jueves, 21 de junio de 2018

Luis A. Riquelme

DON LUIS ALBERTO RIQUELME
Capitán del 3.° de línea 

Hemos referido en estos recuerdos de jenerosas almas confundidas en una sola juventud, en una leyenda única, que cuando el denodado capitán del 3.° de línea, don Ricardo Serrano, derrotaba a culatazos una división peruana en la cima de los arenosos cerros de Ate, a la vista de Lima, el 9 de enero de 1881, otro capitán de  su cuerpo asaltaba, al frente de su compañía, las trincheras inferiores del valle, i secundado  por una brillante carga de los Granaderos a caballo conducidos por Marzán, los desalojaba, arrebatándoles uno a uno sus parapetos con la punta de sus bayonetas. 

El oficial  que  mandaba  esos  infantes era el capitán don Alberto Riquelnie Lazo que, como Serrano, había nacido para ser soldado i era hijo de un soldado, del antiguo comandante don José Antonio Riquelme, natural de Chillán i entroncado por la estirpe materna del jeneral O'Higgins con tan ilustre prócer.  Fué su madre la señora Jacoba Lazo, mujer de rara enerjía, hija, a su turno, de don José Silvestre Lazo, prócer civil de la a independencia i padre de una verdadera hueste de hijos honrados i varoniles como él. 

II. 
Nació de esa unión de nobles vástagos Alberto Riquelme Lazo el 17 de febrero de 1861, estando equivocada en esta parte su hoja de servicios que le atribuye dos años más de vida, talvez porque la suya fui: tan corta... 

"Desde su primera edad,-dice de él un afectuoso apunte de familia que tenemos a la vista,- descubrió aquel niño propensiones militares, pues sus juegos de la infancia los hacía con instrumentos de guerra: pitos, cajas i una bayoneta vieja que, puesta en un palo, le servía de fusil, el que terciaba diciéndole a su padre:-No hai novedad, mi comandante!

Su familia vivió en lugares apartados, en Yungai abajo o en el callejón de Azolas, i diciéndose que había ladrones en la arboleda, era el primero que iba a buscarlos con su fusil al hombro, recorriendo todos los puntos donde pudiera hallarlos. 

A causa de su tendencia mui pronunciada por el ejército, se le puso en la Academia Militar (febrero 24 de 1874) cuando tenía apenas trece años, i pronto descubrió su mucho juicio i superior aplicación, pues en todos sus exámenes salia distinguido, i en premio se le daba salida los domingos, lo que fue i era una verdadera distinción.

Disuelta la Academia Militar, él solo i por su propia cuenta entró al Instituto Nacional a continuar sus estudios que habían quedado inconclusos en aquel establecimiento". 

III.
La Academia Militar había sido disuelta a consecuencia de un alboroto nocturno de sus alumnos, el 3 de noviembre de 1876; por manera que la guerra nos sorprendió sin la existencia siquiera de ese plantel de guerra. 

Mas oyóse apenas, tres años más tarde, el llamamiento a las armas en febrero de 1879, cuando todos los expulsados de 1876 corrieron a los cuarteles, i entre los primeros figuró el ex-cadete Riquelme, quien incorporóse como subteniente en el 3.°  de línea el 1.° de abril. 

IV.
En esa condición hallóse Riquelme en la batalla campal de Tacna el 26 de mayo de 1880, i dos semanas después en el memorable asalto de Arica enrolado en aquella heroica 4." compañía (la de Tristán Chacón) que tomó a la bayoneta el fuerte Ciudadela. 

"El capitán de mi compañía,-decía el subteniente Riquelme describiendo aquella imperecedera hazaña a uno de sus tíos (el senador don Joaquin Lazo), en carta de Pocollay, junio 12 de 1880,-el  capitán de mi compañía, don Tristán Chacón, que murió en la batalla, como dos cuadras antes de llegar al fuerte, hizo tocar calacuerda i subimos a todo trote.  Teníamos rodeado el castillo: recibíamos un nutrido fuego de fusilería i de cañón, del Morro, del monitor Manco Capac i de varios  otros fuertes, i a más los polvorazos que a cada paso que dábamos estallaban. Pero dan todos otro ¡viva  Chile! i se lanzan a las trincheras como leones. Costó un trabajo inmenso echar los sacos abajo. Una vez adentro todos cargaron a la bayoneta.  Arrancaron unos cincuenta cholos, pero todos fueron muertos a bala, i los que hicieron resistencia adentro, corrieron la misma suerte. 

"Yo hice, -añade el sincero niño,-una escapada mui grande; cuando arrancaron esos cincuenta cholos, dos subtenientes i yo seguimos a los derrotados que siempre hacían fuego: haría un segundo que habíamos salido del castillo cuando estalló el polvorazo. Muchos murieron allí i los soldados, con rabia por la explosión, no perdonaron a ninguno.  Yo hice mucho por salvar a uno, pero fué imposible: apenas miré para un lado le dieron un garrotazo en la cabeza que lo mataron inmediatamente. Daba horror ver el fuerte Ciudadela: de quinientos que había allí no escapó ninguno; estaban amontonados los cadáveres."

V. 
I dándose cuenta de sus propias impresiones, como soldado bisoño que entraba al fuego por la primera vez, decía en seguida de si mismo el bravo subteniente: 
"Yo creía que darían su poco de susto las balas, pero me he convencido de lo contrario. En el campo de batalla se mira con desprecio la muerte; nada impresiona: se mira un muerto como una piedra, i hasta se conversa en medio de las balas."

VI. 
Alberto Riquelme había quedado señalado desde Arica para los asaltos. Cúpole, en consecuencia, marchar sobre Ate el 9 de enero de 1881, habiendo sido promovido en la víspera al mando de su compañía en calidad de capitán. 

"El 8 del presente, -escribía  a este propósito uno de sus camaradas del 3.° (el capitán Vera), i desde Pachacamac, con fecha 12 de enero, víspera de Chorrillos i de su postrer asalto,- a las 3 P.M se tocó llamada en el rejimiento i acto continuo se dió a reconocer como capitán de la 4.° compañía del 2.° batallón a Alberto; en seguida toca la corneta derecha i redoblado, i marcha nuestro cuerpo en unión de otros a expedicionar en el valle de Ate" 

Entrando en seguida en la relación del encuentro, el mismo oficial así decía: 

"No me extenderé en contarle lo que allí sucedió, porque cuando ésta llegue a su poder ya lo sabrá con detalles, pero si le diré que el valiente capitán Riquelme tuvo que atacar con su compañía de frente a las trincheras; hizo desalojar al enemigo, que era mayor en número, i lo derrotó completamente; todo en presencia de uno de los jefes del cuerpo, por lo que le ha cabido una recomendación de parte del comandante. 

"¿Cabría  mejor diana? Por esto toda la familia debe beber una copa a la salud de su valiente representante, i desde aquí los acompañaremos de memoria..."

VII. 
Fue el reconocimiento de Ate el segundo asalto del capitán  Riquelme, i en cuanto al tercero en que perdiera gloriosamente la vida, al lado de su compañero de promoción en la víspera, el bravo Serrano, un diario de aquel tiempo (I) refirió su temprana inmolación de esta manera: 

"El capitán Riquelme opinó entonces por el ataque de la estación, que era de donde les llovía el fuego. 
"Una alta pared les cerraba  el paso, i los soldados, con el temor a lo desconocido, titubeaban en saltar, entonces Luis Alberto Riquelme quiso darles el ejemplo: saltó, i, apenas arriba del muro, cayó: una bala que le había entrado por el ojo izquierdo i destrozado el cráneo, le había muerto instantáneamente".

(I) EL INDEPENDIENTE del 9 de marzo de 1881 en un articulo biográfico publicado por don E. Nercaseau Morán. 

VIII. 
Interpretando los sentimientos de sus compañeros de armas delante de aquel cadáver de un niño, en cuya frente parecía todavía retozar la vida, uno de sus camaradas, jefe a la sazón en el ejército, en carta de duelo dirijida a la familia del héroe malogrado, se expresaba en los términos que aquí, de su enlutada orla extraemos, i así dicen: 

"En medio de los alegres vítores que lanza Chile entero por la entrada triunfante de sus armas en la capital peruana, se ven hermosas lágrimas que pagan un tributo amoroso a los incomparables bravos que dieron su vida para cimentar con su sangre la pirámide de granito sobre que descansa la grandeza de Chile. 

"Hoi ha tocado a su familia contribuir también con su sangre para la gran victoria de la patria. Alberto, todo un hombre con la corteza de un niño, no tuvo la  suerte de sobrevivir a la espantosa batalla de Chorrillos. Cayó con cien valientes más, pero como caen los chilenos: cargando al enemigo. 

Como compañero del sereno capitán Riquelme, lanzo un  viva a Chile sobre su gloriosísima tumba; como su  amigo de tanto tiempo, acompaño mui sinceramente a la familia en su justo duelo" (2).

(2) Carta del comandante don M. R. Barahona a la señorita Ana I. Riquelme.- Lima, febrero 6 de 1881.


IX. 
Pero el capitán Riquelme tenía merecido un honor todavía más levantado que el que aquí le tributamos, i fue aquel el de que su propio jefe escribiera militarmente, como si fuera con la punta de su espada, su lacónica hoja de servicios, concebida en los términos que vamos a copiar i dirijida al padre del inmolado adalid, que a su vez, en su mocedad, había sido jefe superior del coronel del 3.°  de linea don  José Antonio Gutiérrez, "el bravo entre los bravos." 

"Poco después,-decía el último, contando a su antiguo jefe las hazañas de su hijo, -poco después de la batalla de Tacna, en que nos hallamos presentes, le tocó a mi rejiniiento atacar el fuerte Ciudadela en Arica: usted que es militar,  usted que se encontró entre los valientes del Puente de Buin, comprende lo que es atacar posiciones inexpugnables con fuerzas casi iguales i a pecho  descubierto; pues bien, en ese ataque el capitán Riquelme  me hizo decir estas palabras:- "¡Este joven es digno de su padre!"

"En un reconocimiento practicado en Ate por todo mi rejimiento, un batallón del Lautaro, cien hombres del Buin i cien de caballería con cuatro piezas de artillería, no sólo él reconoció las posiciones, sinó que desalojamos de todas ellas a los enemigos, dejándoles más de treinta muertos. En ese encuentro, que bien merece los honores de batalla, se portó Riquelme mui bien, tocándole a su compañía desalojar a la infantería enemiga de sus trincheras. 

"En la batalla de Chorrillos fué muerto a inmediaciones del pueblo, batiéndose con fuerzas superiores  i parapetadas en las casas. Su hijo, señor, murió como mueren los valientes al pie de los muros enemigos" (3). 

¿I cuántos en el nobilísimo ejército de Chile no habrían envidiado aquel glorioso fin así contado? 

(3) Carta del coronel don. J.A. Gutiérrez al teniente coronel don José Antonio Riquelme.- Lima,  febrero 25 de 1881. 

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Texto e imagen tomado del Álbum de la gloria de Chile, Tomo II, por Benjamín Vicuña Mackenna

Saludos
Jonatan Saona

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