domingo, 25 de septiembre de 2016

El batallón Quillota

El viaje del Batallón Quillota.
(Relato del Sub-Teniente del Batallón Francisco Figueroa Brito).

"Iquique, setiembre 28 de 1880.
-Mui señor mío:

La última vez que conmovidamente me despedí de Usted, quizás para siempre, pensando en el destino que cada cual tiene en el mundo, me prometí escribirle a Usted todo lo que viese y me sucediese desde la salida del Batallón Quillota, al que tengo el honor de pertenecer, hasta los pueblos del Perú donde se acantonase, aunque fuese por ocho días. Quiero que usted sepa y trasmita a las demás personas amigas de usted y mías, las impresiones que mi alma esperimente mientras dure al servicio de mi querida Patria.

Por cierto que seré el último en retirarme de esta gloriosa guerra que Chile sostiene contra sus dos enemigos, el Perú y Bolivia, si es que salve el pellejo de las balas y me libre de las plagas inherentes a la guerra y a las localidades que pisemos, o que mis superiores me consideren inútil para seguir sirviendo en el ejército. Si nada de esto hai cumpliré hasta la última etapa de esta campaña.

Dispense estos arranques del patriotismo: usted me conoce mucho, sabe que no soi fanfarrón, he visto que desde el principio de la guerra he trabajado en todo sentido por salir , desde los primeros días en que Chile determino castigar la felonía de las dos enemigas de la Patria nuestra que, solo el pronunciar su nombre electriza y conmueve el corazón de todos sus hijos. Por consiguiente, es la verdad lo que en esta y en las posteriores que le escriba verá estampada.

Pido otra disculpa: al escribir esta mi corazón que se dirije a tantos amigos y protectores que dejé en esa, y que quisiera que cada uno supiese lo que espongo, diciéndoles que la consideren como dirigida propiamente en particular a cada uno; pero si el tiempo me falta para escribirle a todos, les prometo que cada carta que reciba será contestada inmediatamente. ¡Oh, querido señor! Solo saliendo de su Patria y pensando en la familia y amigos, y en tantas cosas que halagan el corazón, y que se dejan con tanto gusto por servir y defender el honor de esa patria, solo así se conoce mas grande, mas intenso y mas ardiente el amor por ella. ¡Bendito y feliz sea siempre mi amado Chile!

Por fin pasemos al objeto materia de esta: Cuando nos llegó la orden tanto tiempo deseada de prepararnos para salir , fue inmenso el contento de los soldados como triste se pusieron los que se quedaban en este hermoso pueblo. En el cuartel no veía mas que preparativos de marcha i se oían los gritos de ¡Viva Chile!, Acompañados de palabras o expresiones oportunas y alegres que siempre profiere la generosidad de nuestro Pueblo.

La despedida usted la presenció, y el camino a Santiago no fue mas que un continuo gritar y cantar los himnos de la Patria y Yungai.

La entrada a Santiago fue, puede decirse, una verdadera ovación.
La prensa de la Capital habló sobre esto, del mismo modo que de la comportación de nuestro cuerpo en el tiempo que residió en ella, como también de las paradas militares de los días 18 y 19 del presente.

No puedo menos que demostrar en ésta la gratitud que el que suscribe, demás oficiales y tropa del Batallón Quillota tiene para con los reverendos Padres Mercedarios, 
por el desprendimiento tan generoso que tuvieron con nosotros, tanto por el hermoso local que nos facilitaron, que ahí vivían como unos grandes regalones, como por los muchos cariños, regalos y atenciones que nos hicieron. Que la Providencia colme cada día mas y mas de toda clase de prosperidad y de excelente salud a esos dignos y bondadosos padres.

En el sentimiento de la gratitud que abriga todo noble corazón el que les dirijimos. Y aun mucho mas les deberíamos, si el Venerable Provincial hubiese dejado que uno de esos dignos religiosos nos hubiese acompañado como capellán, como lo deseaban algunos de ellos; razones poderosas que nos espuso el Provincial han impedido que se satisficiese este patriótico deseo.

Nuestra salida de Santiago fue mas solemne todavía. Antes de marchar para la estación el Batallón salió a la calle, y en la Plazuela de la Merced y calles adyacentes que conducen a la Plaza de Armas se formó el Batallón en dos filas, abriendo calle, y todos arrodillados y al toque de himnos marciales, recibió el escapulario de Nuestra Señora de las Mercedes, puesto que varios religiosos de la orden con todas las ceremonias de estos casos. 

¡Que imponente y majestuoso era esto! ¡Cuantas lágrimas rodaron del corazón a los ojos! ¡Cuántas se vieron correr por los rostros de muchos de los que estaban presentes y aun en el de los mismos militares! No olvidaré jamás la impresión que me causo ver a mi valiente Mayor Ramirez al recibir el escapulario, ni tampoco lo que me ocasionó mi arrogante Comandante, ni la de mi hijo Francisco 2º. La Providencia me es testigo de la fé con que le pedí que a todos los que formamos es este Batallón nos diese fuerza, valor y corazón para sobrellevar con paciencia y honor toda la campaña, y volver a nuestro Chile bien cubiertos de glorias adquiridas en buenas y valientes jornadas y batallas. 

Concluida esta ceremonia marchó el Batallón por la Alameda seguido de un numeroso acompañamiento de jente. Nos embarcamos en buén orden y salimos a los gritos atronadores de ¡Viva Chile!, y al son de la Canción Nacional. Ví llorar a muchas personas a nuestra despedida.

El camino diré fue mas alegre de regreso que cuando íbamos a Santiago. Nos alegraba por otra parte el pensar que íbamos a ver a Quillota y a nuestras familias, pero también nos causaba tristeza la idea de la separación, quizá eterna, que tendríamos que hacer. Las estaciones por donde pasábamos estaban llenas de jente: parecía que todos se habían dado cita para recibirnos. De muchas personas recibimos puñados de flores que nos tiraban.

La pasada por Quillota no puedo describirla: nos causó a todos un rato desagradable el que no hubiese parado la máquina dos minutos a lo menos. Mas, reflexionando después, digo la verdad, vimos que fue bien acertada la medida de que no parara el tren, porque habría sido mui terrible la separación, sobre todo de las familias que quedaban en esa. Mas vale así; por la Patria se debe empezar a sufrir esto y otros disgustos y dolores peores: en eso estriba el carácter del buen chileno. Quien ama a su Patria y se sacrifica por ella, ama a su familia, amigos y protectores.

Llegamos a Valparaíso y ahí nos encontramos con que la estación estaba llena de un gentío inmenso, y que no podíamos marchar al lugar donde deberíamos embarcarnos. 

Era tanto el entusiasmo que le diré lo que me pasó a mi:
Mientras hacia embarcar los bultos y equipajes de nuestro Batallón se me presentaron cinco individuos pidiéndome los llevase en el cuerpo, o trabajase porque los admitiesen de soldados, entre los cuales habia dos jovencitos mui decentes. Yo les espuse que nuestro Batallón tenía mas jente de la dotación requerida, que no se admitían mas voluntarios decididos y no soldados que después se hubiesen de arrepentir y quisiesen retirarse. Me contestaron que no se arrepentirían jamás, que lo habían pensado mucho y que solo esperaba que llegase el Batallón Quillota para enrolarse, pues eran quillotanos y que querían ir a Lima cobijados por nuestro estandarte.

Yo les hice varias observaciones. Todo esto sucedía delante de un gentío inmenso que nos rodeaba.

Por fin viendo tanta exigencia, aplaudí este proceder , y solo me lleve cuatro para presentarlos a mi Comandante, dejando uno porque lo consideraba enfermo y débil.  ¡Cual sería mi sorpresa cuando a bordo del “Amazonas” me encontré con que se habían agregado al Batallón una veintena mas de valientes voluntarios? Dígase lo que quiera, el Batallón ha sido afortunado en todo lo que ha hecho y en todas partes donde ha estado. 
Que le sea también propicia la campaña y entrada a Lima y esta dicho y hecho todo.

El “Amazonas” era un colmenar , pues estaba lleno de militares de diferentes cuerpos: llevaban sus 1500 a 1800. El número total de oficiales, inclusa la oficialidad nuestra, sería como cerca de 200. La despedida del nuestro fue vivando a Chile y cantando.

Pocas horas después muchos estaban ya mareados. Dormimos todos contentos y de la manera que cada cual pudo acomodarse, abrigándose con un poncho. Esto sucedió en la noche del Martes 21. El día Miércoles se acomodó mejor la tropa y se pasó el día sin novedad tocándose de tiempo en tiempo piezas musicales que alegraban mas el alma del chileno. El jueves y el viernes lo mismo; tan contentos iban todos que se improvisaban bailes y se tocaba mucho la alegre cueca.

Todos estos días no vimos tierra, porque el “Amazonas” se internó mar adentro, solo el viernes a las 10 A.M. divisamos a lo lejos el ancla que existe en una de los cerros de Antofagasta. La mar estaba brava ese día; el sol no lo habíamos visto tampoco.

A la una ya estábamos ya en la rada de Antofagasta, donde el buque se detuvo como una hora para que bajasen a tierra cuatro oficiales del Melipilla, después de la visita de estilo de la Capitanía

Desde este punto ya nuestra memoria comenzó a recordar hechos gloriosos realizados por nuestros valientes marinos en la actual contienda. ¡Honor y gloria inmortal! A todos ellos, a Arturo Prat, que simboliza la gloria y el lema legendario que dejastes para siempre ante la faz del mundo de que “Un chileno jamás se rinde sino muere por su Patria” , mi corazón te paga un tributo de admiración y de gratitud, y pronto estaremos postrados alrededor de vuestra tumba para recordar tu vida y tus hechos, y también bendecirte, asimismo la oficialidad del Batallón Quillota depositará sobre su tumba gloriosa una corona y una lágrima de gratitud.

Siguió el Amazonas su camino cerca de la costa, y aunque a la distancia, vimos los cerros y los lugares de los ataques o combates que tubo nuestra escuadra contar la del Perú; Angamos, Chipana, Punta Gruesa, etc.

El Sábado llegamos a Iquique y desembarcamos como a las doce del día en medio de mucha gente del Rengo, y al son de los himnos de Yunga y y la Canción Nacional. Todos aquí han admirado la bizarría y moralidad de la tropa y cuando han visto al Batallón de parada, con su estandarte y banda de música, haciendo sus evoluciones al toque de corneta, se han sorprendido y no creen la prontitud con que se organizó en tan poco tiempo. De lo que espreso me atengo a la prensa de este pueblo para que se juzgue de mi veracidad.

No diré nada de este pueblo, pues bastante conocido lo tienen por los muchos detalles que se han dado tanto en cartas privadas como por la prensa. Solo sí le diré que, a cualquier punto que se mire en esta tierra del Perú solo se encuentra tristeza, aridez, y me parece un terreno así como si hubiese sido maldecido por la Providencia; esto es, en comparación al terreno mas inculto y abandonado de mi Patria.
No en vano dicen los extranjeros que Chile es el paraíso de América.

Aquí estamos todos contentos: tanto la tropa como los oficiales están bien comidos y atendidos. La tropa esta distribuida en dos grandes cuarteles situados en la misma calle, y a distancia de cuadra y media uno de otro. La casa de la oficialidad del cuerpo es espaciosa, bien ventilada y bonita. Todos los oficiales comemos juntos en una mesa bien larga mandada a hacer a propósito. Se nos suelen juntar algunos oficiales de otros cuerpos, de modo que, las dos veces que comemos al día, nuestra mesa esta siempre bien animada y bulliciosa, no faltando los brindis sazonados con sabrosa chicha chilena, y bien condimentada comida que nuestro simpático amigo Domingo Quiróz sabe hacerla y dirijirla.

A propósito de este entusiasta amigo, le estamos muy agradecidos por la fineza que ha hecho, acompañándonos hasta este pueblo, y ahora a determinado acompañarnos y compartir con nosotros las peripecias de la campaña. Un ¡Hurra! Por este entusiasta. Seguro estoi que en esa lo echarán de menos.

De viaje no sabemos cuando nos movamos, pero se corre con mucha insistencia que aquí se formará una división que operará sobre las fuerzas de Leiva, Arequipa. En fin, lo que sea tronará y ojalá sea pronto, pues nuestro Batallón ansía pelear y adquirir glorias, aunque sea a cuestas de las tres cuartas partes de su dotación. Es verdad que todavía no se ha ejercitado al tiro al blanco, pero lo hará pronto, según he oído decir .

Por último nuestro método de vida es enteramente militar: solo nos ocupamos en estar bién aptos en esta materia. Se trabaja desde las 04,30 A.M.. T odos estamos buenos  y  satisfechos,  acordándonos  mucho  de  los  que  dejamos  en  ese  pueblo. 

Basta, no le escribo mas porque ya sale el correo, y ni el tiempo de sacar en limpio esta carta hai. Dispense pues el desaliño y borraduras con que va escrita.

Le prevengo que haga el uso que crea conveniente de esta carta; publíquela si le parece.
Mande alguno a casa a saludar a mi familia en mi nombre. Dígnese contestarme y mándeme algún periódico cualquiera.

Reciba espreciones de gratitud y amistad de S.S.

Francisco A. Figueroa B."
***************
Texto e imagen forman parte del artículo "Relatos del personal del batallón Quillota, aparecidos en el diario “El Correo de Quillota” 1880-1881" Recopilado por Eduardo R. Linqueo L. y publicado en la revista chilena Archivum, año IV n° 5, 

Saludos
Jonatan Saona

1 comentario :

ws2falcon dijo...

Muy buen documento histórico. Es de notar el tremendo entusiasmo y motivación de las tropas de Chile por llevar a cabo una arrolladora campaña militar. Nunca he podido entender del todo como Chile pudo derrotar decisivamente a dos países con todos los recursos qué tenían. Aún con el nivel de improvisación y falta de visión para mantener ejércitos altamente preparados y equipados demostrada por el Perú y Bolivia antes de 1879. La única explicación parece ser el caudillismo y la irresponsibilidad política.

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