lunes, 11 de febrero de 2008

La Misión Lavalle

De izq a der: J. Melecio Casós (Secretario de la Legación), Hernando de Lavalle (adjunto militar, teniente,  hijo de J A. de Lavalle) y José A. de Lavalle (Diplomático)
La Misión Lavalle

Lavalle se embarcó en el Callao el sábado 22 de febrero de 1879 a bordo del vapor Loa, llegando a Valparaíso el 04 de Marzo de 1879, tomando ese mismo día el tren para Santiago.

Después de que las negociaciones entabladas por Lavalle durante el mes de febrero (con el Presidente Pinto, el Ministro Fierro, Santa María, Lastarria) fracasaron, Lavalle tuvo que pedir sus pasaportes, los que le fueron entregados el 3 abril.

Inmediatamente después de recibir sus pasaportes Lavalle dirigió a Valparaíso un telegrama:
Valparaíso. Santiago, abril 3 de 1879.
Telegrafíe Lima lo que sigue:
“PRESIDENTE. LIMA. RELACIONES OFICIALES ROTAS HOY. PERÚ CONSIDERADO BELIGERANTE. PASAPORTES RECIBIDOS. SALGO MAÑANA. LAVALLE”

Lavalle preparó su viaje para regresar al Perú, cuando se le presentó el capitán de navío Patricio Lynch, encargado por Pinto de ponerse a mis ordenes hasta mi salida del territorio chileno, y le expresó que S.E. había ordenado que estuviese en Santiago un tren especial para que lo lleven a Valparaíso, y que además se tomasen todas las precauciones necesarias para la seguridad de su persona.

Lavalle deseaba salir cuanto antes del territorio chileno; pero como no deseaba provocar un escándalo, dejaba al capitán Lynch la libre disposición en la manera de realizarlo.

Lavalle salió de Santiago en Tren Expreso a las 6 P.M., acompañado por J. Melecio Casós y el adjunto teniente Lavalle, el teniente peruano Felipe De la Torre Bueno, el capitán Patricio Lynch y el señor Domingo Toto Herrera, amigo particular de Lavalle.

El tren se detuvo hasta la estación del ferrocarril de Llayllay donde fueron objeto de “una impertinente y hostil curiosidad”

Pasado un rato prosiguieron hasta Viña del Mar y de allí a Valparaíso. Llegaron a Valparaíso pasadas las 12 P.M. siendo recibidos por el intendente Altamirano rodeado de varios oficiales, el capitán de puerto Urriola y varios amigos extranjeros de Lavalle.

Alli inmediatamente se embarcaron en el vapor Liguria en la noche del 4 de abril de 1879 rumbo al Callao Patricio Lynch antes de que se embarque José A. de Lavalle, al momento de despedirse de él, le dijo:
«Crea usted que me será muy sensible desenvainar mi espada contra el Perú y que desearía que hubiera algún medio para evitar la guerra. Ruego a usted que se digne ofrecer mis respetos al señor general Prado, de quien soy amigo personal»
.**************************
Saludos
Jonatan Saona

10 comentarios :

Anónimo dijo...

ta sedapal (osea seda , xevere xD) la pagina me ayudo con mi tarea muy buena informacion, era justo lo q necesitaba ..... y sigan poniendo mas de esta informacion ya q es muy necesaria para mi :P ;)

Anónimo dijo...

si amigo te apoyo esta muy buena esta informacion y sedapal jajajaja esa jerga no me la sabiaa ahhh !!!!!

Anónimo dijo...

gracias x toda la informacion que nos das. muy interesante

Anónimo dijo...

hgyhrfuyt

Anónimo dijo...

Lo que se oculta en este relato, es que Lavalle negó ante el gobierno chileno la existencia del pacto secreto.Lo único que querian es dar tiempo a Perú a comprar armamento y poder entrar en la guerra tomando ventaja en armamento, ya que a Chile y Bolivia no se les vendia por estar ya en guerra.¡Tomando una posición de aparente neutralidad ! Una mentira y una felonía!

Anónimo dijo...

ami no me ayudo con nahhh no sale los factores de la mision labayeee ponganlo xfaa

Anónimo dijo...

muy buen aporte, justo lo q necesitaba
gracias por ello :)

Anónimo dijo...

Eso no es verdad, ya que dada las condiciones de crisis económica el Perú no estaba preparado para una guerra. Sí es cierto que negó el tratado secreto, pero la intención no era ganar tiempo.

Pepe dijo...

Lynch...no le fue Muy dificil desenvainar su espada, es maslo hizo con mucho gusto!

Raúl Olmedo D. dijo...

Perú había suscrito el comentado Tratado con Bolivia en 1873, y no puso atención en cautelar las actuaciones de su volátil socio.
Bolivia ya entonces practicaba lo que ha venido a ser su política constante : suscribe tratados (afectos al derecho internacional) que luego intenta evadir con acuerdos de su legislatura interna.
Hace pocos años ha aprobado, por explicable mayoría de sus ciudadanos, una modificación a su Constitución que declara el mar de su antiguo litoral como de su propiedad. Y tan tranquilos.

El Tratado de 1874 con Chile establecía con claridad meridiana su compromiso de no grabar con nuevos impuestos a las empresas mineras establecidas en su litoral, entre los paralelos 23 y 24, durante un período de 25 años. Vale decir, el plazo de amortización de las inversiones de empresarios extranjeros ya efectuadas en territorio boliviano.
Pero Daza, ahogado en deudas y carente de recursos, discurrió hacer aprobar un nuevo impuesto ( el tan trajinado de 10 c. por qq. de nitrato) "por decisión de la Asamblea Nacional". Y todo Bolivia adujo la legitimidad de tal acto que atropellaba la legislación internacional vigente entonces y ahora.
Chile declaró entonces roto el citado Tratado, y ocupó el litoral. Pero sólo la parte a la que había renunciado en el Tratado de 1874. Luego de que Bolivia declaró la guerra se procedió a la ocupación - y hasta hoy - del resto del litoral que era boliviano en 1879.

Así pues, si Bolivia había declarado la guerra a Chile, su garante debía pronunciarse : o avalar lo actuado por su socio - y entrar en la guerra a su lado - o declararse neutral.
Luego de negar la existencia del Tratado secreto con Bolivia, y admitirlo mas tarde en el curso de las conversaciones, el señor Lavalle recibió sus pasaportes. Motivo : el propio Presidente M. I. Prado había reconocido la existencia del mismo al embajador de Chile, Godoy, en una tensa entrevista celebrada en Chorrillos.
La masa de la opinión pública chilena se encontraba, pues, algo agitada. Olía un cuadrillazo en el ambiente. Aunque nada justifica atentar contra el consulado peruano ni sus insignias.

La amistad de Lynch con el general Prado, cabe señalar, era muy real. Y de la este con el Presidente chileno, Pinto, muy estrecha.
En ambos bandos, me parece, hubo personeros de relevancia que lamentaron sinceramente la opción de la espada. Mismos que, llegado el caso, se batieron con decisión en defensa de sus respectivas banderas.

El caso es que, si uno va a ser socio de un tipo como Daza, mas vale atarlo corto y vigilarlo muy de cerca

R. Olmedo

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