro, comenzaron a hacer un nutrido fuego de artillería sobre nuestras fuerzas que penetraban y rodeaban la ciudad, trabándose luego un ligero combate de rifle en la falda de sus posiciones, que duró hasta que sobrevino la noche.

El día 9 dispuse que se recogiera el botín dejado por el enemigo, el que trataba de impedirlo a todo trance haciendo constantemente fuego de artillería y rifle que era contestado por nuestras tropas de caballería que ocupaban la ciudad y también por nuestra artillería sin permitirle descender por un solo instante. Así transcurrió el día en este cambio constante de balas.

No debiendo prolongar por más tiempo esta situación, resolví asaltar las posiciones enemigas en la madrugada del día siguiente, y una vez acordado el plan de ataque con los comandantes en jefe coroneles Secada y Recavarren e impartidas todas las órdenes, lastimosamente este último jefe me hizo saber a las 9 de la noche que le había sobrevenido una fuerte enfermedad, y que no podía llevar a cabo el ataque acordado para el siguiente día, viendome en consecuencia obligado a diferirlo para después.

El 10 a las 6 a. m. desprendió el enemigo una fuerza que venía en son de ataque sobre nuestra derecha, y para contenerla mandé una guerrilla del batallón Junín la que atacó con tal ímpetu al enemigo que lo hizo retroceder. Nuevas fuerzas bajaron sucesivamente del cerro Sazón en protección de los suyos y éstas fueron también arrolladas por los cuerpos ligeros, Junín y Jauja, mandados respectivamente por los coroneles Vizcarra y Luna, que componían la división del coronel Máximo Tafur. El enemigo seguía destacando fuerza y yo hacía lo propio mandado por la derecha la división del capitán de navío Astete, compuesta de los batallones San Jerónimo y Apata mandados por el coronel Gonzáles y el comandante Goyzueta; por el centro la división del coronel Gastó, formada por los batallones Concepción y Marcavalle, mandados por los coroneles Carrión y Crespo y por la izquierda la división del Cáceres con los batallones Tarapacá y Zepita mandados por los coroneles Espinoza y Borgoño; quedando de esa suerte completamente empeñado el combate en el extenso llano que separaba las posiciones enemigas de las nuestras.

El valor que desplegaron nuestros jefes, oficiales y soldados es superior a todo encomio, haciendo retroceder al enemigo hasta una cadena de lomas que destaca en un costado del Sazón; y cuando el empuje de los nuestros los desalojaba también de estas posiciones, mandé al coronel Recavarren para que con las pequeñas fuerzas que conservaba, diera impulso al ataque, lo que efectuó con bastante brío viéndose el enemigo obligado a refugiarse en sus primitivos y elevados atrincheramientos; viendo el completo éxito obtenido en las cuatro horas de combate transcurridos, ordené que bajara la artillería a colocarse al frente del último baluarte enemigo, lo que verificó el coronel Secada que siempre estuvo a la altura de su deber, y mandé a mis ayudantes a todas direcciones para que detuvieran nuestras fuerzas a fin de que reemplazaran la munición gastada, enviando al efecto a todo el campo las distintas secciones del parque, pero fue imposible contener a muchos de nuestros valientes soldados que enardecidos y alentados por haber hecho retroceder repetidas veces a los chilenos, se lanzaron impremeditadamente sobre el cerro que ellos ocupaban, trepando con firmeza y serenidad a pesar del mortífero fuego que les hacían desde sus atrincheramientos; ya por su retaguardia se esforzaba su caballería en contener a parte de sus infantes que huían en completa dispersión, y los más esforzados de los nuestros casi se confundían en la cima del cerro con sus enemigos, cuando repentinamente retrocedieron desde esa altura gritando ¡municiones! ¡municiones!...

Quiso la mala suerte que implacablemente nos persigue, que en el momento más preciso cuando iba a coronar la victoria la intrepidez y denuedo de nuestros soldados, se les agotara la munición, y no teniendo bayonetas, tuvieron que retroceder, causando honda impresión en todo el campo que la más horrible confusión siguió luego, e instantáneamente nuestra derrota, sin que los mayores esfuerzos fueran capaces de contenerla. Parte de la caballería enemiga apareció entonces, cortando la retirada a nuestra artillería y nuestros soldados corriendo en todas direcciones sin que mi empeño y el de mi secretario, teniente coronel Florencio Portugal, que fue uno de los últimos en salir del campo, lograran hacerlos concentrar en nuestras antiguas posiciones.

Triste, muy triste es para el que ama a su patria y ha puesto a su servicio todos sus conatos y toda su vida, verla hundirse de improvisto, desde la altura que la levantara durante la lucha el valor de sus buenos hijos. Pero en medio del revés sufrido, queda a los que han peleado en Huamachuco, la satisfacción; de haber cumplido noblemente con su deber, sacrificándose en defensa de la patria y con la conciencia de que sólo la más manifiesta fatalidad pudo haber sorprendido al enemigo con la victoria en medio mismo de su derrota.

El general Silva, sin reparar en su elevada clase, pidió el primer día una compañía, que le fue concedida, al mando del mayor López y con ella tomó parte de la caballada enemiga, auxiliado de mis ayudantes Químper y Velarde; y fue el primero que entró a la ciudad, portándose siempre en lo sucesivo con el mayor denuedo, hasta que una bala cortó su existencia; el coronel Leoncio Prado hizo lujo del valor avanzando a la cabeza de los más esforzados y, a pesar de tener rota una pierna y el pecho atravesado, salió del campo para expirar a no lejana distancia del enemigo, y para hacer mención especial de cada uno, basta decir que todos los jefes han rivalizado en valor, señalándose además entre los muertos aunque no hay conocimiento exacto, a los coroneles Astete, Aragonés, Máximo Tafur, Prado y M. E. Luna, los comandantes Goyzueta, Ponce de León y Vila y los sargentos mayores Zavala, Váscones y Ramírez; y habiendo visto heridos a los coroneles Recabarren, Borgoño, Vizcarra y Carrión y a los sargentos mayores López y Gómez sin saber de una manera positiva las demás pérdidas que hayan habido.

Al recomendar a la consideración del supremo gobierno el digno comportamiento de todos los jefes y oficiales del ejército, debo hacer especial mención del jefe de estado mayor coronel Manuel Tafúr que, sobreponiéndose a su avanzada edad, ha hecho con rigor toda la campaña y tomó a su mando una fuerza para entrar bizarramente a la pelea; de mi secretario privado, teniente coronel F. Portugal que en toda la campaña del Centro ha prestado importantes servicios; los secretarios de la jefatura doctor don Pedro M. Rodríguez, Daniel de los Heros y L. La Fuente; del coronel y teniente coronel de ingenieros Teobaldo Elíspuru y E. de la Combe; de mis ayudantes que han desempeñado satisfactoriamente las más peligrosas comisiones, sargento mayor R. Bentín a quien le mataron el caballo en el fragor del combate; capitán Darío Enríquez que salió herido; Enrique Oppenheimer que murió combatiendo al mando de una compañía; A. Químper y Z. del Vigo y los tenientes Romero, Costa, Velarde; y de mi escolta compuesta de la juventud tarmeña al mando del sargento mayor Daniel Zapatel.

La tropa que salió del campo sacó sus armas, que quedan en los distintos pueblos del Norte y existe también la mitad del parque y cantidad de armas que no pudieron llegar a Huamachuco por falta de brigadas; así que en aquella zona existen elementos para la organización de nuevas fuerzas.

Comprendiendo que el deber me llamaba, sin reparar ningún peligro, a vigilar por los intereses de los pueblos de mi jurisdicción, desde el campo del desastre hasta aquí, he venido constantemente atravesando por medio de la línea enemiga, compuesta desde el Norte por la división Gorostiaga, otra división desembarcada probablemente en Casma y que se aproximaba a Huaraz, las fuerzas de Arriagada que contramarcharon de Yungay y que ocupaban de Huallanca a Huánuco, y otras fuerzas que vinieron de Huacho y que se extendían del Cerro de Pasco a Junín, avanzando a Tarma. En el tránsito me he podido librar de las numerosas partidas enviadas en mi persecución y repeler a balazos el asalto que en la noche del 26 sufrí en Tarmatambo y en que casi fui víctima con los pocos que me acompañaban, por un destacamento de caballería que había venido borrando mis pasos y que entró a Tarma al mismo tiempo que yo salía de esta ciudad.

Una vez aquí en vista de la nueva y fuerte expedición que avanzaba sobre estas provincias, he resuelto retirarme a Ayacucho a organizar los elementos que allí existen y reforzar la división que dejé allí al mando del coronel Dávila, para que el supremo gobierno disponga de ello como tenga por conveniente.

Dios guarde a V. S.

ANDRÉS A. CÁCERES
Al señor Ministro de Estado en el Departamento de Guerra.
***************
Fotografía, busto de Cáceres en Huamachuco, foto tomada por el autor del blog en 2007

Saludos
Jonatan Saona

10 comentarios :

Jose Alejandro RM dijo...

Triste por lo de las municiones..pero creo que el tema logístico fue la constante en esta guerra.

Anónimo dijo...

la versión de Cáceres difiere de la chilena obviamente. El triunfo perdido al final ,teatralmente,cuando habían triunfado ,por falta de munición , no resiste el menor análisis.La batalla la perdieron muy temprano, y las turbas de indígenas que tanto despreciaba Caceres, enredaron la batalla,más que ayudaron.Hubo errores tacticos de los peruanos, que los llevaron a la derrota.La desbandada general la iniciaron los indios y arrastraron a los soldados de ´linea y fue la debacle.El veloz Cáceres, fue en realidad LA LIEBRE DE LOS ANDES.Y LO DEMOSTRO CORRIENDO.

Anónimo dijo...

El investigador chileno Mauricio Pelayo reconoce que esa batalla la ganó Chile por la falta de balas y bayonetas de los peruanos, lo que dice bien de alguien que busca la verdad con seriedad. Además, el apodo de "Brujo de los Andes" se lo pusieron los propios chilenos, así que son tus propios paisanos quienes llamaban así a Cáceres.

Anónimo dijo...

Además, si la batalla la perdimos temprano, como dices, no habría durado las 6 horas que duró. Otro punto, el investigador chileno antes mencionado también reconoce que las fuerzas peruanas y chilenas eran similares en número, lo que también refuta las versiones de los oficiales chilenos, que en sus partes indicaron que el ejército peruano era más del doble del chileno. Además, el coronel chileno Gorostiaga estaba dirigiendo, al igual que Cáceres, a sus tropas, y no luchando.

Anónimo dijo...

En su reporte Gorostiaga informa que logró reunir unos 1500 hombres más 180 que se unieron luego.Cáceres habla de unos 1500 de línea, a su haber ,más una cantidad grande de indígenas del sector andino, a quienes despreciaba por sus salvajes costumbres sanguinarias y por su cobardía en el combate ,cuando las cosas no iban bien.Lo dice claramente en sus memorias y así fue en Huamachuco.Mientras la batalla fue militar ,Cáceres se sostuvo y bien,pero el desorden precipitó la derrota que se veía venir desde temprano y no por falta de municiones.El general Silva,un gran jefe de Estado Mayor en la guerra,murió oscuramente al mando de una compañía, él que comandó ejércitos ,y divisiones completas,sobre todo en CHORRILLOS Y MIRAFLORES.Una lástima.Después vino la paz, y los indígenas de sierra ,en un carnaval demencial y ridículo, dicen haber derrotado al EJERCITO DE CHILE.al que llaman "animales grandes,con botas" en su inconsciencia cuando fueron llevados engañados , a las líneas de los viracochas en San juan,Villa, Morro Solar Chorrillos.Dice JOSE TORRES LARA (MEMORIAS DE UN DISTINGUIDO) que morían estoicamente y ni siquiera sabían usar los rifles modernos que les dieron.Incluso intentaban meter la bala por el cañon del rifle.Otros ,obviamente,huyeron del campo ,ya que sus "AMITOS PATRONES Y TAITITAS"TAMBIÉN LO HACÍAN O LOS DEJABAN ABANDONADOS.Hoy nada ha cambiado en Perú.

Anónimo dijo...

Si dicen que derrotaron al "ejèrcito de Chile", obviamente es porque derrotaron a soldados chilenos en la sierra central del Perù.

Tienes razòn, asì como en Chile tampoco ha cambiado la situaciòn de los mapuches, los originarios habitantes de tu paìs, pues los masacraron y casi exterminaron en tu totalidad y ahora lo tienen en "reservaciones". Por eso es que estàn luchando por su independencia.

Carlos Peralta Prensa dijo...

Los chilenos corrían como ratas Perú en toda esa guerra desigualjamás tuvo armamento moderno ni estuvo jamás en superioridad numérica y Cáceres jamás desprecio a nuestros cholos hay una entrevista que le hicieron en 1918 poco antes que muera y se puso a llorar recordando el arrojó del hombre del ande peruano ante un poderoso ejército regular como el de los mapuches. Perú no estaba preparado para la guerra porque no había razón de ella Qué íbamos a robarle a los indios araucanos? Si hubiéramos sabido que Inglaterra los armaba desde 15 años antes los hubiéramos aniquilado pero nos confiamoS. Igual agradezcamos los héroes enormes que ahora tenemos cmo Cáceres al que jamás pudieron atrapar ni vencer los mapuches.

Anónimo dijo...

Carlos Peralta,Bolognesi,Grau y tantos otros heroes Peruanos fueron ejemplo para las fuerzas del ejercito y la marina y el unico que destiño fue Caceres,nunca peleo hasta el final,mal ejemplo para la tropa.
Ahora,por que tenian un pacto contra chile y tambien estaba Argentina,yo creo que esta claro,el arrojo,inteligencia,valentia, fue lo que hizo que chile ganara la guerra.
En la marina la covadonga un navio de madera hizo rendir a un acorazado como la Independencia,es el mas patetico ejemplo,lo demas no cabe a un analisis,saludos

Nicco The Bomber dijo...

La valentia y honor de los heroes peruanos se domostro a lo largo de esta guerra. Como Caceres, quien fue el ejemplo de la resistencia. A no capitular jamas. Estuvo en casi todas las batallas, mas que cualquier oficial enemigo de su mismo rango. Argentina jamas firmo ningun pacto con Peru. Se le obsequio la Patagonia, para su "no" intervencion en la guerra. No solo basta aquellos valores mencionados, sino el buen armamento proporcionado y ya sabemos por "quien".
Y para terminar con "anomino"... la Independencia, ya encallada fue vilmente acribillada sin respetar a los naufragos por la Covadonga. Buque chileno que despues seria hundido por un botecito decorado como goleta lleno de dinamita. Dando un pesimo y triste ejemplo y la diferencia, entre ambicion e inteligencia.
Un placer.

Mario Carmona Calderon dijo...

Nadie entiende el parte de Cáceres, vamos por parte.
Evaluación del campo de batalla.
Caceres dice que con 1.400 hombres ataco a 1.400 chilenos atrincherados en lo alto de un cerro, lo hizo a plena luz del día, por lo que debió perder a todas sus tropas sólo por no saber que no puedes atacar un punto alto sin tener al menos el doble de fuerzas de tu enemigo.
Munición, después de 4 horas de combate a balazo limpio, pues los peruanos no tenían ballonetas, recíen se le ocurrió ordenar que se llevasen municiones, acaso en Tacna, Chorrillos y Miraflores, no usaron la misma escusa, si fuese cierto que en las batallas anteriores se le acabaron las municiones ¿no aprendió nada de las derrotas anteriores?.
cuatro horas disparándose, indica que la cantidad de municiones que llevaba cada soldado deben haber sido extraordinarios, un fusil de la época, consume aprox. y con fuego sostenido 5 balas por minuto, ¿cada soldado peruano llevaba 4 X 60 X 5= 1.200 balas, todo un record.
Finalmente, hay que ser consistente en lo que se escribe, si los peruanos atacaron tan valientemente a los chilenos, que sabiéndose en inferioridad aun así los desbandaron, tan pronto se quedaron sin balas, se volvieron cobardes y escaparon pese a los esfuerzos del mismo Cáceres
y todos los que nombra. los cobardes chilenos que escapaban a mas no poder de las valientes huestes peruanas, tan pronto escucharon los gritos de los cholos pidiendo municiones, recobraron su valor se reorganizaron y contraatacaron.
Demasiada fantasía para ser realidad, Cáceres escapó a todo galope cuando la caballería asalto las posiciones de la Artillería peruana, la cual se encontraba a la retaguardia de su infantería como corresponde, como pudo tratar de atajar a sus soldados y después atravesar la caballería chilena escapando con ventaja de sus perseguidores.
Resumen: Cáceres no pudo atacar con la misma cantidad de soldados que los chilenos, tuvo que hacerlo con superioridad numérica. Los peruanos no empujaron a las tropas chilenas hacia lo alto del cerro, el combate debió desarrollarse en sus faldas, ya que de lo contrario el embudo que se produce hubiese hecho que las tropas de vanguardia al consumir sus municiones no hubiesen podido arrastrar a los que venían después y que no podían disparar por entre sus compañeros, por lo que las municiones debieron durarles mucho mas.
Por lo que a mi respecta el parte de Cáceres, esta echo para ensalzar a los peruanos y que se olviden de la responsabilidad del jefe, que perdió la batalla y escapó dejando a sus tropas sin comando, no intento reagruparlas, lo que provocó la carnicería que significó este hecho. El que los peruanos y chilenos pelearon con valor esta fuera de discución

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