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26 de mayo de 2026

Parte de R. González

Detalle de monumento en Campo de la Alianza

Parte de R. González sobre la batalla del Campo de la Alianza

Batallón Alianza, 1.° de Bolivia.
En retirada.
Viacha, junio 13 de 1880.
Al señor Coronel Jefe de Estado Mayor del Ejército Boliviano.

Señor:
Cumple a mi deber como Comandante General accidental de la tercera División del Ejército Boliviano;
compuesto de los batallones «Sucre» 2.° Granaderos de la Guardia, »Viedma» y «Tarija,» dar cuenta circunstanciada del comportamiento de los cuerpos de mi mando, de la gran batalla del 26 de mayo último.

Cuando el enemigo practicó, el reconocimiento militar de nuestro campamento en fecha 22 del mes indicado; me cupo la suerte de estar de «Jefe de Línea» con el batallón de mi mando «Viedma» y Coraceros de Bolivia, comandado este cuerpo por el señor coronel Héctor Suárez, a tres millas de distancia de nuestra línea; entónces recibí orden del señor Comandante en Jefe Coronel Eliodoro Camacho, para que con Coraceros marche al campo del enemigo, a descubrir sus posiciones, dejando el batallón «Viedma» en el punto de la avanzada. En momento de recibir la órden, marché con el cuerpo indicado hasta la quebrada «Honda.» (Distancia seis millas). 

En el trayecto de la marcha, y a las cuatro millas de distancia, encontré una avanzada enemiga a caballo, compuesta de seis hombres; los que se replegaron a la indicada quebrada donde se hallaban de ochocientos a mil hombres, todos de a caballo, con mas dos piezas de artillería; en la ceja formada y a distancia de tres cuadras, desplegué en guerrilla, con los ochenta hombres que tenía a mis órdenes, y en esta circunstancia el enemigo avanzó sobre mi línea, por precauciones y por la fuerza superior del enemigo, tuve que replegarme sobre mi línea anterior, donde existía el batallón de mi mando, y dispuse mi plan de ataque defensivo, entónces el enemigo hizo alto, y principió a cañonear, como quien procuraba comprometer un combate. 

Después de este lijero incidente ordené inmediatamente al jefe de día teniente coronel Villazón, para que, en el acto consulte al señor General Supremo Director de la Guerra, si podía comprometer ataque, o replegarme al grueso de nuestro Ejército y recibí órden de replegarme como lo verifiqué en órden. 

A las doce de la noche del 25 marchó la tercera división, así como el resto del Ejército del campamento sobre el enemigo; con objeto de sorprender a éste, a pesar de la completa obscuridad pudimos llegar al frente del enemigo, al amanecer del 26; en compañía  de los señores coroneles Belisario Suárez y César Canevaro, con las respectivas divisiones, el coronel Severino Zapata, marchó en ese día como «Jefe de Línea.»

En esta circunstancia se oyó tiros de revólveres que dispararon sobre el teniente coronel Rafael Sáenz, quien de regreso aseguró que a poca distancia se hallaba el enemigo, en este momento se reunió Consejo de Guerra de todos los Comandantes Generalas de las Divisiones, para formar un plan de ataque, y desplegando en batalla con las respectivas guerrillas y se formó el plan de ataque defensivo. En este intermedio se tomó un chileno prisionero, quien aseguró que el ejército enemigo se hallaba a muy poca distancia de nuestra línea, en número de veintidós mil hombres; dispuestos a combatir en ese día, y sin dar crédito a esa noticia seguimos en nuestras posiciones. En este acto se recibió orden del señor General Supremo Director de la Guerra para replegarnos al campamento; lo que se cumplió, sufriendo en nuestra retirada un fuego nutrido de artillería y de guerrillas de caballería, y llegamos al campamento sin haber perdido un solo nombre. Entretanto el resto de nuestro Ejército, había regresado en la misma noche al campamento por haber perdido el rumbo.

A las 9 menos 5 minutos a. m. del día 26 formaba el enemigo su línea de ataque ostensiblemente por nuestra ála izquierda, en la que se hallaba en primera línea la división de mi mando, apoyada en el batallón «Sucre,» colocación que se le dió día anterior, porque se comprendía que el ataque débil ser por el costado izquierdo. A las 10 y l/4 comenzó el fuego simultáneo de rifles por el batallón «Sucre;» siguiendo los demás cuerpos de mi mando y el de toda la línea, y el ataque se hizo general. En este momento se presentó el General Claudio Acosta, que se hallaba enfermo hacia algunos días, lo propio que el coronel Miguel Estenzoro, primer efe del batallón «Tarija;» este sublime acto de abnegación, llenó de entusiasmo a la tropa que presenciaba la serenidad con que el General Acosta los animaba al combate.

No omitiré en este punto recomendar el entusiasmo y valor del Ilustre Coronel Camacho, que dirijiéndose a todas las fuerzas, las animaba con la palabra. El combate arreciaba y el señor Comandante en Jefe parece que desafiaba el peligro delante de nuestra línea de batalla, con tal serenidad que asombra. A la una del día nuestras divisiones se hallaban diezmadas por los fuegos incesantes del enemigo, pero combatían los restos con valor.

A las 12 45 minutos de la tarde acudieron en protección de la ála izquierda, los batallones «Alianza l.°
de Bolivia» y 4.° de «Aroma,» quienes trabaron el combate y cargaron al enemigo a la bayoneta haciendo retroceder a éste hasta sus posiciones tomando prisioneros, con mas cuatro piezas de artillería enemiga, correspondiendo así a las esperanzas que tenía la Patria, en los legendarios colorados, por ser este cuerpo el que sostuvo el ataque hasta mas de las 3 de la tarde.

A las 4 de la tarde, el costado izquierdo se hallaba en inminente peligro por el numeroso refuerzo que recibía el enemigo. Entónces el «Batallón Alianza» y los restos de las divisiones, dieron un paso atrevido y audaz cargando nuevamente a la bayoneta.

En esta dura circunstancia, se presentó a distancia de una cuadra un Rejimiento de caballería del ejército enemigo; y el Batallón l.° de Bolivia formó inmediatamente cuadro sólido para resistir el empuje impetuoso de aquel cuerpo, el que fué rechazado completamente.

Mientras sucedía todo esto, el enemigo trató de arrollar el costado izquierdo de nuestra línea con divisiones escalonadas, las que ocasionaron nuestra retirada lenta con fuegos perdiendo terreno hasta la ciudad de Tacna.

Terminaré este parto, para que se sirva U. poner en conocimiento del señor General Supremo Director de la Guerra; asegurando que todos los señores jefes, oficiales y tropa de la división de mi mando han combatido con valor y denuedo. La conciencia individual y colectiva de los Jefes de los Ejércitos combatientes, y la opinión pública que juzga con severa imparcialidad los actos de sus buenos servidores, apreciarán en su justo valor todos y cada uno de los esfuerzos de los cuerpos confiados a mi mando.

Por esta consideración, y esperando tas partes mas detallados de los jefes de cuerpo, me abstengo de hacer la apología de rasgos eminentemente heroicos con que han rivalizado entre sí todos los defensores del ála izquierda en el inmortal campo de batalla de la «Alianza.» 

Dios guarde a U.
Señor.
Ramón González


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La Patria, La Paz, Año I. n° 52, miércoles 30 de junio de 1880.

Saludos
Jonatan Saona

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