martes, 3 de agosto de 2010

Carta de Ezequiel Otoya

Del reciente libro publicado por el investigador Renzo Babilonia, transcribimos esta carta del marino Ezequiel Otoya, dirigida a su esposa.

Carta de Ezequiel Otoya a su esposa Rosa comentándole el éxito de una incursión del Huáscar ante la Escuadra chilena en Iquique, 10 de julio de 1879.

Arica Julio 10 de 1879
Mi muy queridisima Rosa
Sin tener mucho tiempo aprovecho la salida del Oroya para decirte que anteanoche martes llegamos a este puerto sin novedad y ayer a las doce del dia salimos para Iquique a sorprender a la escuadra Chilena, a las doce de la noche entramos á ese puerto, sin encontrar ningun buque enemigo, y después de quemar dos luces de vengala y de comunicarnos con tierra zarpamos, en busca del enemigo, que todo ello compuesta de uno de los blindados, la Magallanes, el Abtao y Matias Causiño, al poco tiempo nos encontramos con el último, a quien después de rendirse nos vimos en la necesidad de echar a pique, habiendo pedido antes los que los tripulaban misericordia y de haber vivado al Perú, después nos encontramos con una corbeta que no podemos asegurar si era el Abtao o la Magallanes, con esta nos estabamos batiendo tanto a cañon como a tiro de rifles y pudiendo asegurar que le hemos causado algunas aberías, se nos escapó, por haber dado parte el (tope?) de dos buques más.

Lo que en realidad, era así, nos fuimos sobre ellos, y al primero que reconosimos fue al blindado Cocran [sic] y estando a tan poca distancia le hisimos fuego sin que el nos contestase y viendo que este y una corbeta nos perseguia seguimos nuestro camino en retirada, hasta la distancia de treinta millas, que se retiraron y nos dejaron en paz, siendo el ancho del Huascar superior. Ya te puedes figurar la empresa tan atrevida de nuestra espedición y con tan buen resultado que tanto el Presidente Prado como Dasa estan contentisimos y segun me aseguran este plan fue consevido por el último, veremos ahora que es lo que dicen los Chilenos. El laverinto que metimos en la escuadra enemiga fue espantoso que ellos mismos no se entendían hasiendose fuego entre uno y otros, y nosotros como gallos en medio de ellos. Tan luego que regresando á este puerto vino abordo el general Dasa, en sus demostraciones se conosía lo contento que estaba, muchas atenciones para Grau y después que este me presentó como segundo del buque, me manifestó alguna atención en presencia de muchos jefes, en fin Rosa la Providencia esta protejiendo al Huascar, porque no se puede negar que nuestra expedición de anoche ha sido muy valiente; el vapor mercante debe llegar esta noche ó mañana y te volveré á escribirte, pues estamos todos muy cansados de la mala noche, pues yo hace la miseria de cuarenta horas que no duermo y me siento tan bien como el que hubiese pasado la noche en cama.

Te adjunto un recibo de mi sueldo por el mes pasado para que se lo des a tu tío Tomás y se lo presente al Cajero Fiscal y lo reciba.

Mucho me alegraré que tanto tu como nuestros queridisimos hijos se encuentren sin ninguna clase de enfermedad, que Carlitos esté ya bien de su toz, así lo deseo con mi alma, que mas puedo decirte por ahora, que te extraño muchisisimo y muchisimo.

No te puedes figurar el laverinto que formaran con lo de anoche en Chile.

A tu papá, mamá y Adelaida un buen abrazo, y a nuestros hijitos mucho cariño y tu recibe un fuerte abrazo con alma vida y corazon de tu

Ezequiel

Procura conseguirte la Opinión Nacional adonde encontraras todos los pormenores de lo anoche, pues el corresponsal lo tenemos a bordo. Los Chilenos nos pegaron un balaso de 150 al filo del blindaje que lo rompieron totalmente y parte del (embano?) de madera, tenemos muchos  huecos de fusilería de Combel y ametralladora, pues con una de las corbetas (estuvieron?) haciendo uso de estos proyectiles, como media hora, y nuestros soldados, que son treinta y los marineros que subieron a la cubierta quemaron seis paquetes por plaza y algunos hasta siete. Le puedo asegurarles que de la gente del Matías Cousiño sí se han salvado diez los demás han perecido, pues gritaban estamos rendidos, viva el Perú, y se presipitaban en los botes dejando el buque abandonado porque se iva a pique, y cuando tenía serca del buque a una embarcación el Capitán gritaba "Capitán Grau hasta cuando me mata U. gente" y grasias que Grau lo impidió sino no queda ninguno pues los nuestros, principalmente los soldados estaban calientes.

Dile a tu papá que entre la gente que dota la torre hay tres Ytalianos, y que tube que verme con la indispensable necesidad de hablarles en ese idioma para que todo lo hiciesen con prontitud. Ya te puedes imaginar el italiano q hablaría, pero me comprendían y esto basta.

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Gentileza de Renzo Babilonia, y a la familia Wiese-Otoya quienes han conservado las cartas. Poseedor de las cartas el sr Gonzalo Vizcardo.

Saludos
Jonatan Saona

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