viernes, 22 de mayo de 2015

Relato de JRC

Combate de Punta Gruesa, relatado por José Rodolfo del Campo, corresponsal de "El Comercio" de Lima 

"Iquique, 22 de mayo de 1879.
SS. EE.
Un acontecimiento por demás fatal, ha venida a turbar el espíritu de nuestra marina de guerra.
La pérdida total de la fragata “Independencia”, si bien es cierto que ha contristado los ánimos de nuestros Valerosos marinos, también es verdad que este revés, debido a la fatalidad, ha servido para retemplar el corazón, que ansia derramar su sangre en holocausto de los más sagrados deberes para con la patria.

Harto sensible ha sido ciertamente la pérdida de una de nuestras más poderosas naves de guerra; pero nos queda la esperanza de poder contrarrestar a las fuerzas enemigas y obtener el triunfo que estamos llamados a alcanzar porque defendemos el honor patrio, infamemente mansillado, y porque nos asiste la justicia de nuestra causa.

Testigo presencial de cuanto ha acontecido a bordo del blindado “Independencia”, desde nuestra salida del Callao, paso a hacer una relación exacta y detallada del combate naval habido entre la primera división de nuestra escuadra compuesta del monitor “Huáscar” y la fragata “Independencia”, con los buques chilenos corbeta “Esmeralda”, su comandante el capitán de fragata don Arturo Prat, y goleta “Covadonga”, su comandante el capitán de fragata Carlos Condell.

El martes 20 a las 8 p. m. cumpliendo órdenes superiores, abandonamos el fondeadero de Arica con rumbo a Iquique, para batir a los buques chilenos, que se encontraban bloqueando el puerto.

Siguiendo las aguas de la capitana, monitor “Huáscar”, llegamos al puerto de Pisagua a las 3 de la mañana, donde tuvo que parar su máquina la “Independencia” para esperar al “Huáscar” que liabía entrado al puerto, en demanda de datos oficiales sobre la situación de los buques enemigos.

A las 4 de la mañana seguimos nuestro rumbo a Iquique, forzando el andar, para dar alcance al “Huáscar” que nos había adelantado, pues, por la obscuridad de la noche, no lo habíamos visto cuando salió de Pisagua.

A las 8 a.m. del día siguiente, esto es, el, miércoles 21 avistamos el puerto de Iquique, y tres buques pegados a la costa que hacían vapor. Reconocidos éstos, resultaron ser los buques de guerra chilenos “Esmeralda” y “Covadonga” y el trasporte “Lamar”.

El “Huáscar” que iba adelante ocupó la parte sur del puerto, mientras la “Independencia” navegando a toda fuerza, impedía la retirada hacia el norte.

Cuando la “Covadonga” nos divisó, quiso huir a toda fuerza de máquina, pero regresó poco después para hacer señales a la “Esmeralda” y al “Lamar”, los que inmediatamente se pusieron en movimiento, con rumbo al sur.

Fueron estrechándose las distancias hasta que el “Huáscar”, que se encontraba ya a tiro de cañón, afianzó su pabellón con un tiro en blanco.

El trasporte “Lamar” se puso en fuga con rumbo al sur, arriando su pabellón chileno, e izando el norteamericano.

La “Independencia” cerca ya de la “Esmeralda”, rompió los fuegos con su cañón de proa, descargando en seguida su costado de babor. En este momento y como la “Covadonga” que había empeñado combate con el “Huáscar”, tratase de escapar, por haber parado el monitor su máquina, para recibir al capitán del Puerto y al corresponsal de “El Comercio” de Lima en Iquique, la perseguimos para cortarle la retirada. Entonces el “Huáscar” batía a la “Esmeralda” y la “Independencia” a la “Covadonga”.

Pronto perdimos de vista al “Huáscar” porque la “Independencia” perseguía a la “Covadonga” que se dirigía barajando las puntas de la costa en dirección a la caleta de Cavanches.

La “Covadonga” se llamaba siempre a tierra, para resguardarse entre las rocas y la “Independencia” hacía los mismos movimientos para que no se le escapara, acercándose, cuando lo permitía el fondo de las caletas.

El comandante de la “Independencia” capitán de navio Juan G. More con una serenidad y valor notables, dirigía desde el puente el gobierno de su buque en el fragor del fuego; pues no quiso bajar a la torre de combate que era su puesto; ni cuando se hacía tan repetido el fuego mortífero de las ametralladoras y rifleros de la “Covadonga”, que barrían la cubierta superior del buque. El comandante siguió impávido en su puesto, a pesar de que sus subordinados le pedían que pasara a la torre.

Al segundo disparo se desmontó el cañón Parrot de popa, quedando inutilizado por completo, y vendida la popa que no podía defenderse sino con los cañones de su batería.

A los pocos instantes, cayó sobre la cubierta una bomba que destrozó la escotilla de la máquina e hirió con una astilla al valiente tercer jefe del buque, capitán de corbeta Ruperto Gutiérrez, quien a pesar de es to y sin cuidarse de la sangre que le bañaba el rostro, entusiasmaba a la tripulación con vivas al Perú y pedía volver a su puesto.

Felizmente no han sido graves las heridas de este distinguido jefe. A consecuencia de este desgraciado lance, bajó a reemplazarlo en el mando de la batería, el capitán de fragata don José Sánchez Lagomarsino quien hasta ese momento, había estado en el puente al lado del comandante, desafiando con su pecho, las balas del enemigo.

Por momentos iba estrechándose la distancia de los combatientes y estábamos ya a tan corta distancia, un buque de otro, que comenzó el fuego con las ametralladoras de las cofas y los rifles.

Las balas de cañón caídas hasta ese momento en la “Independencia” fueron 8; la que rompió la escotilla de la máquina; otra en la batería de estribor; al lado del portalón que mató al centinela, destrozó completamente un bote y astilló la batallola; dos en la obra muerta de la popa, y las otras en la dirección de la proa, la misma que dividió el puente del comandante y cortó la telera.

La chimenea de la máquina estaba acribillada por balas de ametralladora y de rifle ; tenía más de 100 tiros. El casco del buque no había recibido sino dos tiros por el lado de babor, pero sin perforar el blindaje.

Como se hiciera ya demasiado largo el combate y era necesario terminarlo, el comandante mandó bajar a toda la gente de sobre cubierta y alistarse para clavarle el espolón a la “Covadonga”.

El cañón Vavasseur de proa, al hacer su undécimo disparo, se había inutilizado.

Las desgracias personales hasta ese momento habían sido: dos sirvientes del primer cañón de popa del lado de babor a cada uno de los cuales hubo que amputarles un brazo; el subteniente de la columna Constitución del Callao, don Luis Ballesteros, herido en el ojo izquierdo y en un brazo; y el 2.° cabo del cañón de proa, de la columna Constitución, Manuel Carrillo que murió en su puesto, despadazado por un casco de bomba.

Estrechada contra la costa la “Covadonga”, consideró el comandante More, que había llegado el instante preciso para usar del espolón; y lo intentó dos veces, pero no pudo conseguirlo, porque no había agua suficiente para el calado del buque. Por tercera vez se emprendió esta operación; y cuando ya los sonda jes repetidos marcaban más de 9 brazas a proa y otras tantas a popa, se dió orden de prepararse para el choque, y la “Independencia” marchó gallarda sombre el costado de estribor de la “Covadonga”, que ya no distaba sino unas pocas varas del blindado, hasta el extremo de que el pabellón chileno asomó sobre la proa.

Cuando el comandante, para conservar la proa clara de la punta sur de la ensenada y tomar al buque enemigo por la misma popa, mandó toda la caña a babor, los timoneles los peores que teníamos, pues los tres mejores estaban ya fuera de combate, equivocaron la orden y giraron la rueda a babor. Notando el comandante esta falta y comprendiendo que se acercaba demasiado a tierra, mandó dar atrás con toda fuerza; pero ya era tarde. Habíamos encallado junto a Punta Gruesa, a 12 millas al sur de Iquique, frente a la caleta Molle (norte de Tarapacá) en una roca que no estaba marcada en el plano, a 4 millas de la playa.

Era la 1 y 45 p. m.

La “Covadonga” salvando milagrosamente del choque, pues no podía temer encallarse, llevando a su bordo al práctico inglés Stanley, pasó entre la roca y la costa.

Al oír la voz del comandante que mandaba dar atrás con toda fuerza, se dejó sentir un estruendo horrible: el buque se detuvo bruscamente, como si una mano de hierro lo hubiera clavado en la roca. Fué tan fuerte el choque, que el oculto peñasco rasgó los fondos del buque y el agua se precipitó dentro de él con horrible ímpetu.

Las calderas se levantaron de su sitio incrustrándose en la caja de humo de la chimenea. Las hornillas se apagaron llenando las baterías de humo y el buque se inclinó sobre el lado de estribor, salvando milagrosamente su tripulación de perecer abrazada por las llamas, merced a la presteza con que el inteligente y acreditado maquinista Wilkins, abrió todas las válvulas para que escapara el vapor. Sólo entonces y para atender a la batería y máquina del buque bajó del puente el comandante Moore, que con su ayudante el teniente 2.° Enrique Palacios y el teniente 1.° Narciso García y García, había permanecido en él, haciendo fuego de revólver las tres veces que estuvimos a tiro de esta arma.

El buque enemigo que estaba sobre nuestra misma proa pasó a nuestro lado de estribor, que era hacia el cual se había tumbado la “Independencia” y a boca de jarro nos hizo un nutrido fuego de ametralladoras y de rifle, causando la muerte del valiente alférez de fragata Guillermo García y García, uno de los más inteligentes oficiales de nuestra marina.

Al inclinarse la “Independencia” al lado de estribor, el agua entraba a torrentes por los portalones.

Nuestros bravos artilleros, seguían entre tanto haciendo fuego a la voz de ¡Viva el Perú! hasta que el agua cubrió las piezas. Entonces subieron a la cubierta y de allí y de las cofas continuaron haciendo tiros de ametralladoras y de rifle, hasta agotar completamente sus municiones.

Como esperábamos de un momento a otro que nuestros enemigos nos abordaran, lo que parecían dispuestos a intentar, se dispuso que se inutilizaran los cañones y se arrojaran al agua las armas de fuego, conservando todos las armas blancas y los oficiales sus revólveres.

Viendo que el buque se hundía, parte de la tripulación comenzó a arrojarse al agua, ahogándose algunos marineros. Ya se hizo necesario, puesto que se había retirado el enemigo, bastante averiado, y el agua subía sobre la cubierta, que se arriaran las embarcaciones, colocando primero en ellas a todos los heridos a cargo de un oficial y dos guardiamarinas, para que los dejaran en tierra y regresaran por los otros heridos y tripulantes; pero desgraciadamente, los botes se hicieron pedazos al llegar a la playa en las terribles rompientes.

No quedaban, pues, en la fragata sino los oficiales y muy pocos individuos de la tripulación, que junto con este corresponsal, habíamos decidido desembarcamos con el comandante y sólo después de haber prendido fuego al buque.

Estos oficiales eran: el teniente 1.° Pedro Gárezon; id. Melchor Ulloa; id. 2° Alfredo de la Haza; alférez de fragata Ricardo Herrera, guardiamarina Carlos Eléspuru; doctor Enrique Basadre; el primer ingeniero Tomás Wilkins, su 2.° y algunos fogoneros.

No olvidaré mencionar, que cuando encalló el buque, el comandante Moore dió orden de que se prendiera fuego a la Santa Bárbara, orden que fué secundada por el comandante Sánchez Lagomarsino y entonces el oficial encargado de la Santa Bárbara alférez de fragata don Carlos Bondi, bajó a cumplir el mandato de su jefe; pero fué imposible hacerlo, porque en ese momento una inmensa ola entró por los portalones de la batería, e inundó la Santa Bárbara, llenando de agua los pañoles hasta la escotilla.

Resignados con nuestra suerte, esperábamos tranquilos que regresara de tierra alguna embarcación para desembarcarnos, cuando divisamos al “Huáscar” que venía de echar a pique a la “Esmeralda”, y que perseguía a la “Covadonga”.

Alguien indicó que debían hacerse señales al “Huáscar” pidiéndole auxilios; pero el comandante Moore se opuso a ello, manifestando que el “Huáscar” debía continuar persiguiendo a la “Covadonga” y que después pensaríamos en salvamos. Así se hizo en efecto. El “Huáscar” nos reconoció y envió en nuestro socorro un bote, en el que venía el 2.° comandante Ezequiel Otoya, a quien se le refirió todo lo que había sucedido; y entonces en su falúa, condujo a los dos últimos heridos que aún había a bordo y a una parte de la tripulación, ofreció mandamos otros botes. Así lo hizo y en el último de éstos se embarcaron el comandante Moore y los oficiales arriba mencionados.

A nuestra partida de a bordo incendiamos el buque a proa y popa, y poco después las llamas devoraban a la desgraciada fragata que había tenido un fin tan inesperado y trágico.

No concluiré esta correspondencia, sin manifestar el digno comportamiento de todos los jefes, oficiales y tripulación del buque, que han hecho gala de gran tranquilidad y valor.
Todos en su puesto, no lo abandonaron hasta el último instante.

El 2.° comandante capitán de fragata Eugenio Raygada, recorría constantemente el buque, dictando órdenes y aún haciendo por sí mismo disparos-con los cañones de las baterías.

Me abstengo de hacer comentarios, porque cualquiera apreciación sería pálida al lado de la desgracia que hoy lamentamos todos los peruanos.

Desgarradores han sido los cuadros que he presenciado.
No espero, SS. EE. presenciar una escena más terrible.

Me encuentro a bordo del “Chalaco” y probablemente iré al Callao, en el primer vapor que se presente.

J. R. C."

**********************
Saludos
Jonaan Saona

2 comentarios :

Anónimo dijo...

Nada dice que los chilenos ametrallaron a las personas que estaban en el agua, como dicen algunos mal intencionados.

Anónimo dijo...

Anónimo seguramente debes ser chileno, escribo dos relatos sobre la batalla naval de Punta Gruesa.
Tomado del historiador Italiano Tomas Caivano (1904,241)
El testimonio chileno proviene del periódico El Mercurio de Valparaiso edición del 4 de junio de 1879, el diario relata los hechos de la siguiente manera "Eran las 12:45 p.m. y todo había concluido. La "Independencia" se recostaba por estribor, su gente caía al agua, sus botes se volcaban, la fusilería de la "Covadonga" hacia destrozos.
El testimonio peruano es escrito por Benito Neto corresponsal del diario La Patria Lima, también fue testigo presencial de la matanza.
El 23 de mayo de 1879 escribiendo desde Iquique. Neto relato la masacre en los siguientes términos.
Mientras que los náufragos de la "Esmeralda" recibían de parte de nuestros marinos todo genero de socorros y de consideraciones, los de la "Independencia" eran cobardemente asesinados por los chilenos.
He ahí en dos episodios daguerrotipados el carácter, la índole de los pueblos.
El uni altivo, caballeresco y humanitario. El otro alevoso rastrero y cobarde.
¡ Miserables ¡

Adios
Rafael Castro.

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