jueves, 13 de octubre de 2011

Lima, 1882

Prostitución, mendicidad y delincuencia: Lima, 1882 

Por: Luis Guzmán Palomino

COQUETAS, PIROPEADORES Y CACOS
No hubo aquel año la tradicional procesión del Cristo Morado, pero sí visitas a su templo, no sólo de devotos, sino tambien de los piropeadores de oficio y de los amigos de lo ajeno. Octubre limeño de siempre, aquel descrito por el Diario Oficial el viernes 20 de octubre de 1882:
“La romería que en estos dos últimos días se acostumbraba hacer sacando en procesión por las calles de Lima la efigie del Señor de los Milagros, no se ha realizado este año, contentándose los devotos y devotas con visitar el templo de las Nazarenas, que es el santuario donde tal señor se venera. Con este motivo ese templo ha estado, principalmente ayer, soberbiamente concurrido por las lindas beatitas de la túnica morada y otras elegantes limeñas que con ricos zahumadores rodeaban el altar de la imagen de Jesucristo. Tampoco faltaron algunos enamorados y piropeadores de oficio, así como algunos escamoteadores de lo ajeno, perdidos entre la concurrencia. Mañana comienzan las misiones en ese templo y terminarán el día 28 con la fiesta solemne y la comunión general de todos los años”.


PROLIFERACIÓN DE MENDIGOS 
La presencia chilena agravó la situación de los menesterosos, lo que fue advertido por el Diario Oficial el martes 17 de octubre de 1882: 
“Mendigos.- Aumenta, según parece, el número de éstos en las calles de Lima, de tal manera que no da uno paso sin tropezar con alguno. La policía o la beneficencia, o ambas de acuerdo, debieran ingeniar una medida que reprima esa notable injuria a la civilización, haciendo que aquella gente que hoy mendiga se recoja en un asilo, hospital o establecimiento que ponga al transeúnte a cubierto de las acometidas de los pordioseros y quite a la ciudad el repugnante aspecto que esos desgraciados le dan”.
Hubo por doquier mendicidad infantil, siendo de notar la presencia de niños que acompañados de tambores  y flautas cantaban de calle en calle, y principalmente cerca de donde habían jaranas, para ganarse con limosnas el sustento de cada día. 

Sobre ello, en el Diario Oficial del 20 de noviembre de 1882 se consignó lo siguiente: 
“Tenemos noticia de varios grupos de muchachos de diez a doce años, que andan ofreciéndose por las calles, principalmente de noche, para cantar al son de un pequeño tambor y una flauta en los lujares donde saben que hay reunión o jaranas. Dicen que los chiquitines se portan a las mil maravillas, y que al fin de la jornada lo que exigen, como remuneración por su trabajo, es cosa que no vale la pena. Por más que se crea que esos niños hacen bien en buscarse la vida de ese modo, nosotros pensamos que mejor estarían en un taller aprendiendo algún oficio, y no familiarizándose, desde tan temprana edad, con la jarana y el abandono que son causa de tantos males”. 


CHINOS, CHILENOS Y PUTAS 

Otro caso digno de mención fue el de los mendigos chinos, que a decir de un documento chileno formaban las cuatro quintas partes del total de mendigos existentes en Lima. Se trataba de los mutilados a consecuencia de la bárbara explotación sufrida en las haciendas de la costa. 

Chinos proliferaron también en fondas, casas de juego, fumaderos de opio, etc., distantes de otros hijos del Celeste Imperio que figuraron entre los acaudalados comerciantes extranjeros radicados en la capital. El jefe chileno Patricio Lynch tuvo el acierto de congraciarse ron todos ellos, prometiéndoles incluso indemnizarlos por los daños sufridos cuando la toma de Lima. No extraña entonces que fuese proclamado padre y protector de la raza amarilla. 

Los chinos estuvieron también involucrados con el proxenetismo, según informó el Diario Oficial el jueves 8 de junio de 1882: 
“Los agentes de la policía secreta sorprendieron ayer una casa de prostitución en la calle de Siete Jeringas (no era mala jeringa la Casa de las Siete Jeringas). Los asiáticos Achin, Achón, Víctor y dos mujeres de apellido Gacitúa y Balandran, que se encontraron allí, fueron conducidos al cuartel de la intendencia; pasando el asiático Achin al hospital, por haber resultado herido de la cabeza en la tentativa de fuga que hizo escalando las paredes”. 

VENTA DE COMIDA ASQUEROSA 

No sólo suciedad en los utensilios de cocina se advertía en los comercios de comida barata; lo que es peor, la carne que se servía era de perros y hasta de ratas. Ello ocurría específicamente en las fondas de los chinos. Así lo denunció el Diario Oficial, el lunes 17 de julio de 1882: 
“Proverbial es en Lima el poco aseo que se observa en estos establecimientos de asiáticos, y más proverbial todavía el olvido total que las autoridades les han dispensado. Quien dijo fonda de chino dijo figón asqueroso, ratas en el sancochado, carne saltada de perro, mondonguito perfumado y otras cosas semejantes, siendo infalible un olor y un sabor y hasta un color especial en los potajes, como natural consecuencia de las pailas mal frezadas. Pues bien: ahora es preciso que la reforma entre en todo, y que el inspector de higiene dicte todas las medidas conducentes a vigilar esas fondas, donde acuden a centenas las clases desheredadas en busca de papa-tache que allí se vende barato; pero que, si no es tan bueno como en cualquier restaurant, eso sí, debe ser limpio y no tener mal sabor, porque cualquier persona, por pobre y fea que sea, es tan hija de su madre como la que gasta soles y no se queda a la luna”. 

LAS DIVERSIONES DE LOS RICOS 

Si la gente pobre se atrevía a molestar a los chilenos, éstos la reprimían con dureza; incluso, se dieron fusilamientos. Pero si la oposición provenía de gente pudiente, el trato era muy distinto. Para el caso, léase lo consignado en el Diario Oficial el viernes 28 de julio de 1882: 
“Eso se llama abusar. Pequeños grupos de caballeros peruanos insultaban anoche en la calle de Mercaderes y de Plateros de San Agustín a los paisanos chilenos que por allí pasaban, sin que para ello hubiera el más pequeño de los motivos. No comprendemos esta actitud en gente que se dice pertenecer a la buena clase. En toda tierra, y cualquiera que sean las circunstancias, los caballeros se guardan consideraciones entre sí. Lo cortés no ha andado jamás reñido con lo valiente. Lo único que podemos decir sobre estas cosas, que ya van pasando de castaño a oscuro, es que nuestra cortesía y nuestra calma han sido hasta ahora perfectamente sinceras y que la paciencia no es una virtud muy duradera en las personas que en vez de agua tienen sangre en las venas”. 
La autoridad chilena procuró reabrir el coliseo de Acho para las tradicionales, y salvajes, corridas de toros, a las que los sectores pudientes concurrían para exponer en público su sadismo. Y cuando no hubo toros, se programaron allí peleas entre perros y gatos, otra muestra de salvajismo de quienes se jactaban de ser cultos. 
Como si no hubiese guerra, los exclusivos clubes reabrieron sus puertas y prosiguieron los campeonatos de cricket, confraternizando la alta sociedad capitalina con los visitantes extranjeros de turno. 

En los días en que Cáceres denunciaba en Tarma la traición de Iglesias, en un fundo limeño los ricos se divertían, según informaba el Diario Oficial el jueves 2 de noviembre de 1882: 
“Una numerosa concurrencia de familias inglesas y de caballeros pertenecientes a los clubs de ckriquet de Lima y el Callao, asistió ayer en Villegas al desafío mediado entre los miembros de dichos dos clubs y los oficiales de la “Mutine”. La partida fue ganada por estos últimos con un doble de puntos, y el triunfo fue amenizado con un abundantísimo lunch y con las armonías de la banda de la “Swifsure”. Estuvieron presentes a esta fiesta de gentleman, ladies y young ladies, el almirante jefe de la estación naval inglesa en el Pacífico y varios comandantes de otros buques de la misma nacionalidad”. 
Y al día siguiente, añadía: “Por un error dijimos ayer, en nuestro suelto titulado “ckriquet”, que los de la “Mutine” habían ganado la apuesta de Villegas. Mejor informados hoy, tenemos el gusto de rectificar nuestro involuntario error, afirmando que los marinos ingleses fueron derrotados por sus contrincantes de los clubes asociados de Lima y el Callao. Agregamos que los derrotados han tenido siempre la fama de invencibles en el ckiquet. Queda, pues, la verdad en su lugar”. 

Poco después empezó la estación veraniega y el tránsito de Lima a Ancón, balneario de los ricos, fue garantizado por la autoridad chilena. De ello dio testimonio el Diario Oficial del miércoles 13 de diciembre de 1882: 
“Consultada la comodidad de las familias que están acudiendo en gran número a gozar de los baños y excelente clima de este puerto, la empresa del ferrocarril ha establecido la salida diaria de un tren. Parece que Ancón estará este año muy alegre y concurrido, pues un crecido número de personas diariamente se traslada a ese lugar. La guarnición del  batallón “Aconcagua” garantiza su tranquilidad en esos hogares y su magnífica banda de música, contribuirá a hacer muy agradable la permanencia de las familias durante la presente estación de verano”. 

Eran los días en que Luis Pardo y el párroco Matías Velásquez, organizaban guerrillas en el norte de Lima para combatir a los chilenos. Días también en que luchaban heroicamente las guerrillas patriotas de Cañete e Ica. Días en que el teniente coronel Nicolás Ortiz Guzmán, alistaba a los Húsares de Junín para resistir en Sama, donde ofrendaría la vida. 

EL ALTO COMERCIO FUE SERVIL ANTE LOS CHILENOS

La presencia chilena no perjudicó a los grandes comerciantes de Lima, nacionales y extranjeros. Ellos se mostraron consecuentes con el lema: “Negocios son negocios”; y hasta se dieron el lujo de otorgar un considerable préstamo al gobierno de La Magdalena, acrecentándose así la deuda interna del Perú. Serviles ante los invasores, conmemoraron el día nacional de Chile, siendo de notar que una actitud muy distinta mostraron los pequeños comerciantes, a quienes se amenazó con represalias. 

El Diario Oficial chileno, del miércoles 20 de setiembre de 1882, informó al respecto: 
“El alto comercio de esta capital suspendió (casi totalmente) sus transacciones durante los días de las fiestas cívicas del 18, por lo que merecen nuestro agradecimiento; pero notamos con disgusto que algunos tenderos y almaceneros haciendo alarde de una falta de atención que casi raya en desacato, mantuvieron sus establecimientos abiertos, como para ostentar sin duda su poca deferencia por nuestras glorias y los días que las recuerdan. Es preciso no echar en saco roto tal demostración de descortesía y falta de educación. Hemos tolerado que de hecho se clausurara el comercio el 28 de julio y no olvidaremos la manera cómo algunos corresponden a nuestra hidalguía. Les pagaremos con usura”. 

ACTITUDES CONTRAPUESTAS 

Cáceres en Tarma reponía sus fuerzas tras la contraofensiva de 1882 que expulsó a los chilenos de la Sierra Central, mientras Iglesias en Cajamarca preparaba su tristemente célebre Manifiesto de Montán a favor de Chile. Y en la capital ocupada la guerra ni se advertía, al extremo que de madrugada un rincón de la pomposamente llamada Ciudad de los Reyes se convertía en el punto de reunión preferido para gente de los tres sexos, tal y como señaló el Diario Oficial del viernes 28 de julio de 1882: 
La esquina de La Merced es el punto de reunión de todas las personas de gusto. Desde las dos de la mañana comienzan a llegar los carruajes, de a pie y de a caballo, y docenas de pares de curiosos de los tres sexos del mundo se agolpan delante de unos hermosos mamparones donde hay …curiosidades elegantemente dispuestas para la venta por el simpático caballero americano Mr. Peter Bacigalupi”. 
Con más de cien mil habitantes y ocupada por menos de cinco mil chilenos, Lima desoyó en todo momento el llamado de Cáceres, cuyos guerrilleros llegaron hasta los suburbios de la ciudad repartiendo propaganda para motivar una sublevación popular que ni siquiera llegó a vislumbrarse. Todo lo contrario, en la capital un grupo de capitalistas reunió una bolsa treinta mil soles plata, recompensa que se prometió a quien entregara a Cáceres, vivo o muerto. 

La Sodoma y Gomorra de la colonia  no había cambiado sus costumbres. Ni las cambiaría, a juzgar por la realidad tan parecida que vemos hoy en sus céntricas calles, donde al igual que en los días de la ocupación chilena, proliferan delincuentes, prostitutas y toda la gama lumpenesca propia de una ciudad caótica.

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Fotografía de Courret, muestra la captura del bandido Chacallaza, 186x
Texto por Luis Guzmán Palomino

Saludos
Jonatan Saona

1 comentario :

Angel A. Rodriguez dijo...

Como bien se menciona en el texto la clase rica Limeña antes y despues de la independencia de España siempre cuido y protegió sus intereses antes que los de la patria.

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