jueves, 3 de septiembre de 2015

Campos sobre Pachía

Parte de Belisario Campos el combate de Pachía

Pachía, Setiembre 4 de 1881.

Señor:
El viernes, a las 8.5 P.M., se me dió aviso que en la dirección de Calientes se habían oído tres disparos; i momentos después vino a justificar este hecho un soldado de la patrulla de caballería, que venía a dar aviso de que el enemigo les había hecho fuego. Inmediatamente ordené que salieran en esa dirección 50 hombres de infantería i se alistara todo el escuadrón para montar a caballo.

A las 8.30 P.M. salí con la fuerza de caballería, i cuando llegamos al punto en que se había principiado a nutrir el fuego, ordené al capitán don Enrique Molina fuera a gran galope en ausilio de los infantes i cargara sobre el enemigo, lo que este capitán ejecutó de un modo brillante i digno de recomendación, haciendo al sable muchas bajas al enemigo.

El fuego enemigo, desde el momento de la carga, se principió a replegar hácia Calientes. Cargué junto con otra mitad, que era el todo del escuadrón, en dirección de los disparos enemigos, que lo hacían ya parapetados i defendidos por el terreno i grandes piedras que hacían imposible el ataque de la caballería i mucho mas de noche. Esperé así soportando el fuego que nos hacían mientras llegaban algunos infantes que mandé decir apresuraran su marcha. Llegaron éstos mui pronto, e inmediatamente los hice montar a la grupa i los llevé a poca distancia de Calientes, de donde recibíamos ya los fuegos. Ahí echaron los infantes pié a tierra, ordenándole al teniente Arias, del Rancagua, avanzara en guerrilla con su tropa hasta tomar las alturas donde estaba el enemigo.

Esta órden, atendido el corto número que llevaba (30 hombres), fué ejecutada con toda rapidez i enerjía, alentando siempre a su tropa.

Este combate nocturno duró desde las 8.30 P. M. hasta las 11.30, dando por resultado el capturarle las mulas que habían cambiado por caballos para el ataque; hubo varios muertos, la mayor parte a sable.

El día 3, a las 7 A. M., se renovó el combate de la fuerza mandada por Pacheco con la descubierta nuestra, que ántes de amanecer mandé por el lado de Calientes, i 25 Carabineros que, a las órdenes del capítan Molina, fué al campo del combate a recojer heridos i muertos nuestros; lo que no pudo llevar a cabo por el motivo antedicho.

Advertido de lo que sucedía en esa parte, mandé reforzar a los Carabineros con infantería, i momentos después marché con los demás del escuadrón.

Cuando llegué a Calientes, la infantería, al mando del mismo teniente Arias del Rancagua, con 30 hombres había nuevamente tomado las alturas i persiguió con el espitan Molina al mencionado Pacheco i sus fuerzas hasta Tocuco, de donde ordené se volvieran batiéndose en retirada, porque el teniente me mandó decir le iban escaseando las municiones, miéntras los peruanos parece que las tenían en abundancia.

Ya abajo de los cerros, traté de dar a la infantería una posición que al mismo tiempo de ser ventajosa, hiciera sus fuegos con descanso i bien aprovechados, miéntras llegaba el refuerzo de hombres i municiones que habia pedido, para volverlos a desalojar de las estratéjicas colocaciones que el enemigo tenia i de donde nos hacia un fuego vivísimo.

Varias veces intentaron rompernos, pero se les hacia retroceder; i cuando se acercaron hasta una distancia de 200 metros, tal vez ménos, hice salir las dos mitades del escuadrón para que cargasen, yendo la primera al mando del capitán Oyarzun i la segunda al del de igual clase, Molina.

Cuando la mitad del capitán Oyarzun se puso al galope, las fuerzas, peruanas se pusieron mas que de prisa en retirada hasta colocarse nuevamente en sus antiguas posiciones sobre el cerro.

El refuerzo de infantería llegó de Calana al mando del mayor don Roberto Concha, con el que, después de descansar un rato su tropa, emprendimos de nuevo el ataque, el que la fuerza peruana rehusó, persiguiéndola hasta mas allá de Tocuco; pero por el mal estado de la caballería, que estaba trasnochada, i de la infantería fatigada también, me volví desde el punto indicado.

Tanto la infantería como nosotros, estábamos en la tarde sin almorzar ni comer, por lo que los hice regresar al campamento a fin de que comieran i estar listos para la noche en caso de otro ataque.

Es bastante recomendable la conducta del capitán del Rancagua don Ramón Yuraszeck que mandaba la compañía; teniente Arias, subteniente José Agustín Espinosa i tropa de esta compañía.

Reitero también a recomendación del capitán don Enrique Molina por la conducta en la noche del 2, i al capitán ayudante don Francisco Antonio Vial i alférez don Daniel González; como asimismo, por el dia 3, a mas de los nombrados, al capitán del escuadrón don Duberlí Oyarzun i teniente Mata, que se me presentó en esos momentos.

A continuación doi a V. S. la lista nominal de las bajas que hemos tenido en los dos combates.

Dios guarde a V. S.
Belisario Campos.

Al señor Coronel Comandante en Jefe del ejército de Reserva.
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Saludos
Jonatan Saona

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