viernes, 14 de octubre de 2011

Fernando Stumptner

Fernando C. Stumptner Ramírez

Nació en Santiago en 1863, hijo de don Juan Santiago Stumptner y de doña Aurora Ramírez.

Don Fernando Stumptner Ramirez con el permiso de su madre, ingresó el 14 de mayo de 1879, como cabo 2° del Batallón Cívico Movilizado Cazadores del Desierto, junto a su hermano menor Jorge Stumptner Ramirez, siendo el 10 de Diciembre del mismo año ascendido a cabo 1°.

El 26 de mayo de 1880, estuvo presente en la batalla de Tacna.


En enero de 1881 participó en la campaña de Lima, en las batallas de San Juan (Chorrillos) y Miraflores, como integrante del batallón Bulnes.

Casado con María Céspedes, teniendo descendencia.

Falleció en Arica el 20 de Enero de 1910, a los 47 años, debido a una pulmonía.

Copio a continuacion, el articulo tomado del blog elamoren1879 escrito por Manuel Morán Montecinos

1879: UN TIEMPO PARA AMAR
“La señora doña Aurora Ramirez viuda de Stumptner, ha ofrecido al Coronel del Regimiento Francotiradores, o Cazadores del Desierto, sus dos hijos únicos Jorge i Fernando i sus dos sobrinos Carlos i Máximo Carstens (sic), para que ingresen en aquel regimiento. Dice la señora que siente no tener más hijos para enviarlos todos a los campos de batalla en defensa de los derechos de nuestra patria” (1)
Fue Amor. Sí, fulminante, arrojado, ciego, tronante, como a veces suele él presentarse. Por cierto, este sentimiento en la mujer, conmovido no hacía mucho por su viudez temprana, en este caso la urgió sin opción. Es que había una declaración extrema, un peligro inminente, una circunstancia ineludible, un estado de guerra ya instalado. El amor, que muchas veces se pone en la pizarra de los cálculos, esta vez se volvió resolutivo, un imperativo moral audaz, pues situó en el alma una poderosa presencia con más inteligencia que todas las razones que pudieron haber sido esgrimidas, o impugnadas en su contra. Este amor fue el que arrebató su corazón de mujer chilena, no importando la cuadratura matemática perfecta. Poco, o nada importó, en este caso, que la condición bélica desatada halla sido del todo penetrada, o entendida, justificada, consensuada, ni siquiera pesó su potencial soledad, o desamparo, la prosperidad del negocio familiar. Lo único que mandaba era la guerra que ya estaba. Es que en ese tiempo de olvidos y crueldades, de enemigos y de armas dispuestas, en donde la audacia interactúa con el miedo y la debilidad trepa por el valor raramente sentido, aun en ella el amor está presente. Una guerra, que fabrica y alimenta un enfrentamiento humano lleno de fragor y fricción, bien puede llenar de odio y de dolor, de muerte y de angustia, de destrucción y desolación, pero también de fuerzas de incalculable y perenne valor.

La Guerra del Pacífico, transcurrió con una esperanza: Que ganara este amor. Es por ello que conmovió los cimientos republicanos y territoriales de tres pueblos surgidos en una región acostumbrada mas a la escaramuza que a lo extremo de un estado marcial. Sin embargo, en el concierto mundial, este conflicto no quedó inscrito como una determinación original, sino más bien como una estrategia porfiada y reiterada en líderes duplicados, copiados hasta el paroxismo. No obstante, la historia repetida no siempre es la misma. Concretamente, en este caso, en la de la Señora Aurora, se reproducía la bíblica respuesta de Abraham ("Aquí está mi hijo -lo dispongo al sacrificio-"), pero lo que continuó, bueno, en este caso no se dio el desenlace conocido y alabado por la religión: Ocurrió que Jorge, su hijo menor, muy luego de ser donado a la guerra, murió de sed en el desierto de Calama, en ese altar de arena deshabitada por el favor, sin flor, ni vida, ni Dios. Cuando la Madre se enteró de tal suceso, hubo mucho de dolor, pero nada de rebelión, mucho por qué vivir y nada por qué echarse a morir. Es que cuando la historia se repite y llega a sorprender solo trae una intención: Fortalecer. Y Aurora, turbada y admirada de sí misma, recibió este don.

Fernando, en otro frente de la misma guerra, iba enfermo junto a su hermano y a pesar de ello iniciaron y continuaron la ruta del destino de modo heroico. Jorge, no resistió y fue presa, al fin, de la más cruel de las muertes en el más inhóspito de los lugares. Tal deceso no solo fue una dolorosa ausencia para él. La llamada "pérdida irreparable", sería además el primer golpe que Fernando, recibiría en su incipiente y desconocida guerra. Hubo otros, peores, o mejores, como el de la sed, o el hambre, como el del frío intenso, o del calor violento, incluso golpes inesperados, como el que le dio la natural de Moquegua, que aún la declarada enemistad y el peligro puesto por el chileno invasor, llena de valor heroico, le ofreció un vaso de agua fresca y cristalina. Tal intrépida acción, repetida desde la bíblica samaritana hasta nuestros días, se volvería con el tiempo en un correspondido, fiel, pacífico y fecundo amor.

Un hecho bélico provoca luego de acabado el reunir piezas diversas para ser expuestas y visitadas. En lo personal me gustaría rescatar y destacar los más de estos ejemplos y no precisamente con la intención de poner el amor en un museo.

(1): Cita tomada del periódico “La Estrella de Arica, re-publicada el Sábado 28 de Abril de 1979, con ocasión del Centenario de la Guerra del Pacífico. El apellido de los hermanos Carlos y Máximo, señalado “Carstens”, en la nota, podría ser “Carter”.

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Según datos aportados por su bisnieto Bernardo Arturo Yáñez Stumptner 
Fernando Stumptner, nació en Oberreichenbach, Bavaria, Alemania en 1865, hijo de don Jakob Stumptner Webersberger y de doña Aurora Ramírez. Don Jakob Stumptner Webersberger, radicó en Santiago de Chile, (donde se desempeñó como maestro cervecero tonelero en la comuna de Quinta Normal), acompañado de su mujer Aurora Ramírez y con sus hijos pequeños Fernando y Jorge.

Saludos
Jonatan Saona

1 comentario :

Bernardo Arturo dijo...

Me llama la atencion que se indica al padre de nuestro bisabuelo como Juan Santiago, el verdadero nombre es Jakob, aleman nacido en Bavaria en Obenrreinbach, quien llegó a Chile y se desempeñó como maestro tonelero.

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