viernes, 26 de mayo de 2017

Parte de Robles

Parte Oficial de Eulogio Robles sobe la batalla del Alto de la Alianza

REGIMIENTO LAUTARO.
Tacna, Mayo 30 de 1880

Señor Coronel:
Tengo el honor de dar cuenta a V. S. de las operaciones ejecutadas por el regimiento en la memorable jornada que tuvo lugar el 26 del corriente en las alturas de Tacna.

A las 11 A. M. recibí orden de V. S. para colocar mi regimiento ala derecha del ala enemiga y flanquearlo por ese costado, habiendo ordenado antes que la 1ª y 2ª compañías del 1º batallón marcharan a proteger la artillería.

Para satisfacer dignamente su mandato y mis propios deseos, dispuse que la 3º y 4ª compañías del 1º, y la 1ª y 4ª del 2º tendidas en guerrilla, avanzaran sobre la línea enemiga en posición oculta, con orden de no disparar hasta que las guerrillas estuviesen a 600 metros de distancia para aprovechar de un modo cierto nuestras municiones.

Colocados en esta distancia hice tocar fuego y trote para hacerlo ganando terreno y a este compás.

El fuego era vivísimo, habiendo tenido muchas bajas antes de romper los nuestros; pero era preciso acortar la distancia: primero, para hacer el mayor daño posible al enemigo y aterrarlo con nuestra impasible marcha, a pesar de las bajas que nos hacia; y segundo, para quedar a una distancia conveniente a fin de cargar a la bayoneta cuando las municiones se agotaran o lo exigieran las circunstancias.

El enemigo, viéndose flanqueado reforzó su derecha con un número considerable de tropas, cuya ala era apoyada por la caballería, que pase a raya con la 2ª y 3ª compañía del 2º batallón, que había quedado de reserva general de las guerrillas, circunstancia que comuniqué a V. S. por conducto de mi ayudante don Luís Pastor Santana.

El fuego se hacia cada vez más recio; pero a pesar de éste nuestra tropa seguía disparando y avanzando al paso de trote, aprovechando las sinuosidades del terreno, tendiéndose en el suelo y cubriéndose para no dejar flanco al enemigo, lo que se hacia en conformidad a lo que se había enseñado en los ejercicios doctrinales.

En esta disposición y cediendo a la impetuosidad de nuestros bravos, los enemigos nos abandonaban la sucesión de lomas que les servían de defensa y que constituía la superioridad de sus posiciones.

No pudiendo el ejército aliado resistir por su derecha el vigoroso empuje de nuestras fuerzas, principió el desconcierto, y entonces ví llegado el momento de cargar a la bayoneta, con cuya operación se inició la derrota, a pesar de haber sido reforzados con toda su reserva.

En este momento pedí a V. S., por conducto del mismo ayudante Santana, me enviase caballería para perseguir a los derrotados, lo que tuvo a bien hacer mandándome el 2º escuadrón de Carabineros de Yungay, al mismo tiempo que me felicitaba por conducto del mismo capitán, felicitación que no he creído merecer, pues solo había llenado mis deberes como soldado chileno.

Declarada la derrota, toqué reunión a mi tropa y formé la 2ª, 3ª y 4ª compañía del 2º batallón, con las
cuales me dirigí al lugar fortificado del enemigo. Ahí encontré la 3ª y 4ª compañía del 1º batallón, mientras que la 1ª del 2º hacia sus últimos disparos sobre las tropas derrotadas que bajaban al valle.

Nuestros soldados, que venían sedientos y con sus cartucheras vacías, encontraron en el campamento enemigo, agua, rancho y munición. Así provistos, avanzamos hasta donde se encontraba el capitán Ávila, de la 1ª del 2º, que se hallaba sobre las lomas más cercanas a la población. En este punto se perdió de vista el enemigo, que tomó camino de Pachía.

Con sentimiento digo a V. S. que hemos tenido 106 bajas en el regimiento, de las cuales hay 17 muertos, 58 heridos, 22 contusos y 9 dispersos. Entre los muertos figura el subteniente don Adolfo Tovar, y herido gravemente el intrépido capitán don Nicomedes Gacitúa, y de menos consideración el capitán ayudante don José Zárate. Los subtenientes don Severo Ríos y don Juan de la Cruz Barrios, gravemente heridos. Los dispersos que aparecen en la lista probablemente fueron enterrados en los primeros momentos sin identificarlos, pues hasta la fecha no han parecido.

Creo oportuno llamar la atención de V. S. hacia el escaso número de bajas que ha tenido el regimiento a pesar de haber soportado el fuego de más del doble número de enemigos. A mi juicio, este hecho se
explica fácilmente: hemos puesto en práctica durante el combate la misma enseñanza doctrinal que con tanto acierto introdujo V. S. en el regimiento, haciendo pelear a los soldados tendidos en tierra, aprovechando de este modo las más pequeña ventaja que pudieran ofrecerles las desigualdades del terreno.

Réstame ahora recomendar a la consideración de V. S., la serenidad, arrojo y buenas disposiciones militares tomadas en los momentos del combate por el sargento mayor don Ramón Carvallo O., al capitán don Bernabé Chacón, que fue uno de los primeros en llegar a las posiciones enemigas, por cuyo acto fue felicitado por V. S. en el mismo campo de batalla; a los denodados capitanes don Nicomedes Gacitúa y capitán ayudante don José Zárate, que con impávido, arrojo condujeron su tropa a la pelea hasta el momento de quedar fuera de combate, heridos en el campo de la lucha; al capitán don Leonor Ávila, que siempre se mantuvo en el peligro con su calma acostumbrada y atento a la conducción de su compañía, que animaba con la palabra y enseñaba con su ejemplo; a los capitanes don Guillermo León Garrido, don José Miguel Vargas, don Alberto R. Nebel, que en toda circunstancia estuvieron a la altura de sus deberes; los capitanes don Ignacio Díaz Gana y don Vicente C. Hidalgo A., que aunque estuvieron separados de mi lado con sus compañías protegiendo la artillería, tuve la complacencia de oír recomendaciones por su serenidad y bizarría durante los fuegos. Hago especial mención del capitán ayudante don Luis Pastor Santana, a quien ví con satisfacción siempre sereno y entusiasta. 

A los tenientes don Domingo A. Chacón, don Luís Briceño, don Natalicio Acuña y don José 2º Espinosa, y los subtenientes don Juan de la Cruz Pérez, don Clodomiro Hurtado, don Zenón Navarro R., y don Abraham Guzmán por el valor que desplegaron todos ellos en el combate del 26, y en general a toda la oficialidad del regimiento, pues todos han llenados sus deberes de soldados.

También debo hacer especial mención del 1º cirujano del regimiento, don Ismael Rubilar que estuvo en medio del fuego siempre dispuesto a procurar a los heridos los auxilios de la ciencia y él fue quien prestó en esos momentos los primeros cuidados al malogrado comandante de Zapadores don Ricardo Santa Cruz.

La conducta de la tropa no ha dejado que desear, distinguiéndose como valientes el soldado de la 3ª compañía del 1º batallón, Gerardo Reyes; el sargento 2º de la 1ª del 2º Benigno Martínez, y el cabo 2º
Manuel Pérez Polanco; el sargento 1º de la 2ª del 2º José Nicolás González; los sargentos 2º Arturo Benavides y Manuel Jesús Avilés, y el soldado de la 3ª del 2º Efraín Arévalo que al sentirse herido en la cara lanzó con entusiasmo un ¡viva Chile! De la 4ª del 2º el sargento 2º Rufino Morales; los cabos Ruperto Rojas, Ruperto de los Ríos y Antonio Torres; Lorenzo Lazo, que marchando adelante para guiar la tropa recibió un casco de granada en la banderola que conducía, sin alterar su marcha y serenidad.

Los soldados Clemente Castillo, José S. Gatica y Mateo 2º Valderrama.

Por último, señor coronel, cábeme la satisfacción de asegurar, como V. S. lo ha podido observar personalmente, que el regimiento Lautaro en su primer combate ha sabido honrar la memoria del héroe araucano con cuyo nombre fue bautizado hace apenas un año.

Dios guarde a V. S.
EULOGIO ROBLES

Al señor Comandante en Jefe de la cuarta división.

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Saludos
Jonatan Saona

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