miércoles, 18 de abril de 2018

Parte de Pantaleón Fernandini

Parte del capitán de fragata Pantaleón Fernandini sobre el bombardeo en Mollendo

Mollendo, Abril 20 de 1879.
Señor C. A. Comandante General de Marina.


En contestación al estimable oficio circular de V. S. fechado en 16 del presente, tengo el honor de decir a V. S. que desde el día de la declaratoria de guerra contra nuestra república, poco o casi nada ha sucedido en este puerto, con excepción de la salida de tropas de los súbditos chilenos hacia el Sur, hasta el 17 del corriente, en el que a las cinco de la mañana se pusieron a la vista de este puerto y arribaron media hora después los buques de la armada chilena Cochrane y Magallanes, procediendo inmediatamente a desprender botes con gente, los cuales, cuando creíamos que vendrían a tierra con algún parlamento, pasaron inmediatamente a recorrer los buques en este fondeadero, llevándose al costado del Cochrane una lancha con mercaderías del buque francés “Marie” y otro con carbón del buque inglés “Clyde Vale”, las cuales fueron descargadas en el mencionado Cochrane.

En este estado se desembarcaron dos capitanes y comunicaron el habérseles intimado salieran de la bahía en el término de cuarenta y ocho horas, ordenando a los capitanes de los buques cargados de huano que se fueran a las costas de Chile, con la advertencia de que podían disponer del huano, puesto que el comodoro Simpson se los regalaba.

Así estábamos cuando principiaron a cortar las boyas y barrenar todas las embarcaciones menores hasta las más pequeñas que se hallaban en las boyas del fondeadero. El pueblo entonces, que ya se había armado por si pretendieran un desembarco, puesto que no hay en este puerto ningún individuo de tropa, estando ya casi concluida su obra de destrucción y viendo muchos de ellos destruir sus propiedades, movidos por el entusiasmo o indignación, mucho tiempo reprimidos, hizo fuego sobre las embarcaciones enemigas, haciéndolas refugiar en su buque, siendo contestados primero de los botes con balas de revolver y de rifle y después con ocho cañonazos disparados por el blindado sobre la población, sobre el muelle y los almacenes fiscales, sin haber recibido felizmente ninguna avería personal en nuestra parte; y resultando en la parte contraria, según declaración del comandante Simpson al cónsul inglés, un muerto y dos heridos en los botes; mas según los capitanes de los buques que han tenido mejor ocasión de saber, por haber estado más inmediatos son como seis o siete entre muertos y heridos.

Calmaron los fuegos y entonces pudo el cónsul ingles señor Robilliard ir a bordo de los buques chilenos con el objeto de indagar hasta donde se extenderían sus hostilidades sobre este puerto, y contestaron que todas sus hostilidades se reducirían a las ya efectuadas y a impedir el embarque de tropas bolivianas, de las que tenían conocimiento iban a salir de este puerto al Sur; remitiendo además una nota con el mismo señor cónsul, cuyo contenido y contestación se encuentran en el periódico que tengo el honor de remitir a V. S. con el presente oficio.

En todo el tiempo transcurrido desde las siete de la mañana hasta las cuatro de la tarde, había sucedido lo que llevo relacionado, a cuya última hora llegó el vapor del Sur, al que no pudo salir a recibir el que suscribe por este motivo desembarcado y embarcándose los pasajeros en botes del mismo vapor.

Llegada la noche del mismo día, se hicieron los buques enemigos a la mar hacia el N.O. a continuar las observaciones.

Al día siguiente volvió el blindado a la bahía y pasando por sí mismo por cada buque, hizo cambiar de fondeadero a los buques nicaragüenses “Juana Luisa”, “Salvador Vidal”, “Monroy” y “La Plata”, los dos primeros cargados de huano, otro de harina y el último de carbón, saliendo a continuar nuevamente su crucero el mencionado buque durante el día.

En la tarde volvieron a entrar los dos, y tomando de remolque a los buques “La Plata” y “Monroy” salieron hacia el Norte. Sabiéndose por el vapor “Itala” que pasó ayer al Sur, que habían echado a pique al buque “La Plata” con su cargamento de carbón, a cañonazos, cuyo estruendo se dejó oír en la mañana de ayer en este puerto.

En todo el mismo día de ayer se han divisado con antejos y a gran distancia a los dos buques, haciendo sus observaciones en el horizonte.

Esta es toda la relación que puedo mandar a V. S. por hoy, de lo ocurrido en el puerto de mi mando, cuyos hechos, como verá V. S., ha sido imposible evitar, habiendo hecho todo lo que ha estado a mi alcance en el cumplimiento de mi deber.

Dios guarde a V. S.
(Firmado) Pantaleón Fernandini.”.

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Saludos
Jonatan Saona

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