martes, 11 de octubre de 2011

Marino Camilo Carrillo

El Marino Camilo Carrillo
Por: Juan José Vega

El 17 de mayo del año 2000 se cumplió el centenario de la muerte del marino prócer Camilo Carrillo, el que estuvo al lado de Grau, de Cáceres y de Bolognesi en los años sombríos de la Guerra con Chile. Sin embargo, a pesar de su rutilante paso a lo largo de aquella contienda y de los rasgos señoriales que mostró toda su vida, la Historia no lo recuerda todavía con el énfasis necesario. Ni en Piura. Ni en la Paita que lo vio nacer en 1830.

El punto más interesante de la vida de Carrillo -como veremos- fue cuando planteó al General Andrés A. Cáceres, en 1883, en plena Campaña de La Breña, que marcharse sobre Arequipa a fin de expulsar de la Presidencia al Contralmirante Montero, quien -según criterio casi unánime- no daba guerra a los chilenos. Pero Cáceres no se animó a iniciar una nueva lucha civil peruana, pues el invasor se hallaba ocupando gran parte de nuestro territorio. Ni siquiera conociendo que Montero, hombre valiente, distaba mucho de ser un estadista y había quedado envuelto por las contradicciones de la sociedad peruana y arequipeña, cuya alta esfera política la manejaban desde Lima los agentes chilenos.

Una vida múltiple
Intachable capitán, en la opinión del historiador y viajero científico Sir Clement Markham, Carrillo había empezado a figurar integrando la Comisión de límites con Brasil en 1861. no sólo aquel inglés se refirió a su persona. Por variados testimonios conocemos que pasó algunos años en exploraciones de la selva, en las cuales hubo de cruzarse con Antonio Raimondi; tarea aquella en la que, al final, trataría con el Almirante John Tucker de los Estados Unidos y con Leoncio Prado. Y adhirió algo después a la revolución popular que contra el Presidente General Juan Antonio Pezet estalló en diversos lados del país a causa de sus inauditas concesiones a España. Así Carrillo, cuando el glorioso 2 de mayo de 1866, vino a comandar en El Callao el pequeño navío “Loa” y fu entonces de los vendedores de aquella jornada cívico militar.

Como estaba empeñado en la modernización de la Escuadra, fue encargado de traer de Estados Unidos los monitores “Manco Cápac” y “Atahualpa”, que seguirían ligados a su vida. Aun más, sus conocimientos y condiciones lo llevaron a ser Ministro de Hacienda entre 1871 y 1873, bajo la Presidencia de Manuel Pardo. Más tarde sería elegido Presidente de la Cámara de Diputados, con el General Mariano Ignacio Prado.

La Guerra del 79
Marino de experiencia internacional sabía que la flota del Perú era de poco volumen frente a la de Chile, que era mayor que la de Estados Unidos; al fin y al cabo era una armada de Inglaterra, que había prestado facilidades para su adquisición por el país del sur. Pero no se amilanó Carrillo por esa desigualdad naval. Y tomó su puesto en el conflicto. Muerto Grau, perdida la guerra marítima, Carrillo, el 15 de enero, actuó como artillero de las baterías instaladas en Miraflores, defendiendo Lima; pero poco pudo hacer con cañones fabricados con bronce en precarias fundiciones limeñas frente a los flamantes Krupp prusianos modelo 78 que traían los chilenos. 

En medio de la debacle, optó por integrar en Lima un gobierno que buscara la paz sin cesión territorial. De tal suerte, dio apoyo a Francisco García Calderón, quien contaba con la posibilidad de una medición norteamericana. Capturado éste exiliado a Chile, asumió la Presidencia efectiva el Vicepresidente Contralmirante Lizardo Montero, quien estaba en los Andes del Norte. La sede del régimen de la resistencia se trasladó a Arequipa, territorio libre.

Carrillo no vaciló en integrarlo. Inclusive en junio de 1882 ejerció el virtual mando del Perú, mientras el citado Montero viajaba a entrevistarse con Cáceres. Pero en 1883 la situación sería distinta. Los que peleaban seguían sin recibir apoyo, no obstante los cuatro mil fusiles y seis cañones prusianos que ya había. El Consejo de Ministros hasta separó del mando de tropas a Cáceres, decisión que felizmente no aplicó; pero hacía ya tiempo que a los altos circuitos del país disgustaba profundamente la participación campesina en las filas de Cáceres. Por otra parte, en sesión secreta el Congreso Nacional, entidad que funcionaba en Arequipa, había aprobado, por mayoría, la entrega de Tarapacá a Chile. Fue entonces cuando se produjo la visita de Carrillo a Cáceres.
Cedámosle la palabra al caudillo de La Breña:
En Andahuaylas me visitó el capitán de navío Camilo N. Carrillo, ex ministro de García Calderón, con objeto de persuadirme a que tomase las tropas acantonadas en Arequipa para proseguir la campaña, aduciendo para ello que yo era el único jefe que hacía frente al enemigo. Opinaba Carrillo que debía trasladarme a aquella ciudad, asegurándome que bastaría mi presencia para que las tropas se pusieran de mi parte. Le agradecía sus insinuaciones, manifestándole que de proceder como él me lo indicaba, aparecía como un caudillo ambicioso; que jamás fomentaría al gobierno impuesto por el extranjero; que mi misión se concentraba únicamente al luchar contra el enemigo común".  
 Carrillo, que conocía bien el ambiente en que se había movido, insistió. El propio Cáceres lo relata
“Mis esfuerzos no le convencieron, y continuaba alegando que eran escrúpulos que debía desechar en atención a los sagrados intereses de la patria, y que más tarde me arrepentiría de no haber procedido como él me lo sugería. Sin conseguir su objeto el señor Carrillo se marchó para Lima”.


La cólera de Cáceres
A poco de partir Carrillo y cuando Cáceres recogía fuerzas para atacar Ayacucho, base del coronel chileno Urriola, llegó desde Arequipa el coronel Francisco Luna con doscientos cincuenta soldados.
Grande fue mi alegría al considerar que el Contraalmirante Montero había decidido por fin ayudarme... Sentía íntimo regocijo al ver ese refuerzo de soldados bien armados y equipados, pero la decepción que experimenté fue mayor al mostrarme el jefe de la columna la comunicación que acabada de recibir, traída por un chasqui desde Arequipa. Tan luego como reciba esta orden, póngase en marcha con la tropa, a marchas forzadas, antes de que ella caiga en manos Cáceres.

Cáceres, indignado, le dijo entonces en tono militar: “Está bien, Ud. puede cumplir con la orden del Presidente Montero, pero la tropa se queda conmigo”. Tal entusiasmo patriótico necesitaba de aquel ardor, puesto que respondío al Jefe de La Breña: “Yo también me quedo pues Ud. es el único que cumple con su deber combatiendo al enemigo”.
Similar adhesión recibió Cáceres de Zamudio. Este incidente confirma que la suspicacia de Carrillo respecto al Presidente Montero contaba con una base real y tal vez con algún informe confidencial que no pudo revelar en los días de Andahuaylas.

La paz de Ancón
Seguramente Cáceres se arrepintió, en efecto, de su excesiva tolerancia y de haber confiado en una ayuda de quienes jamás tomaron muy en serio la guerra de resistencia. En carta dirigida a Antonio Miró Quesada el 15 de octubre de 1883, poco antes de la paz de Ancón y de la captura deArequipa por los chilenos, afirmaba: “...la inacción del gobierno en Arequipa es cosa que me espanta”. Pero esta vez pensó ya en la posibilidad de un enfrentamiento con aquel jefe supremo -que era la idea de Carrillo- a fin de salvar a ese ejército cautivo: “He escrito con bastante franqueza a Montero espero su contestación: si me manda los elementos que le pido recobraré el centro y si no lo hace así es muy probable que vaya personalmente a Arequipa a entenderme con el gobierno

Decía Cáceres que Montero se hallaba dominado por un pequeño círculo de personas que nada valen ni nada significan... no ven más que sus conveniencias y las defienden a costa de lo más sagrado del país”, pero ya no tuvo tiempo para esa incursión, porque el gobierno de Arequipa iría a desintegrarse a los pcos días con el ataque chileno en las mismas vísperas de la aciaga Paz de Ancón.

Obviamente, los círculos económicamente poderosos habían enredado a Montero. El desconcierto arequipeño fue favorecido -sin duda- por la posición que a favor de la paz asumían varios agentes consulares allí establecidos; especialmente los de Inglaterra, aliada y sostenedora de Chile y país interesado en las lanas del Altiplano peruano y boliviano que controlaban latifundistas intermediarios mistianos. De hecho, la Paz de Ancón se conció antres de la toma de la ciudad por los chilenos.

En todo caso había tenido Carrillo la razón. Así acredita además la forma triunfal como se recibió al caudillo de La Breña en Arequipa, en 1884, cuando la continuación de la lucha, ya no contra los chilenos, sino contra el gobierno chilenista que ellos habían dejado en Lima. Montero, de otro lado, le había delegado todos sus poderes al momento de refugiarse en Bolívia, luego de los sucesos de Arequipa y Puno.

El final
Bajo el gobierno de Cáceres y gracias a sus experiencia en la selva, Carrillo fue fundador de la Sociedad Geográfica de Lima, institución de enorme jerarquía científica hasta hace pocosa decenios; fue vicepresidente de esta entidad. Poco antes de fallecer fue nombrado por el Presidente Eduardo López de Romaña como Ministro de Guerra y Marina, cargo que ejerció hasta el 2 de diciembre de 1899.

Tal fue la trayectoria de otro prócer marino de la Guerra del Pacífico y de la Guerra contra España. Llama la atención que el centenario de su fallecimiento haya pasado casi inadvertido.
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Texto escrito por Juan José Vega, tomado del blog peruinkasiglo19

Fotografía de la colección del CEHMP

Saludos
Jonatan Saona

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