miércoles, 21 de febrero de 2018

Acuchimay, la otra cara

ACUCHIMAY: La otra cara de la batalla. (*)

Introducción.-

El 22 de febrero de 1882 fue una época para el olvido. Dos fuerzas peruanas, las del General Andrés A. Cáceres y las del Coronel Arnaldo Panizo se enfrentaron en plena guerra, teniendo al enemigo en nuestro territorio.

La mayoría de historiadores civiles y militares, exceptuando a Jorge Basadre y algunos otros, han escrito este incidente obviando los testimonios de los contrarios para mostrar una versión parcializada, justificando así acciones poco difundidas.

El presente trabajo intentará explicar desde otra óptica los hechos como fueron, teniendo a la vista documentos originales, algunos, nunca antes mostrados.

Panorama nacional de enero a noviembre de 1881.-


Para comprender el incidente de Acuchimay es vital entender el caos político que vivía el país en esa época. 

Después de la derrota de Miraflores, Piérola se retira con sus oficiales a la sierra. Para ello decreta en Chocas como lugar de residencia de gobierno “donde se encuentre el Jefe Supremo y su Secretario General”. Asimismo divide el país en 3 jefaturas políticas y militares: La del Norte al mando del contralmirante Lizardo Montero, el Centro a Juan Martín Echenique y el Sur a Pedro Alejandrino del Solar.

Paralelamente en Lima, el Jefe Supremo recibe una carta del Alcalde de Lima, Rufino Torrico comunicándole que una junta de notables deseaba visitarlo para explicarle las condiciones de abandono en que se encontraba la Ciudad. En realidad Chile comenzaba a presionar a la gente de Lima para negociar la paz según sus intereses y por ningún motivo negociarían con Piérola ya que sabían, entre otros motivos, que no cedería territorio y a cambio otorgaría una indemnización económica al vencedor.

El ejército de ocupación impone cupos a las personas más adineradas de Lima a fin de acelerar el proceso de un nuevo gobierno que cumpla con sus intereses. Resultado de ello el 18 de febrero se celebra la primera junta de notables y eligen al General La Puerta pero se niega a aceptar el cargo de Presidente. El 22 se celebra otra junta y eligen a Francisco García Calderón, Presidente Provisorio. Chile ve con buenos auspicios esta elección porque abrigaban las esperanzas de obtener al fin la paz bajo sus condiciones de una forma rápida.

Tenemos, entonces, dos gobiernos: el de García Calderón apoyado por Lima y Chile y el de Piérola apoyado en ese entonces por la mayoría de la población.

Surgen protestas en todas las jefaturas políticas y prefecturas del país por la elección de García Calderón, pero la figura no cambia.

Para ese mismo mes Piérola asciende a Cáceres a General de Brigada en mérito a sus actuaciones en San Juan y Miraflores y en abril Cáceres se pone a sus órdenes. El 25 de Abril es nombrado Jefe Político Superior de los Departamentos del Centro en reemplazo de Juan Martín Echenique y en mayo Piérola establece su gobierno en Ayacucho.

Plan de contra ataque peruano boliviano.-

Sobre esta estrategia históricamente no se ha dicho casi nada y por el contrario se ha procurado ocultar. De otra forma, la figura de dividir el país en 3 jefaturas sin un plan establecido tendría como finalidad el mostrar otro desacierto de Piérola.

El Teniente Coronel, Celso Zuleta en su conferencia publicada en el “Boletín de Guerra y Marina” del 01 de julio del año 1909 indicó detalladamente este plan. Como réplica, el Mayor Alejandro Montani publicó una carta aclaratoria en la misma revista, intentando desmentir este plan exponiendo una respuesta del general pero existen otros documentos y testimonios que indican su existencia, el cual tuvo conocimiento Cáceres. Uno de ellos lo podemos encontrar en el archivo documental de la Biblioteca Nacional, una carta oficial que le escribe Juan Martín Echenique y Juan Francisco Ramos al coronel Belisario Suárez, fechada en Abancay, Noviembre de 1881. Otro documento fue el decreto de dimisión del 28 de noviembre de 1881, el cual nunca fue desmentido.

El plan expuesto era el siguiente: Calculadas las jornadas y demás circunstancias, el Gral. Campero saldría de La Paz con su Ejército, sobre Tarapacá, con el fin de quitarle a Chile la Caja Fiscal, destruyendo cuantas salitreras hubiese en pié.

El Dr. del Solar emprendería marcha sobre Tacna y Arica, con el Ejército de su mando. Los del Ejército del Sur emprenderían la marcha a unirse con el Ejército del General Cáceres, en La Quebrada, y el General Montero, limpiaría los Departamentos de su mando de fuerzas chilenas.

Para llevar a cabo este plan Piérola viaja a Bolivia. Envía emisarios a comprar armas a Argentina, se establecen las juntas preparatorias para dar una figura constitucional al Gobierno de Ayacucho a fin de proseguir con las negociaciones pero Chile solo reconoce al de García Calderón y en este panorama habría que agregar un factor externo y es la intervención norteamericana. El ministro de los Estados Unidos en el Perú, Mr. Stephen Hurburt influyó en el ánimo de los peruanos el obtener la paz sin cesión territorial.

Piérola llega de Bolivia, se establece la Asamblea Nacional y después del discurso del 28 de julio dimite como Dictador. Al día siguiente, la Asamblea Nacional lo elige Presidente de la República, dando así forma legal al nuevo gobierno. Aurelio García y García, Secretario de estado, comunica al cuerpo diplomático la elección pero los Estados Unidos lo desconoce.

Con fecha 16 de agosto de 1881, el General Cáceres envía una carta de felicitación y lealtad por haber sido elegido Piérola, Presidente de la República “…yo no puedo más que congratularme, en muy alto grado, al ver tanto la espontaneidad como la virtud resplandeciente y por tanto felicitar a V.E., muy sinceramente como así mismo al país por tan acertada disposición legislativa.
Por mi parte centuplicaré mis esfuerzos hasta donde me sea posible para secundar las elevadas miras de V.E., propendiendo a la salvación nacional en cuanto me lo permitan mis facultades…”

Volvamos al tema del gobierno de García Calderón. En el lapso que ejercía la presidencia, con la venia del ejército de ocupación, no vaciló en enviar emisarios y cartas a todos los jefes políticos superiores con el fin de “unificar el país”. La empresa no tuvo éxito sino hasta el 07 de Octubre, cuando en Arequipa se subleva a favor de su gobierno el Coronel José la Torre. Irónicamente Patricio Lynch, Jefe de la ocupación chilena había ya disuelto el gobierno provisorio porque, coincidentemente, en este punto, García Calderón tampoco iba a firmar la paz con cesión territorial.

El 3 de Octubre el contralmirante Lizardo Montero también desconoce a Piérola y acepta el puesto de Vicepresidente, influenciado por el trabajo de Hurburt sobre la paz sin cesión de territorios y la demora en la compra de armamento.

Piérola reorganiza el Sur suprimiendo la Jefatura Política y Militar, convirtiéndola en Comandancia General, dejando en el cargo al coronel Arnaldo Panizo quién recién por estas fechas se ponía sus órdenes por haberse escapado de la vigilancia chilena en Lima. Al contrario de lo que dice la historia, es recién en este momento que aparece en el panorama el coronel Panizo. El 29 de Octubre lo nombra Comandante en Jefe del Ejército del Sur.

El coronel Panizo y el General Cáceres eran de la firme idea de no aceptar bajo ningún pretexto al gobierno de García Calderón, al que calificaban de títere.

El 6 de noviembre García Calderón es llevado preso a Santiago y Lizardo Montero ocupa su lugar. En este lapso Piérola, con la finalidad de poner al tanto de los planes y asegurar la unidad, viaja a Chosica a reunirse con Cáceres. En Tarma se entera que el General lo había desconocido pero sin reconocer a García Calderón. Piérola, ya sin apoyo dimite en un decreto de tono duro, ordenando a las fuerzas que le obedecían ponerse a las órdenes de Cáceres.

Nueva situación.-

Tenemos, entonces, a dos ejércitos con una misma idea: no aceptar de ninguna forma al gobierno de García Calderón (GC). Si bien Panizo no vio con buenos ojos el desconocimiento de Cáceres a Piérola, cumplió con el decreto del último ya que se suponía tampoco iba a aceptar al de GC, como aparentemente lo demostraría en cartas anteriores. Cáceres envió una carta al Ministro Hurburt comunicándole el firme propósito de convocar a una asamblea donde se pueda elegir al Jefe Supremo.

El 09 de diciembre Cáceres ordena a las fuerzas del Sur comandadas por Panizo su movilización al cuartel general en Huarochirí. Panizo ordena al Prefecto de Ayacucho, Benigno Samanéz, proveer de todos los materiales y alimentación para la movilización del Ejército del Sur. Envía cartas a los coroneles Ibarra, Suárez Moreno y La Torre a plegarse al ejército del Centro.

Cuando todo estaba listo para la movilización ocurrieron varias deserciones, entre ellas las del coronel José Barredo y en Abancay la de medio Regimiento “Dos de Mayo”, dejando la plaza de Ayacucho sin recursos para la movilización. Este hecho fue comunicado a Cáceres a su debido tiempo y el 30 de Diciembre de 1881 dicta nuevas órdenes al Coronel para su traslado pero esta vez hacia Huancayo debido a tres factores: la epidemia de tifoidea que había en su ejército, las constantes deserciones nocturnas y la persecución que el ejército chileno había iniciado contra el Ejército del Centro.

Paralelamente a esta comunicación le había llegado a Panizo una misiva de Belisario Suárez comunicándole el reconocimiento del general Cáceres al Gobierno de García Calderón.
Panizo escribe al Jefe Político y Superior del Ejército del Centro una carta personal exponiendo su extrañeza y reafirmando que si eso era cierto, él y los suyos se retirarían a sus casas para no formar parte de una guerra interna.

La respuesta del General Cáceres el 02 de enero de 1882 fue muy clara:

“...Tengo en mi poder su muy estimable fecha 2 del presente; y por ella me he impuesto de los temores infundados que abrigan UU. por allá. Me dice U. que corre con insistencia, la voz de que aquí tratamos de aceptar como gobierno al de la Magdalena, y que al ser cierto esto, está usted resuelto, así como los Jefes que le obedecen, a retirarse, por completo, a sus hogares.

Esta decisión de U. y los suyos les honra sobremanera y crea U. que semejantes rumores carecen de fundamento. Bien notorio es que el país entero rechaza indignado, un gobierno nacido al amparo de las bayonetas enemigas y rodeado de un grupo de malos peruanos que en su obcecación están escarneciendo al Perú en su agonía…” “…Es verdad que el grupo de Lima trabaja porque nos pleguemos al gobierno de García Calderón, asegurándome que la intervención americana es un hecho, pero que el Gobierno Americano sólo espera la unificación del Perú, bajo el régimen constitucional, para conseguir de Chile una paz sin cesión de territorio. Yo bien se que esto es una celada, contra la cual es preciso vivir prevenido, deseche U. pues todo temor a este respecto y si como U. me dice en sus anteriores, es ineludible la unificación del país, tenemos mejores medios para conseguirlo, en Junta de Gobierno, que, como lo tengo dicho, me preocupa vivamente…”

Con esta respuesta queda claro el objetivo común pero la intervención del plenipotenciario Hurburt, influyó, tal vez, en el cambio de decisión el General y el 24 de enero decide reconocer a García Calderón sabiendo que estaba preso en Santiago desde el 06 de noviembre, y tuvo conocimiento de este hecho desde el 18 del mismo mes de noviembre por carta del Secretario General del Estado, comunicándole que a raíz de la prisión de GC. el contralmirante Montero asumía la presidencia de la república.

Al margen de lo que puedan indicar las memorias dictadas por Cáceres a Julio C. Guerrero y su hija Zoila Aurora, Panizo tuvo toda la disposición de movilizarse desde la primera orden recibida. Cáceres tuvo conocimiento perfecto de ello y que por razones de espacio en la revista no podemos explayarnos mejor

El problema principal entre Panizo y Cáceres fue la diferencia de ideas. Los dos tenían como objetivo combatir al gobierno de García Calderón pero los constantes cambios de opinión del General mermaron la confianza de Panizo y más cuando él era enemigo de todo motivo político. Para una mejor comprensión mostramos los cambios de decisión del General Cáceres en el periodo 1881 y 1882:

1). Acepta los títulos otorgados por Piérola
2). El 16 de agosto de 1881 lo felicita por su nueva elección como Presidente.
3). El 25 de Octubre protesta por las defecciones del Norte y Sur, tildando de traidores a los de Magdalena.
4). El 24 de Noviembre desconoce a Piérola pero sin reconocer a García Calderón.
5). El 23 de diciembre de 1881 escribe una carta a Panizo afirmando su posición de combatir a García Calderón.
6). El 21 de enero reconoce a García Calderón pero sin perder los títulos otorgados por Piérola.

La noticia del reconocimiento oficial al gobierno de Magdalena llega a Ayacucho el 24 de enero de 1882. Panizo inmediatamente renuncia al mando de la Comandancia, permaneciendo en su puesto hasta que el General designe su reemplazo.
“…En tal virtud, espero que VS. en el término de la distancia se digne mandar el Jefe que debe reemplazarme, y aceptar mis servicios como último soldado, en el único caso de tener que combatir con el Ejército chileno...” (Feb. 02/1882)

“…No dejaré de hacerle recordar que desde mi primera carta hasta la última que le he dirigido, en todas ellas, le he hecho ver con la mayor franqueza que jamás me uniría a la causa de la Magdalena, por lo que no ha debido Ud. creer nunca, ni suponer siquiera que yo pudiera variar de opinión, sin causa que pudiera ser justa; y es por esto que antes de ahora he pedido a Ud. mi relevo y que por medio de oficio vuelvo a renunciar irrevocablemente…” (Feb 05/1882).

En este aspecto, Cáceres, según su versión, critica la actuación de Panizo. Alega haber enviado al coronel “…Remigio Morales Bermúdez; pero cuando este jefe solicitó, el 15 de febrero, la marcha de la división, Panizo declaró que ni él ni los jefes que estaban a sus órdenes, reconocían al régimen provisional a que me había adherido…”. Otra inexactitud de las memorias ya que un amigo de Cáceres, el Sr. Manuel Brañez, después de sostener conversación con Panizo le escribe desde Ayacucho el 13 de Febrero de 1882, estando el coronel Morales Bermúdez ya de Prefecto: “…El señor Coronel Panizo, a pesar de mis instancias en dos conferencias habidas conmigo, no acepta por su parte el orden de cosas actual; pero que no se opone a él y espera a VS. para entregarle las fuerzas y retirarse después…”

Aquí es necesario aclarar: El hecho que el General Cáceres haya reconocido a un gobierno, no obliga al Coronel Panizo reconocerlo puesto que no existía un gobierno legal.

La Batalla

Cáceres cuidó mucho de no dar aviso a Panizo de su venida a Ayacucho. El Ejército del Sur firma un acta desconociendo a Cáceres. Panizo no la firma, cumpliendo su palabra de esperar su reemplazo, pero se la remite.
El 18 de febrero ocurre el desastre de Julcamarca, perdiendo Cáceres gran parte de su tropa por muerte y deserciones. Panizo “apresa” a Morales Bermúdez y lo hospeda en su casa. El 21, Cáceres llega a Ayacucho con la intención de sorprender a Panizo. Se arma a la población de Carmen alto. El 22 por la mañana Panizo se entera que las fuerzas de Cáceres están en formación de batalla. Concentra sus fuerzas en la plazuela de Santa Ana. Comienzan los disparos por la zona de Carmen Alto y las fuerzas de Panizo se movilizan hacia las alturas del cerro Acuchimay.

Citemos lo que nos dice el historiador Jorge Basadre sobre esta batalla:

“…Al aproximarse Cáceres a Ayacucho con sus diezmadas huestes, parte de las indiadas de esa ciudad, las del barrio de Carmenca, se le unieron. Panizo ocupó las alturas del cerro de Acuchimay. Los disparos anunciando el combate entre peruanos, en medio de la guerra contra el enemigo común, empezaron el miércoles de ceniza el 22 de febrero de 1882 al combatir las fuerzas de Cáceres contra las que bajaron del cerro; una y otra parte se inculparon por haberlos iniciado. Al empezar la refriega un batallón se sublevó a Panizo matando al coronel Rivera Feijoo y al segundo jefe, Comandante Zagal y dispersándose en seguida. Empezaron también a escucharse descargas en la población.

Cáceres escaló a caballo el Acuchimay con su escolta. Cuenta un testigo de lo que entonces ocurrió por haber pertenecido al bando de Panizo, el coronel Juan Vargas Quintanilla (en carta publicada en el opúsculo El coronel Arnaldo Panizo y el Combate de Acuchimay), que este no quiso disparar en esos momentos porque dijo: “Al fin es general peruano”. Después de breves palabras con mutuas recriminaciones, sigue narrando Vargas Quintanilla, diversos jefes, oficiales y soldados adversarios habían ya subido al Acuchimay a rendirse. Según Cáceres en sus memorias, después de escalar el cerro y al encontrarse frente a Panizo que estaba rodeado de otros jefes y oficiales, 300 individuos de tropa formados en columna y 4 piezas de artillería, alcanzó a ver a un corneta que había servido a sus órdenes en Tarapacá y le dijo: “¿También tu traicionas a tu general?,. ¡Viva el Perú! El soldado repuso: “Nos han engañado general” y dio también un estentóreo viva el Perú coreado por la tropa que así se plegó al caudillo. Las fuerzas de Cáceres no llegaban a 500 hombres; Panizo había estado mandando a unos 1500 (22 de febrero de 1882). Panizo y algunos de sus jefes fueron sentenciados por un consejo de guerra; pero Cáceres los hizo poner en libertad…” “…Parece que el plan de este caudillo (Cáceres) consistió en que parte de sus huestes aparentara que se rendía para de esa manera rodear a Panizo y deponerlo mediante un golpe sorpresa...”…” En el caso de Panizo no hubo el obedecimiento a las órdenes de una autoridad suprema. Combatiente pundonoroso en las campañas de acababan de efectuarse, fugado de Lima para ir a la sierra, su actitud no era de pacifismo ante los chilenos. Carecía por otra parte de ambiciones políticas…”…”En suma, este desgraciado episodio, en el que no hubo ánimo nefando, es una expresión de las lamentables consecuencias de la quiebra del Estado organizado que se había producido en el Perú y de la confusión espiritual que desconcertaba a muchos peruanos de buena fe en aquella época patética…”

Concordamos con algunas apreciaciones de Basadre pero a la luz de los documentos Cáceres nunca perdonó a Panizo el que no se plegara a sus constantes cambios de opinión. Panizo desde el primer momento tuvo las ideas claras con respecto al gobierno de García Calderón “…no ha debido Ud. creer nunca, ni suponer siquiera que yo pudiera variar de opinión, sin causa que pudiera ser justa; y es por esto que antes de ahora he pedido a Ud. mi relevo y que por medio de oficio vuelvo a renunciar irrevocablemente…”

Panizo lo esperó y hasta el último momento tuvo la franqueza de comunicar que su ejército, el cual ya no podía controlar, lo había desconocido. El no firmó el acta pero se la remitió encarándole las consecuencias de sus actos.
La historia la escribe los que ganan y sobre este hecho en particular echaron al olvido injustamente al coronel Panizo, militar que nunca fue borrado del escalafón y fue invitado posteriormente en el gobierno de Remigio Morales Bermúdez a ocupar el cargo de Ministro de Guerra y Director de la Escuela Naval Militar, declinando por oponerse a sus ideales.

¿Quién fue el Coronel Arnaldo Panizo?.

Fue hijo del Almirante Juan José Panizo y Talamantes, héroe naval asesinado durante la revolución de Prado y Montero el 24 de junio de 1865. Ingresa a la Escuela Naval Militar el 8 de Enero de 1856. Participa en la ocupación de Ecuador como Sub Teniente de la 1a. Cía. del Batallón de Artillería de Montaña y como Sub Teniente en la 3ra. Cía del Escuadrón Volante a mando del Coronel Francisco Bolognesi. Contribuyó a recuperar el cuartel de Sta. Catalina durante la revolución de los hermanos Gutiérrez.
Durante la guerra con Chile fue Jefe de las Fortificaciones de Arica. Se construyeron y artillaron bajo su mando los fuertes “Santa Rosa”, “San José” y “2 de Mayo”, uniéndose por una línea de fortificaciones pasajeras. Fue primer jefe de las Baterías del Norte. Combate el 27 de Febrero de 1880 contra el monitor “Huascar” y corbeta “Magallanes” como Comandante General de Artillería de Campaña y nombrado Jefe de la Plaza por ese día. Combate el 17 de Marzo mandando las baterías del Norte como Comandante General. Contribuyó al desbloqueo del puerto y al escape de la Corbeta “Unión”.
Participó en la Batalla del Alto de la Alianza el 26 de mayo como Comandante General de Artillería comandando el ala izquierda de la línea llegando a salvar 2 cañones, 1 ametralladora, el parque sobrante y 36 artilleros, dejándolos en Puno.
Fue nombrado Comandante General de las Baterías de Chorrillos y Miraflores. Organizó y actuó en la Batalla del 13 de enero, comandando las baterías Mártir Olaya, Provisional y Marcavilca. Fue el real defensor del Morro Solar, último bastión de la defensa peruana, resistiendo en la batería principal hasta las 2:10pm. Injustamente la historia nombra al coronel en ese entonces, Miguel Iglesias, como defensor del Morro cuando lo fue en Chorrillos y fue apresado alrededor de las 12 del medio día. Iglesias nunca pisó la cima del Morro Solar. Fue Panizo junto con sus artilleros que lucharon sobrehumanamente desde las 12 hasta las 2:10pm, sin rendir el Morro.

Llegamos al final de esta exposición no sin antes consignar un acápite de carta anónima publicada el libro “Guerra del Pacífico” de Pascual Ahumada Moreno (1889). Tomo VI página 448, que grafica lo sucedido en esa época y nos da luces sobre el desenlace de la batalla de Acuchimay.

Es nuestra intención, como mencionábamos al principio, presentar la otra versión de los hechos y esperamos que en un futuro cercano, nuestros historiadores puedan ofrecer, así como en este suceso, un profundo estudio de la pasada guerra del 79 más acorde a la realidad, con fuentes a la vista, como debe ser, y libre de pasiones políticas que han afectado a tantos personajes hasta hoy olvidados.

Ayacucho, Marzo 1º. De 1882.

Querido amigo:

Aprovecho de la ida a ésa de un amigo para sacarte del cuidado en que estarás por las exageradas que allí deben correr con motivo de la batalla que tuvimos el 22 del pasado en las alturas de Cuchimain, entre nuestras fuerzas y las de Cáceres.
A consecuencia de que este General se adhirió al titulado Gobierno Provisorio, siempre por él desconocido, las fuerzas de Ayacucho suscribieron un acta negándole su obediencia, puesto que dejaba de ser Jefe Supremo y reconocido.

No podíamos tampoco reconocerlo como Jefe Político, porque la Constitución invocada por el Gobierno a quien debía obedecer no reconoce esos cargos, creados por la dictadura en fuerza de las circunstancias y en mérito de su omnímodo poder. Solo nos quedaba para proceder honrosamente, uno de dos caminos: o disolver las fuerzas, privando al país de ese elemento de defensa, con tanto trabajo acumulado, o reservarlas para ponerlas a disposición del Gobierno que se forme alguna vez y que sea fruto de la voluntad de los pueblos y no de motines de cuartel o de la violación escandalosa de la misma Constitución que se invoca para alcanzar un prestigio que nunca se obtendrá.

Nos decidimos por lo último procediendo con un patriotismo levantado y que la pasión política no comprende, pero al que se hará justicia cuando el tiempo pase y haga volver el juicio a nuestros conciudadanos.
Informado el General Cáceres de nuestra resolución, el que había huido del enemigo común perdiendo casi íntegro el ejército del centro, dirigió sus fuerzas contra nosotros, que no éramos aun amenaza para nadie, y aprovechándose de que era hijo de este pueblo y tenia muchas relaciones, hizo introducir armas y municiones a las haciendas y caseríos de los suburbios y decidió sorprendernos en la mañana del 22 pasado. Nosotros solo tuvimos noticias de su aproximación a las 8am, y mientras nos preparábamos y municionamos las tropas, se pasó una hora. Desfilamos a las 10, pero no sabíamos por donde nos traerían el ataque; mas al dejar el pueblo se sublevó éste con las armas que había recibido y nos comenzó a hostilizar por retaguardia.

A la 1pm. las guerrillas anunciaron la presencia del enemigo por el lado del Carmen Alto en son de combate. Entonces pasamos del cerro de Santa Ana al de Cuchimain, y allí tendimos nuestra línea. No bien había concluido esta operación, cuando se rompieron los fuegos muy nutridos, tanto de artillería como de infantería hasta las 5.30pm, durante tres horas tres cuartos.

Como el General Cáceres hubiese traído armas sobrantes, armó al pueblo de Carmen alto, y esta gente con las de las haciendas y la tropa que trajo, ascendía como a 3000 hombres. Nosotros teníamos 1200 escasos, y sin embargo, sufríamos fuego por vanguardia y fuego de la población por retaguardia; aquello era un infierno; y en medio de todo, lo más raro es que después de vencedores estamos prisioneros, debido a la generosidad del Coronel Panizo y su noble corazón.
Es el caso que se pasaron a nosotros, ya en la tarde, la mayor parte de los principales jefes y oficiales con tropa, las tropas con culatas arriba y los jefes implorando nuestra generosidad y tratándonos de hermanos. Panizo, al fin caballero, como lo es, no quiso inferirles el desaire de desarmar ni a los jefes, ni a los oficiales, ni a la tropa, y esperábamos que llegase el General Cáceres a rendirse, pues veíamos que también venía. Mientras tanto se fueron organizando a retaguardia de dos compañías del Batallón Libres, que mandaba en persona el intrépido Coronel Vargas, y también a retaguardia de la artillería, todos pasados con sus armas. Sube el General Cáceres y se pone a cuestionar con el coronel Panizo; los desleales pasados dan sorpresivamente el grito de ¡Viva Cáceres! y todo se vuelve un espantoso laberinto.

El coronel Vargas pudo mandar a hacer fuego, y habría castigado esa vileza; pero habrían muerto inevitablemente los coroneles Panizo y Bonifaz, y aun el mismo General Cáceres y sus demás jefes. Ante tan dura extremidad, y recordando que la guerra aun no ha concluido y que quizá son necesarias esas vidas para la salvación de la patria, el coronel Vargas prefirió entregarse como prisionero, convencido de que las victorias entre hermanos no son verdaderos triunfos y que era muy caro el precio de que él pudo obtener. Está, pues, preso por sus nobles sentimientos, y dice que no se arrepiente de haber perdonado la vida a los que se llaman sus vencedores.

Los que hemos sido honrados soldados y hombres de honor, estamos, pues, en una prisión. Nuestra culpa es no haber reconocido a un Gobierno que no lo fue jamás para los mismos que creen delito hoy nuestro modo de juzgar; que juzgaron ayer lo mismo que nosotros. Y se nos llama traidores, a los que solo hemos defendido la bandera de la patria y caído defendiéndola, por los que la han traicionado dos veces...

El resultado de tantos escándalos es la ruina del país, pues el ejército del centro y la magnífica división del Coronel Panizo casi no existe. Están reducidos a 500 hombres cuando más, porque todas las fuerzas se han dispersado. Así ha acabado este drama abominable, dejando una página de vergüenza en la historia de nuestras desgracias.

Fuentes:
- Documentos originales del Coronel Arnaldo Panizo. Colección JCFG.
- Documentos originales del General Andrés A. Cáceres. Colección JCFG
- Documentos originales referentes al Combate de Acuchimay. Colección JCFG
- Diario Oficial – Meses Junio a Octubre de 1881. Colección JCFG
- Guerra del Pacífico. Pascual Ahumada Moreno. Tomo VI. Biblioteca Nacional del Perú
- Revistas de Guerra y Marina. Conferencias del Tnte.Coronel Celso Zuleta. Hemeroteca del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú.
- Archivo Piérola. Caja del mes de Noviembre 1881. Biblioteca Nacional del Perú
- Memorias de la Guerra del 79. Julio C. Guerrero. Editorial Milla Batres (1973)
- El coronel D. Arnaldo Panizo y el Combate de Acuchimay. Colección JCFG.
- Historia de la República del Perú.Jorge Basadre.Tomo VIII, Pág. 377-379
- Partido Demócrata. Declaración de principios y documentos. 1950.
- Folleto “En guarda de mi Responsabilidad”. Coronel Panizo. Colección JCFG
- Legajo del Coronel Arnaldo Panizo. Caja No.12 Archivo del Cuartel Militar del Perú.
- Archivo Recavarren. Centro de Estudios Históricos Militares del Perú
- Conferencias del Teniente coronel Nicanor Beúnza.
- Archivo Histórico del Instituto de Estudios Histórico Marítimos del Perú.
- Los Generales Diez Canseco. Ernesto Diez Canseco (1950). Biblioteca Nacional del Perú


Juan Carlos Flórez Granda /SEHCAP
http://www.sehcap.org

(*) Artículo publicado en la revista del ejército peruano "Expresión Militar" No.29 del año 2007

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Artículo tomado del blog Rastros de Guerra

Saludos
Jonatan Saona

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