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12 de junio de 2026

Zoilo Flores

Zoilo Flores
Zoilo Flores

Nació en la ciudad de Santa Cruz el 27 de Junio de 1846.

Inclinado al estudio y al profesorado desde sus más juveniles años, se dirigió a la ciudad de Cochabamba, donde a la vez que alumno de curso superior o estudiante de derecho, era profesor de humanidades.

Es frecuente en Bolivia entre los estudiantes que no disponen de cierta holgura económica, atender a su propia subsistencia y a los gastos que les demanda la adopción de una carrera profesional compartiendo su tiempo entre el profesorado y el estudio. Zoilo Flores fué de los más asíduos en este órden, hasta que se recibió de Abogado e inició su profesión con brillo.

Pero la ciudad colonial del Tunari si bien bella y pintoresca para los goces de la vida tranquila era estrecha y sin recursos para un espíritu ágil que deseaba expandir sus conocimientos y abarcar horizontes nuevos de adaptación y aplicación de facultades y actividad juvenil.

Ello indujo al joven legista Flores a seguir las sugestiones de su pariente y honrado amigo D. Miguel Rivas, abogado notable que estaba a cargo de importantes intereses en el antiguo Departamento Litoral, con residencia en Cobija, capital de ese Departamento.

A poco de ejercer la profesión en su nueva residencia, Flores se labró una posición social digna de sus aptitudes, contrajo matrimonio y se colocó en primera línea entre los profesionales mereciendo la confianza ilimitada de los más acaudalados comerciantes e industriales de la Costa del Pacífico.

Pero Flores opinaba que el dinero era necesario para la satisfacción de las necesidades en proporción conveniente, sin que fuera menester llevar una vida de sacrificios y dura labor para atesorar y seguir atesorando sin límite. Dueño Flores de una modesta fortuna y padre ya de numerosa familia a cuya educación era forzoso atender, se trasladó a Lima, despidiéndose de sus clientes que lo vieron partir con verdadero sentimiento de pesar.

Gobernaba el país a la sazón el general Daza y sobrevino la Guerra del Pacífico.

Nadie podía mejor que el Dr. Flores representar a su país con tanto brillo, sagacidad e inteligencia ante el Estado hermano, vecino aliado, y a pesar de que el gobierno que regía la República era esquivo en acertar sus determinaciones, D. Zoilo Flores fué nombrado Plenipotenciario ante el Gobierno del Perú.

La época excepcionalmente grave de la situación, se complicó aún más con las sucesivas derrotas sufridas por el ejército aliado, el cual luchando contra fuerza y elementos inmensamente superiores seguía librando heroicas batallas por salvar a lo menos la honra en el naufragio de la fuerza.

Los combates de Chorrillos y Miraflores que dieron por resultado la ocupación de Lima, capital del Perú, encontraron a Flores en su puesto, inflexible ante el peligro, enérgico en la defensa del derecho hollado, protestando siempre contra el imperio de la fuerza, hasta que el general Jefe de las fuerzas de ocupación, de acuerdo con el Gobierno de la Moneda, resolvió la captura y destierro de los llamados notables de Lima.

Entre éstos fué conducido el Dr. Flores a Angol, punto entonces extremo de las inhospitalarias tierras araucanas posteriormente colonizadas, pobladas y civilizadas.

Mucho tiempo permaneció Flores en el destierro en compañía de García Calderón, Presidente de la República del Perú y otros personajes eminentes a quienes se compelía a transigir para solucionar el conflicto bélico.

Flores, desde la proscripción como desde su alto cargo de Plenipotenciario en Lima, seguía comunicando al Gobierno sus impresiones, trasmitiéndole sus ideas y opiniones, aconsejando no ceder ante las imposiciones de la fuerza ni a pactar una paz ignominiosa. Su correspondencia oficial y confidencial, cuidadosamente archivada, junto con acopio valioso de documentos históricos, constituye un verdadero tesoro, el cual fué legado en vida por el Dr. Flores a su hijo político D. Moisés Ascarrunz, recomendándole "sacar de ellos el mejor partido posible en favor de la patria".

Vuelto al seno de su país en 1885, el Dr. Flores había visto medrarse si no desaparecer sus recursos pecuniarios; el destierro, la permanencia de numerosa familia sin más renta que un reducido capital inactivo; los gastos exhorbitantes que demandaba una posición social y oficial espectable y la carestía que reinaba en Lima como consecuencia del bloqueo, el bombardeo y la ocupación militar chilena dieron fin con los recursos pecuniarios de Flores, obligándole a repatriarse.

Algunas espectativas de negocios e influencias, llevaron al Dr. Flores a Sucre, pero luego se convenció de que no era este centro alejado de los negocios y del movimiento activo de la vida, el más apropiado para satisfacer sus inquietudes y aspiraciones. Volvió a La Paz donde empezó por incrementar los principios liberales, ya haciendo propaganda contra el jesuitismo, con valor y entereza, ya fomentando la organización de la logia masónica que, a ocultas y sigilosamente hasta entonces, reservaba su labor como labor criminal, temiendo siempre un atentado preparado y propagado por masas populares fanáticas, dirigidos por una orden religiosa y muchos Tartufos políticos, dependientes de aquélla.


La vida del Dr. Flores parecía amenazada día a día, pero el único que mantería serenidad y calma en medio de las rugientes amenazas, era él que tranquilizaba a sus amigos diciéndoles: "Creen que intimidándome voy a abandonar los propósitos que persigo. Se equivocan". Y su acción se desenvolvía más enérgica, con actividad febril, infatigable....

Aun recuerda la ciudad de La Paz los meetings de protesta organizados por colectividades llamadas católicas, creyentes energúmenos fanatizados por la invasión primera de los soldados de Loyola; aun recordamos que la vida y el hogar de los calificados de masones y ateos, estaba constantemente amanazada por turbas organizadas que, a la más leve señal, desempedraban las calles para destruir puertas y ventanas de las casas que albergaban a los infieles.... Matar un masón era ganar la gloria eterna.... y la impunidad en la tierra.

Flores se mantuvo con singular corage a la cabeza de la juventud que, más que por el triunfo del masonismo, luchaba por la libertad de conciencia. Pasados los años, cuando la justicia histórica dé a cada uno lo que es suyo, colocará a Flores entre los más abnegados y desinteresados apóstoles de la verdad.

Las ideas de libertad germinaban más poderosas cada día, desde que organizados núcleos de ilustrada juventud, presentaban generosos pechos a las amenazas de exterminio del ultramontanismo imperante en aquella época; además la lucha de partidos políticos se habían convertido en torneo inmoral de millonarios que se disputaban las insignias presidenciales, oponiendo el cheque al cheque y el billete al billete. El Partido Liberal, encabezado por el General Eliodoro Camacho, si bien carecía de energía y solía presentar desfallecimientos que le enagenaban prestigios, se mantenía casi inerte al frente de una evolución que estaba destruyendo los principios democráticos de la República o adulterando sus fundamentos. En aquellos momentos apareció un órgano de prensa sostenido por dos jóvenes que ponían sus recursos o inteligencia al servicio de la causa liberal, ese órgano se denominó "El Imparcial". D. Zoilo Flores, pariente próximo del Director principal de aquel diario, dedicó a este desde algún tiempo después de su aparición, el precioso contingente de su poderosa mentalidad imprimiendo El Imparcial, rumbos de oposición al orden de cosas establecido. Larga y ardiente fué la lucha contra los gobiernos llamados constitucionales y que no tenían más

norma que la arbitrariedad en todo órden. Flores, infatigable, tenaz y valiente, se colocó resueltamente a la cabeza de la oposición y fué el autorizado portavoz de los más eminentes personajes que se pusieron al servicio de la causa liberal.

Aunque durante el gobierno de Alonso se había operado alguna reacción en sentido de armonizar los intereses nacionales, los hombres que habían servido al antiguo régimen conservador, no cejaban en sus propósitos de mantener un orden de cosas anacrónico y retrogradante. Ello dió lugar a que una chispa revolucionaria provocase el incendio que se denominó la revolución federal y que "no fué más que la revolución liberal que había germinado y estallaba en el momento oportuno".

D. Zoilo Flores fué el alma de aquella revolución.

Aun está latente en el pueblo de La Paz el entusiasmo que despertara la causa revolucionaria: se improvisó un ejército, se improvisaron armas, se improvisaron recursos de toda clase, porque nada había. Flores y los jefes prominentes de la revolución, se multiplicaban para organizar fuerzas que pudieran combatir contra un ejército aguerrido, disciplinado y que contaba con toda clase de elementos. Lo único que le faltaba al Gobierno constitucional era valor, fe en los principios que sostenía esa fe que en política se llama y esa convicción que es bandera moral que precede a toda victoria.

La victoria fué. El Gobierno Liberal se organizó en Oruro donde se reunió la Convención. Allí fué Flores elegido por el pueblo y después de cooperar a la organización del país, siempre abnegada y desinteresadamente, se retiró a la vida privada dando un ejemplo de patriotismo que se realza con estas palabras: "He hecho todos los sacrificios imaginables para el triunfo del Partido Liberal y lo he conseguido en la parte que me corresponde. Me retiro ahora porque no era otra mi ambición".


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González y Medina. Editores. "De siglo a siglo. Hombres célebres de Bolivia". La Paz, 1920.

Saludos
Jonatan Saona

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