jueves, 9 de abril de 2015

Artillería Moderna...

"Artillería Moderna y... ¡cosas de negro!
A mi capitán y compadre don Enrique Monreal

I
A mediados de 1879, poco después de iniciadas las operaciones bélicas de la Guerra del Pacífico, Chile reconcentró las mejores fuerzas de su Ejército, como ser el 1°, 2°, 3°, 4° y 7° de línea, y los batallones Navales, Búlnes y Atacama, en el territorio de Antofagasta.

Todos los cuerpos rivalizaban en entusiasmo y, poseídos de natural emulación, deseosos de conquistarse el nombre de rebien de línea, y aun de sobrepasar en bizarría, no omitían sacrificios para lograr sus deseos y diariamente, en sus cuarteles, hacían ejercicios doctrinarios, desde la mañana hasta la tarde.

Solamente los jueves hacían los batallones ejercicios públicos, ya en la plaza, ora en la pampa o en la playa.

Esos días eran realmente como de fiesta para el pueblo, tanto entusiasmo despertaban y tanta concurrencia acudía a presenciar las maniobras que ejecutaban, separadamente, todos los cuerpos.

En uno de esos ejercicios públicos ocurrió un suceso que se ha hecho memorable.
¡Cuan grato será para los militares de entonces, recordarlo!

II
Era la mañana de uno de esos inolvidables jueves.

El rejimiento 4° de línea había salido como de costumbre, del Teatro, que es donde estaba su cuartel, a hacer ejercicios en la playa bajo la inmediata dirección de su comandante el coronel don José Domingo Amunátegui.

Hacía marchas y contramarchas, ejercicios de fusil, evoluciones diversas al toque de corneta y se lucia, en fin, ante numeroso pueblo que le aplaudía.

De súbito corrió de boca en noca, sin saberse cómo, la voz de: "¡los enemigos!"

En efecto a tres cuadras de distancia, mas o menos, numerosa tropa medio oculta, se presentaba en orden de batalla.

Uno de los capitanes ayudantes del 4°, don Luis Solo Zaldlvar o don Miguel Rivera, corrió entonces hacia el coronel Amunátegui, y saludándolo militarmente, le dijo:

— Mi comandante; al frente hay tropas enemigas en actitud hostil!
— Sí, verdad; esclamó el coronel Amunátegui, después de rapidísima observación, y acto continuo dio algunas comisiones a sus ayudantes y ordenó al corneta el toque de:
—¡Atención, marcha regular, centro y dispersión!

Al momento se avanzaron al frente dos compañías, desplegadas en guerrillas, y todo el rejimiento se aprestó al combate.

El supuesto enemigo hizo evoluciones semejantes y pronto, en ambas lineas, se sucedieron con rapidez diversos movimientos; precedidos de continuas voces de mando y toques de corneta que anunciaban evidentemente que la lucha se trabaría en breve y reñidísima.

Poco a poco se acercaban las líneas y cuando las avanzadas se encontraron se rompió el fuego en medio del entusiasmo mas grande que es dable imajinar.

El 4° habia tomado buenas posiciones pero la fuerza que le atacaba parecía no temerle y avanzaba mas y mas, haciéndole. . . certeros disparos.

De repente, a pesar del vivo fuego que hacía el 4°, casi fué envuelto por el enemigo que, aunque todo de infantería, había logrado, quien sabe cómo, en esos instantes, reforzarse con... cuatro jamelgos flacos que le sirvieron de caballería.

El 4° se atrincheró entonces detrás de una palizada formada con las rocas, sacos de arena y madera, y continuó defendiéndose heroicamente, no dejando avanzar un paso más a su contendor.
Le hacía un fuego horrendo . . .

Pero el enemigo no acobardaba fácilmente y como si se dijera "astucias quiere la guerra" comprendiendo que necesitaba artillería para destruir el improvisado fuerte, la buscó y... hábilmente la encontró.

De ahí por qué los "cuartinos" que tan alegres se mostraban en su segura defensa, de repente, al sentir los cañonazos... enmudecieron, atragantándoseles la alegría, ya que

del humano vivir la suerte es esa.
que al que mas rie y canta
en medio del festin se le atraviesa 
un hueso en la garganta. .

III
Antes de seguir, hagamos una salvedad. La verdad ante todo.

La lucha... no era a muerte, como podría creerse, ni tampoco en realidad, entre enemigos: era simplemente un oportuno encuentro del aguerrido rejimiento número 4. con el veterano Buin, l° de línea.

Es de presumirse, naturalmente, el entusiasmo con que fué recibido ese simulacro; pero nunca podrá olvidarse, sin duda, el instante en que comenzó a funcionar la supuesta artillería del Buin...

Fué una feliz idea de su comandante, el teniente coronel don Luis José Ortiz.

Apurado, al ver que el 4° se había atrincherado, pensó en que forzosamente necesitaba artillería y la simuló, graciosamente, por medio del "bombo" de la banda de músicos, el cual, por grandes golpes, repercutía intensamente, en la playa y hasta al compás de las olas...

¡Cuánto alborozo, qué hilaridad mas franca no despertó esa ocurrencia!
A cada instante estallaban, y al son del bombo, las carcajadas de la concurrencia.

Pero el frenesí rayó en locura cuando, momentos después, el 4° de línea comenzó también con sus disparos de cañón, a contestar el fuego de la artillería enemiga. 
Era un forzudo negro de la banda del 4° quien disparaba su cañón. . . en el fuerte.

Pero el Buin no amendrentaba y avanzaba de frente, calando bayoneta, a tomarse la trinchera.

El comandante Amunátegui visto el peligro que le amenazaba, acudió entonces rápidamente a su... artillero y medio risueño, le dijo:
—Negro, nos va la vida, si no funcionas mejor. ¡Dispara uno de 300! . .
—¿De a 300 mi comandante?
—Sí...
— ¿Aunque reviente?
— Aunque revientes...
— ¡Bumm...! hizo entonces el negro, a todas sus fuerzas, y metió el brazo, enterito dentro del bombo que acababa de estallar!.. .

Cara mas aflijida, mas estupenda que la que mostró en esos instantes el pobre negro no se podrá contemplar.
Todos le gritaban:
—¡Sóplate ese huevo, negro!

IV
Desmontado el cañón no tuvo más recurso el comandante del 4° que ordenar el toque de:
—¡Calacuerda!
Y, así, logró defenderse.

Cuando después del simulacro los oficiales se reían a carcajadas recordando los efectos jocosos de la "artillería moderna", los soldados del 4° embromaban al asustado negro y entre risas y enojos le decían:
— ¡Qué habías de hacer pu oh! ¡Claro: cosas de negro! . . .

Cabo MOYA"
********************
Texto e imagen publicados en la revista chilena "Corre Vuela", 26 de febrero de 1908

Saludos
Jonatan Saona

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