viernes, 3 de julio de 2015

L Sánchez sobre Loa

Parte de Leopoldo Sánchez Calderón sobre el hundimiento del Loa

Lima, julio 4 de 1880
Señor Capitán de navío. Secretario de Estado en el Despacho de Marina

Señor Secretario:

Honrado por S.E. el Jefe Supremo con la comisión de llevar a efecto el plan de echar a pique a uno de los buques chilenos empleando el ingenioso aparato inventado por el señor Manuel F. Cuadros, a pesar de que por un incidente desgraciado se frustró en Ancón el 24 de abril último el primer proyecto, me dirigí nuevamente a este señor y haciéndole saber que S.E. tenía fe en el buen éxito de la aplicación de su torpedo y que me había autorizado para ponerlo en práctica, me puse de acuerdo con él y con anuencía de V.S. se procedió a construir en factoría de Bellavista otro aparato igual y terminado, nombré al alférez de fragata graduado Carlos Bondy, quien con la mayor decisión y entusiasmo aceptó el peligroso encargo de conducir a la vista del enemigo la embarcación portadora del aparato.

Este oficial eligió para salir de la caleta próxima a la punta denominada Doña Pancha, y en consecuencia buscamos una lancha en el Callao, la que fue remolcada hasta ese lugar por los matriculados José Morales y Nicolás Arca con un bote pequeño que debía servirles para salvar cuando el enemigo se dirigiese a tomar la lancha.

El 11 de junio puse en conocimiento de S.E. y de V.S. el plan concertado y me dirigí por tren extraordinario a Infantas en unión del señor Cuadros, del alférez Bondy, del guardiamarina don Luis Olivera a quien llevé para cualquiera comisión que se ofreciera, al mecánico Juan Bianchi y del carpintero José Chumpitasi que habían trabajado en la Factoría Naval en la construcción del aparato y debían colocarlo dentro de la lancha. En Infantas nos proporcionó entusiasta y desinteresadamente don Julio Tenaud los medios de trasladarnos a la caleta y al llegar a ella a las 5 h p.m. encontramos a los dos matriculados en el botecito, quienes dijeron que la lancha había sido llevada por equivocación, más al norte. Se les dio orden de traerla al día siguiente al primer lugar y regresamos a Infantas y el que suscribe regresó a Lima esperando que llevaría a cabo la salida de la lancha en las primeras horas del 13.

Por el adjunto parte del señor Cuadros, fecha 17 verá VS que fue impracticable la operación de preparar el aparato y embarcar los víveres y se desistió de intentar la salida por caleta quedando abandonada en tierra la lancha y roto el bote en el que corrieron riesgo de ahogarse el señor Cuadros y el ingeniero don Daniel Desmaison quien con una decisión que le honra se prestó voluntariamente a cargar el aparato.

Vistos estos inconvenientes, decidí que la salida de la lancha se hiciera del Callao burlando la vigilancia del enemigo, como había ya sucedido antes y aparentando después venir del norte. El 2 de los corrientes trasladada de Infantas la carga al Callao, se condujo al costado de la presa “Adelaida Rojas” y se preparó y cargó con dinamita el aparato colocado dentro de una balandra, encargándose de esta peligrosa operación el señor Cuadros, el ingeniero Desmaison y los operarios Joaquín Sotelo y Jose Chumpitasi, quedando terminada a las 6 h 30 m p.m. La balandra zarpó a las 10 h p.m. remolcada por un bote y comandada por el alférez Bondy llevando como auxiliar a don Juan Quintana 2º Jefe de la Estación de Vigías quien con entusiasmo aceptó esta comisión y había tomado parte en la anterior; los matriculados Morales y Arca tripularon el bote.

El 3 amaneció el horizonte nublado por el norte y sólo a las 10 h a.m. vino a despejarse, y entonces fui con el señor Cuadros al torreón de vigías del Arsenal y pudimos avistar con el telescopio instalado allí una balandra a la vela destacándose al norte por entre los islotes Pescadores y fuera de los buques neutrales, era la que habíamos despachado. Todo la Escuadra bloqueadora permanecía en su fondeadero del cabezo de San Lorenzo. Viendo que la balandra permanecía estacionada dejamos ese observatorio y nos dirigimos al muelle dársena, allí vino a encontrarnos el alférez Bondy y nos manifestó que por falta de brisa y la mucha marejada no había podido avanzar más al Oeste, encontrándose además la gente cansada, que se habían quitado los seguros al aparato y pedía órdenes; se las di para que regresara y tratase de remolcar la balandra y le previne que si durante el resto del día no se dirigía el enemigo a tomarla, la llevara a fondear cerca de tierra e intentara al amanecer ponerla a la vista del buque chileno de ronda.

A las 4 p.m. establecido nuevamente con el señor Cuadros en el torreón del Arsenal, noté que el “Loa” se había desprendido del cabezo de la isla y avanzaba lentamente en demanda de la balandra y minutos después se podía distinguir claramente con el telescopio que el tope del “Loa” señalaba con la mano la embarcación y que un grupo de gente se dirigía al castillo de proa y aun se veía a la persona que iba sin duda a dar parte al Comandante. Desde este momento confié en que la balandra sería tomada y consideré perdido al “Loa” cuando vi que arriaba una falúa la que se dirigió en seguida hacia la balandra. En el acto hice telegrama a S.E. avisándole lo que ocurría. Llegada la embarcación enemiga al costado de la nuestra dio la vuelta alrededor de ella al parecer reconociéndola y momentos después la abordaron, y orientando sus velas se encaminaron al “Loa”. La balandra pasó por la aleta de estribor de este buque y se perdió de vista ocultado por él. Desde este instante nuestra ansiedad fue grande y las tripulaciones de nuestros buques y muchos de los vecinos del Callao que habían presenciado la caza esperaban un desenlace. Por mi parte abrigué por un momento la esperanza de que la balandra fuese llevada al “Blanco Encalada”. A las 5.30 p.m. una enorme masa de agua y negro humo se elevó del costado de estribor del “Loa” a gran altura, oyéndose algunos segundos después una fuerte detonación. El transporte herido dio un vivo balance hacia babor y reclinándose después a estribor se fue hundiendo de popa; siete minutos más tarde su casco había desaparecido por completo, quedando sólo fuera del agua la extremidad de sus palos a los que se aferraban varios de sus tripulantes.

El éxito más feliz había coronado la perseverancia y los esfuerzos de cerca de tres meses, el señor Cuadros, a quien algunos miraban con recelo desde el siniestro de Ancón, había obtenido un triunfo con su invento, y me es grato consignar en este oficio que la confianza que S.E. ha tenido en el éxito desde que conoció el aparato ha contribuido en mucho a la realización del acontecimiento de ayer…

El señor Manuel Cuadros, cuya feliz imaginación concibió el ingenioso mecanismo al que debe el enemigo la pérdida que ha sufrido ayer de un transporte bien artillado y con un valioso cargamento, suceso que ha venido a retemplar el ánimo de todos los peruanos de esta Capital y del Callao después de las infaustas nuevas recibidas del Sur, se ha hecho acreedora las consideraciones del gobierno y a la gratitud del país, pues no ha trepidado en exponer su vida en la peligrosa operación de preparar un torpedo que casi le es fatal en la primera explosión. El ingeniero Desmaison, auxiliar abnegado en el acto de cargar el aparato, ha probado su patriotismo. El alférez de fragata Bondy, el jefe de vigías Quintana que por segunda vez ha sido nombrado para una comisión de esta naturaleza no obstante de haber presenciado la catástrofe de Ancón, y los matriculados Arca y Morales, que por tres veces han salido del Callao merecen también las consideraciones del gobierno pues han sido los que han presentado al enemigo el ingenioso torpedo que él mismo se ha aplicado siguiendo sus instintos de rapacidad y que le ha sido fatal.

El costo total de gastos en la preparación de este torpedo y el de Ancón, inclusive la compra de embarcaciones y de víveres no llega a mil soles en plata y el enemigo ha perdido más de cien vidas y por lo menos medio millón de pesos fuertes.

Dígnese V.S. señor Secretario, poner este parte y los adjuntos en manos de S.E. el Jefe S. a fin de que tenga conocimiento exacto de la manera como se ha llevado a cabo el plan por el que ha manifestado tanto interés, que confió a mi dirección y que V.S. también ha patrocinado con empeño.

Dios Guarde a US
Leopoldo Sánchez

******************
Documento publicado en el libro "Las Fuerzas Sutiles y la defensa de costas en la Guerra del Pacífico" de Francisco Yábar Acuña.
Fotografía de Leopoldo Sánchez Calderón, tomada en el estudio E. Courret.

Saludos
Jonatan Saona

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