viernes, 26 de mayo de 2017

Parte de Wood

Parte Oficial de Jorge Wood sobre la batalla del Alto de la Alianza

BATALLÓN CAZADORES DEL DESIERTO.
Campamento de Tacna, Mayo 30 de 1880.

Señor Coronel.
Ya que mi batallón se halla incorporado a la división de su mando, cumplo con el deber de darle cuenta de la parte que le cupo desempeñar en la batalla del día 26 del presente, en la altiplanicie denominada “Campo de la Alianza”, a inmediaciones de esta ciudad de Tacna.

En obsequio de la brevedad omito hacer relación de las diversas causas que colocaron a mi cuerpo en situación muy desventajosa entre los demás y que sería justo se tomaran en cuenta para apreciar debidamente su comportamiento en aquel día.

El batallón que en Ite presentaba un efectivo de 494 hombres de combate, solo pudo formar en línea 364, habiendo tenido que dejar 25 de guarnición en aquel punto, 80 en Buenavista, 20 empleados en el acarreo de provisiones para el ejército y 5 más que fue necesario enviar al Sur por enfermos.


En tales circunstancias, hallándose ya el ejército en marcha, recibí orden de incorporarme a la cuarta división, y en el momento de principiar la batalla tuvo V. S. a bien indicarme que mi misión era la de marchar en descubierta al frente de aquella, dejando a mi discreción y criterio obrar como mejor pudiera convenir sobre el extremo derecho de la línea de batalla del enemigo, que se apoyaba en un reducto con algunas piezas Krupp.

Mi misión aparecía, a mi juicio, muy bien indicada: debía avanzar unos 2.000 metros al frente de la división, extender mis alas todo lo posible para rebasar el flanco al enemigo, y dejar oportunamente claro el frente en batalla de aquella y luego, replegándome sobre mi izquierda, lanzarme resueltamente sobre el reducto y cogerlo por la gola si era posible.

Para recorrer los 18 kilómetros que mediarían entre mi punto de partida y la prolongación de la línea de batalla de nuestras fuerzas, me era necesario avanzar por la diagonal con mucha rapidez, al mismo tiempo que con mucha cautela, porque el terreno se presta para la ocultación de tropas en varias líneas paralelas y tuve que destacar una compañía en guerrilla a unos 500 metros a mi frente para que sirviese de descubierta a mi batallón, que a la vez hacia el mismo servicio al frente de la división.

El terreno era en extremo pesado y mi batallón hubo de esforzarse mucho para conseguir adelantarse 2.000 metros a la división, que emprendió su marcha de avance simultáneamente con aquel; a mas, el sol era abrasador y mi tropa que llevaba la desventaja de una larga jornada sobre el resto del ejército, experimentaba también las angustias consiguientes a la falta de agua en los momentos en que el enemigo le cubría con un fuego mortífero de artillería e infantería. El batallón exhibió, sin embargo, las más relevantes pruebas de disciplina: marchaba resueltamente al frente en orden disperso y retemplaba su espíritu lanzando altos vivas a Chile y a su jefe, y después de avanzar lo necesario, contestando los fuegos del enemigo, adelantó su ala izquierda y resultó rebasando por mucho el flanco derecho de aquel. Pero en esta situación vino a unirse a la falta de agua, la falta de municiones, las que se agotaron por completo.

V. S. sabrá apreciar debidamente tan crítico trance.

No vaciló un solo instante mi batallón, y obediente a mi voz, fijó la bayoneta y se lanzó con admirable resolución sobre el reducto, que fue desalojado con la punta de aquella arma temida.

En dicho reducto fueron cogidas 5 piezas de artillería de montaña, de las cuales 4 Krupp, y todas intactas; una considerable cantidad de municiones; 3 oficiales y muchos individuos de tropa prisioneros; 12 banderas, de las cuales una con la señal de guerra sin cuartel, pertenecía al regimiento 1º Daza; otra a un regimiento de artillería peruano y otra a uno boliviano, otra al regimiento de caballería Murillo que se batió desmontado defendiendo el reducto, y las restantes no conocidas aun, pero todas cogidas a viva fuerza en aquel punto.

Así cumplieron su cometido estos nobles hijos de la capital. Injusto sería si no aprovechara esta coyuntura para expresar, como lo hago, mi alta satisfacción y reconocimiento por la manera brillante como se han exhibido bajo mis órdenes, mereciendo el aplauso unánime de todos los que lo presenciaron.

No pasaré desapercibida la circunstancia de haber acompañado al batallón, en su avance, una compañía del regimiento Lautaro; la cual, hallándose oprimida entre la división y mi cuerpo, hubo de buscarse salida corriéndose hacia mi izquierda, y desplegó mucha audacia bajo las órdenes de su bizarro capitán don Bernabé Chacón.

Nadie pondrá en dada el hecho indisputable de haber sido la fuerza de mi mando la que tomó posesión del reducto, desalojando al enemigo de este formidable punto de apoyo.

Si el batallón no experimenta mayor número de bajas, debo atribuir al orden especial de desplegar en
tiradores que he ensayado con muy buen éxito y que le permite sacar ventaja de las armas modernas de rápido tiro, al mismo tiempo que le pone a cubierto de experimentar sus efectos en todo su rigor.

Cuando el ala izquierda de la cuarta división se hubo posesionado del reducto y rechazado al enemigo por aquel lado, éste principió a ceder terreno a punto de perder las ventajas que parecía alcanzar en otra parte; por esto es que cabe a aquella división un alto honor, que tiene necesariamente que refluir en pro de V. S. que lo manda.

Me es satisfactorio manifestar a V. S. que todos mis subordinados han cumplido con su deber de una manera muy honrosa; pero debo hacer particular mención en el teniente coronel don H. Bouquet, 2º jefe del batallón, que cayó herido al trasmitir una de mis órdenes; en el capitán don J. Parra, herido a la cabeza de su compañía; los subtenientes don R. Rahausen y don C. Whiley, y sargento 2º J. Kremer, que fueron los primeros en trepar el reducto. También merecen una recomendación especial el ayudante en comisión de este cuerpo, teniente de ejército don F. Monroi, el teniente don Santiago Vargas, que fue gravemente herido, y el de igual clase don R. Saavedra, este por la precisión y denuedo con que cumplía mis órdenes; también la merece el capitán ayudante del cuerpo, teniente de ejército don Clodomiro Pérez, que me acompañó de cerca durante mucha parte de lo más recio del fuego.

Temo haberme extendido ya más de lo que deseaba al dar cuenta a V. S. de los procedimientos del batallón, pero no terminaré sin hacer justicia a la dura prueba que soportaron algunos de mis subordinados los que quedaron de destacamento en Ite y Buenavista, al marchar sus compañeros a batir al enemigo. Con lágrimas de una cruel desesperación, hubieron de someterse a obedecer la orden que les privaba de satisfacer sus nobles aspiraciones de batirse también por la honra de su patria y de su bandera. En este número se hallan el capitán don A. Infante Valdivieso, el teniente don C. Calvo y el subteniente don T. Calderón.

Acompaño una relación nominal y clasificación de los muertos, heridos y dispersos que resultan en el
cuerpo de mi mando hasta el momento de suscribir este pliego.
JORGE WOOD

Al señor Comandante en Jefe de la cuarta división

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Saludos
Jonatan Saona

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