miércoles, 3 de enero de 2018

Parte de Lagos

Parte Oficial de Pedro Lagos

COMANDANCIA EN JEFE DE LA 3ª DIVISIÓN

Lima, Enero 31 de 1881
Señor :

En cumplimiento de las instrucciones verbales que recibí del señor General en Jefe el 12 del presente sobre el puesto o colocación que debía tomar la división de mi mando en la función de guerra que tuvo lugar el 13, pongo en conocimiento de US. la parte que le cupo desempeñar en dicha jornada y que relaciona el señor Jefe de Estado Mayor de la misma, sargento mayor de Ejército y teniente coronel de Guardias Nacionales movilizadas, don José Eustaquio Gorostiaga, y que a la letra es como sigue:

El infrascrito, Jefe de Estado Mayor de la 3ª División, tiene el honor de dar cuenta a US. de las operaciones que ha ejecutado la división de mi mando durante la batalla de Chorrillos, dada el 13 del corriente.


La división, compuesta de los regimientos Santiago, Aconca gua, Concepción, y de los batallones Naval, Caupolicán, Valdivia, Bulnes y una brigada de artillería de campaña, una de montaña, regimiento Carabineros de Yungay, Parque y Ambulancia, se puso en marcha del campamento de Lurín el 12 a las 6 ½ P. M. en busca del ejército peruano fortificado en San Juan y Chorrillos, llevando seis compañías guerrilleras de descubierta en columna por el flanco; cien metros a retaguardia seguía la columna de infantería compuesta de dos brigadas; a la derecha de ésta y en columna de maniobra marchaba la artillería con su primera sección a la altura de la cabeza de la columna de infantería; cincuenta metros a retaguardia seguía el parque y luego a otros cincuenta la ambulancia. Todo el cuerpo de Ejército iba resguardado por vanguardia, flanco y retaguardia, con descubiertas de caballería para dar a la división una marcha segura y tranquila.

A las 12 de la noche, la división llegó a la meseta de la Tablada, en donde se hallaba descansando la 2ª División, y seguimos avanzando hasta colocarnos a vanguardia de ella, en cuya situación se ordenó hacer alto para aguardar su paso. Permanecimos ahí hasta las 3 A. M., hora en que la segunda empezó a moverse. El momento de la acción se acercaba y la distancia que debíamos salvar para encontrarnos en el lugar preciso al comenzar el combate era todavía demasiado larga. La 2° división se movía con lentitud y como viniera ya el día se dispuso la marcha antes de que esta hubiera concluido su paso a vanguardia.

A las 4 ½ A. M., cuando aún no se distinguían los objetos, se rompió el fuego, hacia nuestra izquierda, del lado por donde avanzaba la 1a división. Era llegado el momento de entrar en línea de batalla y sin pérdida de tiempo dispuso US. acelerar la marcha, de las tropas para salvar la distancia que aún nos quedaba desde el Hollado, donde nos encontrábamos en ese instante, hasta la Pampa Grande, donde debía permanecer la derecha de nuestra línea.

Desembocando sobre Pampa Grande y estando ya bien claro el día, la columna hizo alto por orden de
US., teniendo a su frente el extremo izquierdo del cordón de alturas atrincheradas en que se parapetaba el enemigo.

A nuestra derecha y hacia vanguardia había un alto cerro cubierto de tropas peruanas que rompieron sus fuegos sobre la división. US. ordenó en el acto que las compañías guerrilleras al mando del mayor
graduado don Domingo Castillo, del regimiento de línea Santiago, tomaran al asalto aquella posición,
presentándose unas compañías de frente y otras por los flancos enemigos, lo que ejecutaron aquellas tropas con una precisión, denuedo y bizarría dignos de los mayores elogios, coadyuvando también con envidiable arrojo la 5° compañía del batallón Naval hasta poner al enemigo en completa fuga y apoderarse de la altura. En este brillante hecho de armas, que duró pocos minutos, se distinguió muy especialmente el mayor graduado don Domingo Castillo, alentando con la voz y con el ejemplo a las fuerzas que subían al asalto, y siendo de los primeros en llegar sobre la cima de aquel empinado cerro.

Vencido este primer obstáculo, la división avanzó de frente en la Pampa, por el camino que US. mismo iba indicando, apoyando la derecha de la 2° brigada, que marchaba al asalto del cordón de San Juan, donde el enemigo, oculto tras de trincheras hechas de anchos fosos resguardados con sacos de tierra ofendían impune mente nuestra línea, fue también vencido, pagando cara su resistencia. Como al ordenar US. a la infantería tomar por asalto esta trinchera, ordenó también que la brigada de artillería de campaña mandada por el comandante don Carlos Wood se colocara en la altura que había a la izquierda, y a la de montaña mandada por el comandante don Antonio R. González en la meseta de vanguardia, ambas brigadas rompieron sus fuegos con tan certeras punterías, dignas de la inteligencia y serenidad observadas por sus jefes, que la combinación de US. dio por resultado la completa derrota del enemigo.

Tomadas, pues, la línea de trincheras, los defensores en gran número huyeron despavoridos, y el regimiento Carabineros de Yungay con su comandante don Manuel Bulnes a la cabeza completó la obra con la brillante y enérgica carga que les dio hasta las inmediaciones de Monterico Chico, donde tuvo también que cargar la fuerzas que había de refresco.

Limpio el campo de enemigos en esta parte, que había sido confiada a la división del mando de US., y una vez que ésta hubo formado sus columnas, bajamos al llano de Pamplona, en donde el señor General jefe de Estado Mayor General ordenó hacer alto, para después de un ligero descanso marchar en refuerzo de nuestra izquierda que se batía tenazmente a la entrada de Chorrillos, después de haber roto las líneas peruanas en Villa y Santa Teresa. En este llano la división experimentó algunas bajas por explosión de minas y bombas automáticas que los enemigos habían infamemente ocultado en puntos por donde nuestras tropas debían indudablemente pasar. US. ordenó abandonar este campo, corriéndose hacia las alturas que teníamos a la izquierda. Eran las 8 ½ A. M., y toda la izquierda peruana había cedido el campo, quedando la resistencia reducida a la población de Chorrillos y a las alturas del Morro Solar que la dominan.

A las 9 ¾ A. M. el señor General jefe de Estado Mayor General dio orden de avanzar sobre Chorrillos. US. condujo aceleradamente la 2a brigada por el camino de la izquierda, que contornea el valle al sur este, a reforzar la 1a división, ya muy debilitada por un reñido combate de más de cinco horas batiéndose con fuerzas sólidamente atrincheradas, y la 1a brigada con la artillería al mando del señor coronel Urriola, que me ordenó la dirigiera por el camino que conduce directamente a la ciudad desde las casas de San Juan. De la 2° brigada, que marchando al fin a paso de carga, US. dispuso que el regimiento Santiago y los batallones Valdivia y Caupolicán ascendieran los cerros de Chorrillos para forzar las posiciones del Morro Solar. Dichos cuerpos y el resto de la brigada, tomando la falda de los cerros y sur de la ciudad, cargaron al enemigo con tanta energía en sus últimos atrincheramientos, que le, dio el más glorioso timbre de estrategia y valentía. Estas fuerzas eran mandadas por el teniente coronel don Francisco Barceló que marchaba a la cabeza. Aquí la 2° brigada quitó al enemigo el Morro con toda su fortaleza, un lujoso estandarte, varios cañones de diversos sistemas y calibres, parque de artillería e infantería, haciendo prisionero al ex-Ministro de Guerra, señor Iglesias, al Comandante general de Artillería señor Carlos de Piérola, todo el Estado Mayor compuesto de 27 jefes y oficiales y 1.500 individuos de tropa.

En esta acción se distinguió muy especialmente por su inteligencia y valor el comandante don Demófilo Fuenzalida, que, a la cabeza de su regimiento, tomó el Morro que tanto había resistido durante largas horas de combate.

Mientras esta brigada atacaba al enemigo, por la derecha, la 1° lo hacía por la izquierda en cumplimiento de las órdenes de US., poniendo en completa derrota las tropas que existían atrincheradas en el pueblo.

Contribuyó en gran parte al brillante éxito de la infantería la buena dirección y acertados, disparos de las brigadas de artillería mandadas por los comandantes Wood y González, los que obraron contra el Morro, contra las fuerzas del pueblo y contra la artillería colocada en plataformas volantes, que por la línea férrea llegaba de Miraflores, destruyendo sus fortificaciones y causando espantoso terror con las granadas que barrían los grupos enemigos.

La división entró en acción en esta, gloriosa batalla con 4.399 combatientes, sin incluir una brigada de artillería de campaña y el regimiento Carabineros de Yungay, y tuvo 198 bajas.

El parque, a cargo del sargento-mayor don Emilio Contreras, marchó siempre a retaguardia observando la distancia e instrucciones dadas por US.; y mediante a su buena dirección y cooperación de los ayudantes capitán Cruzat y teniente Santibáñez, pudo aun su ministrar municiones de infantería a la 1° división.

La ambulancia, dirigida por el inteligente e infatigable Dr. don Absalón Prado, correspondió siempre a las exigencias de la situación; y para su cuerpo médico y empleados deben haber sinceros aplausos de los que tan oportunamente fueron socorridos en momentos tan angustiosos.

Con orgullo digo a US. que mis ayudantes, sargentos mayores graduados don Carlos 2° Pozzi, don Matías González, don Telésforo Infante, teniente don Rolan Zilleruelo y subteniente don Pedro A. Carreño, como agregados el sargento mayor graduado don Félix Briones y por ese día el teniente don Ramón Saavedra S., son acreedores a las más justas recomendaciones por la puntualidad, destreza y serenidad que han observado, llevando mis órdenes a las mismas filas del combate. Es también acreedor a las mayores recomendaciones el sargento mayor don Daniel Silva V., por la precisión y serenidad con que me comunicó las órdenes de US.

En general, señor coronel, los señores jefes, oficiales y tropas de la división han cumplido estrictamente con las órdenes de US. ; y en mi puesto de Jefe de Estado Mayor me es grato significarles mi admiración y respeto por su abnegación y noble conducta en el campo de batalla.

Adjunto a US. los partes de los señores jefes de brigada, con inclusión de los cuerpos, relaciones de muertos, heridos y contusos, con más la nominal de los de cada uno se presentaron en la línea de combate.

Hasta aquí lo que manifiesta el señor Jefe de Estado Mayor, don José Eustaquio Gorostiaga y que tengo el honor de transcribir a US.

Este jefe ha llenado cumplidamente la misión y toda recomendación será insuficiente, atendido los importantes servicios que ha prestado durante el combate. También merecen muy especial atención los señores jefes de brigada, coronel don Martiniano Urriola y teniente coronel don Francisco Barceló, que se han colocado a la altura de sus puestos, igualmente que todos los jefes de los cuerpos que componían la división.

Asimismo mis ayudantes, sargentos mayores don Julio Argomedo y don Teodosio Martínez Ramos; capitanes don Enrique Salcedo y don Roberto Barañao y teniente don Orlando Lagos P., merecen mi especial recomendación por la puntualidad y valor sereno con que cumplieron todas mis disposiciones.

Los ayudantes, sargentos mayores don Daniel Silva V. y capitán don Alberto Gándara, del Estado Mayor General, que US. se sirvió agregar a mi división durante el combate, llenaron su cometido con el valor y patriotismo propios a nuestro ejército, dejándome completamente satisfecho.

Finalmente, recomiendo a la consideración de US. los individuos del Ejército que se mencionan en los distintos partes y relaciones que se mencionan en los distintos partes y relaciones que se incluyen.

PEDRO LAGOS
Al señor Jefe de Estado Mayor General

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Saludos
Jonatan Saona

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