14 de mayo de 2016

Carta de Carmela

Carmela Carvajal
Carta de Carmela Carvajal

"Curimón, Mayo 14 de 1880.
—Señor don Jacinto Chacón.
—Valparaíso

— Apreciado señor y amigo: Acabo de recibir su carta, en la que me pide algunos datos sobre la vida íntima de Arturo. Esta ha permanecido oculta hasta hoi para la jeneralidad, con escepcion de mui pocas personas que pudieron apreciar el tesoro inagotable de ternura que guardaba su alma. Voi a referir a usted a la lijera algunos rasgos que lo den a conocer bajo este aspecto, ateniéndome a los recuerdos que de su niñez conserva su santa madre y a mis propias observaciones, apoyadas en palabras del mismo Arturo, tomadas de nuestra correspondencia particular.

Arturo, cuando niño, era vivo y juguetón, pero al mismo tiempo mui dócil. Se distinguía por su inmenso cariño hacia su madre. Muchas veces, para tenerlos en sociego a él y sus hermanos, ésta les decía que ella querría mas al que estuviera mas tiempo a su lado, y era seguro que Arturo dejaba de jugar y pasaba largas horas junto a ella para ser el preferido de su mamá.
Era aplicado, observador y le gustaba saber el porqué de todas las cosas, y su padre, que talvez presentía lo que ese niño podría llegar a ser mas tarde, se complacía en satisfacer todas sus preguntas. Tenia mui buena memoria y supo aprovechar y conservar las lecciones y consejos de toda clase que en su niñez recibió de su tierna madre.

Cuando él apenas contaba seis o siete años, ella le enseñó los principios de la música, y mas tarde, sin mas que estas escasas nociones, ayudado de su natural constancia y paciencia, Arturo consiguió aprender algunas romanzas que eran su mas agradable distracción en las horas de descanso, durante las fatigosas estaciones de Magallanes o Mejillones, en las que casi nunca saltaba a tierra.

Es imposible imajinar una vida mas pura y arreglada. Me refería uno de sus mas íntimos amigos y compañeros, que Arturo era tan serio desde muchacho, que siempre les censuraba sus lijerezas.

Por eso le decían que él era para ellos una especie de opinión pública.

Fue desde niño mui prolijo para todo. Cuidadoso de su persona y de su casa, nunca estaba desocupado, y aun en las visitas que hacia a las personas de su familia, se ocupaba de arreglar lo que estaba en desórden o de hacer alguna cosa útil; así como algunos de su mas próximos parientes conservan varios trabajos de su mano, como cajitas curiosas, habiendo obsequiado a su padre un escritorio trabajado por él mismo e iluminado varias fotografías, entre ellas la de su abuelita, la de la interesante esposa de usted y la de nuestra hijita, Blanca Estela.

Era tal el cariño hacia sus padres y el deseo de verlos tranquilos y felices, que a veces se privaba hasta de ir al teatro, que era su distracción favorita, por no gastar ese dinero en simples pasatiempos cuando podía emplearlo en cosas mas necesarias.

Si como hijo amante nada dejaba que desear, como esposo y como padre, puedo asegurarle que fué un modelo de ternura.

Quería compartir conmigo hasta los mas íntimos cuidados de la familia. Así me escribía una ocasión desde Mejillones: “A cada momento me parece que te veo rendida de mecer a nuestra hijita, sin que a tu lado esté yo para ayudarte a compartir, aunque sea en pequeño, tus trabajos: lo único que me consuela es que en esta vida todo es relativo; hai placer porque hai dolor, y a la grandeza de éste corresponde la intensidad de aquel."

Era por carácter reservado y nunca hablaba mas de lo necesario, pero era mui minucioso y espansivo para escribir; en sus cartas no se olvidaba de nada ni de nadie. 

Quien lo hubiera visto en el seno de la familia, tratando de aliviarme en el cuidado de lo que él llamaba sus tiernos ánjeles, no habría podido reconocer en él al marino austero, al jefe estricto.

Recuerdo que el día de nuestro enlace, un jefe que lo apreciaba mucho, pero que sólo le conocía bajo este último aspecto, decía a uno de mis hermanos: “El jóven es cumplido, es una alhaja, pero es mui tirante.” 

Amaba a nuestra hijita con delirio y jugaba con ella como un niño; pero una vez que se ponía a trabajar ya no había para él mas que sus papeles y sus libros; se contraía de tal manera, que ni la bulla de los niños interrumpía ni molestaba.

Nadie mejor que usted sabe con cuantas dificultades tuvo que tropezar para realizar su propósito de recibirse de abogado. Toda mi esperanza era que, una vez recibido, se retirara de la marina, que presentía me seria tan funesta, pero nunca pude decidirlo.

A este respecto me escribía en 1844 (1) : "La idea de abandonar la marina me es antipática y, a la verdad, solo impelido por poderosas razones me decidiría a hacerlo. No cuento entre mis defectos la inconsecuencia. Mientras no posea un nombre, si no respetable, al menos de mérito, como abogado, debo conservar el puesto de marino, que me lo ofrece, y llevar como accesorio el otro. No tengo ninguna mezquina ambición; los honores ni la gloria me arrastran, pero creo puedo servir en algo a mi país en la esfera de actividad tanto del uno como del otro."

Tenía gran confianza en Dios y la esperanza segura de una vida mejor. Ahí es que jamás se abatía por los reveses de la vida. En esta convicción, siempre me repetía: "Dios nos guía, y lo que sucede es siempre lo que debe suceder." —En 1874 me escribía a propósito de la muerte de una amiga mui querida: «El pesar que esta desgraciada me ha causado ha sido mayor por afectar tan de cerca a tu tierno corazón y hallarme tan lejos para enjugar tus lágrimas y fortalecerte a tí en la resignación, ya que no fué posible recibir su último adiós. Entre tanto, mi amiga, quédenos el consuelo, para los que creemos en una segunda vida, de que la virtuosa matrona que hemos visto desaparecer de la vida temporal goza para siempre de la espiritual; que la buena esposa, la tierna madre, la abnegada amiga del pobre y el menesteroso, le han conquistado.»

Deseando que esta llene el objeto que usted se propone, tiene el gusto de saludarlo su afectísima A. S.
Carmela Carvajal de Prat."

(1) El año correcto debe ser 1874
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Texto publicado en el diario "La Unión" de Valparaíso, año 1, número 99, jueves 21 de mayo de 1885.

Saludos
Jonatan Saona

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