jueves, 21 de agosto de 2014

Infancia en Tacna 3

"Infancia en Tacna" 3
(párrafos del ensayo escrito por Jorge Basadre)

"La Voz del Sur" apareció en 1893 propiciado económicamente por Guillermo E. Billinghurst y tuvo como director a Ernesto Zapata y luego a Modesto Molina. En 1898 asumió el mismo cargo José María Barreto en estrecha colaboración con su hermano Federico.

Los Barreto eran dueños, acaso, de mayor calidad intelectual que Freyre. Habían sido dirigentes de un grupo literario, la "Bohemia Tacneña", a fines del siglo XIX, cuya revista Letras atrajo en 1896 la colaboración de grandes figuras de América española como Rubén Darío, Rodó, Manuel Ugarte y otros. También escribieron allí Ricardo y Clemente Palma y José Santos Chocano, Federico, nacido en 1872, poeta romántico con tendencias al erotismo y también ardoroso patriota, recibió hace pocos años un gran homenaje de su terruño cuando, por iniciativa del Alcalde Rómulo Boluarte, fueron repatriados sus restos desde Marsella, ciudad donde falleció en 1929. Mucho menos leído, José María, tres años menor, pues nació en 1875, cultivó un tipo de prosa ágil, sagaz, agradable. 

Bajo el comando de ambos hermanos, La Voz del Sur tomó algo estilo del diario decano de la capital; y, sin mengua de su intenso fervor patriótico, trató de hacer un periodismo circunspecto. Constantemente, otros tacneños prominentes reforzaron, con o sin firma, a La Voz del Sur en su polémica cotidiana con las autoridades chilenas y con el diario El Pacífico en el que colaboraron el propio Intendente Máximo R. Lira y además personalidades como Antonio Subercasseaux, Abraham Konig, Anselmo Blanlot Holley, Emilio Rodríguez Mendoza. 

Don Andrés Freyre Fernández, de tanta importancia en la historia de la imprenta en Tacna, tuvo seis hijos; Andrés que fue militar con hazañas en las campañas de Tarapacá y de la Breña, Carolina, Clorinda, Ricardo, Eloísa y Roberto. 

La Revista del Sur que Andrés Freyre publicara desde 1866, la cerraron los chilenos en 1880. En su reemplazo apareció desde 1882 "El Tacora", cuya dirección ejercieron inicialmente el mismo Andrés y, desde 1909, su hijo Roberto Freyre Arias, nacido el 11 de mayo de 1870... 
El Tacora tuvo, junto a una sección editorial con informaciones alentadoras sobre la reconstrucción y el progreso al Perú y críticas implacables a las autoridades de la ocupación, hirientes y jocosas letrillas que no perdonaban al Intendente, los jefes militares o a los funcionarios judiciales o administrativos. La venganza no tardó en funcionar. El 28 de noviembre de 1910, un grupo de asaltantes forzó las puertas del diario en la céntrica calle San Martín, a dos cuadras del cuartel de policía, saqueó la casa habitación de la familia Freyre y maltrató a las personas que allí se encontraban. La venerable dama Juana Arias de Freyre, que contaba ochenta y nueve años de edad y estaba enferma e imposibilitada de moverse, fue golpeada y arrastrada por el pasadizo. Los tipos y accesorios de la imprenta quedaron esparcidos por las calles vecinas y por la Alameda. Al día siguiente, hombres, mujeres y niños se dedicaron a recogerlos uno por uno y a entregarlos a Freyre. Este reconstruyó pacientemente su taller y, después de algún tiempo, El Tacora volvió con el brío de siempre a conmover a la población peruana de Tacna. 

Una noche de mayo de 1911, Freyre fue asaltado en la calle por matones embozados que aprovecharon la oportuna ausencia de la policía. No faltan tampoco quienes recuerdan aún el incidente que tuvo con el juez chileno Blanlot, quien lo atacó diciéndole que le haría comer un artículo contra él aparecido en El Tacora. De otro episodio más impresionante resultaron protagonistas tres viejas mujeres: doña Juana Arias de Freyre, su hermana Clorinda Freyre de Benavides y su hija Eloísa. Rufianes cobardes las golpearon sin misericordia. Una de ellas exclamó: "Parece que ustedes no hubiesen tenido madre" Pero con nada se arredró Roberto. 

Hay un periodismo que tiene el tono de los comunicados y de las proclamas de guerra. De su texto las almibaradas antologías no se nutren. Sin embargo, en horas cruciales, cumple la misión de reconfortar, estimular y acompañar a aquellos a quienes defiende y la de enfurecer a los enemigos. Ese fue el género de campaña que, cara a cara a cotidianos peligros, hizo El Tacora...

Se jugó íntegro, como también lo hicieron los Barreto. Cuando quedó destrozada, con las más cuidadosas precauciones técnicas, la imprenta de El Tacora la misma noche de julio de 1911 en que igual atropello liquidó a la de La Voz de Sur, cree la familia Freyre que intervino una persona entendida en esos menesteres y adjudica tan dudoso honor al abogado Salvador Allende Castro. 

Las mujeres de este clan viajaron inicialmente a Moliendo. En dicho puerto les tocó sufrir hostilidades pueblerinas contra los "repatriados", los "chilenos", a quienes se les echó la culpa por un incendio ocurrido entonces y porque iban a arrebatarles el pan a los nativos. Reunido al fin con los suyos, Roberto vivió, pobre y enfermo después de tantos maltratos, sin solicitar nada, sin beneficiarse con nada, pues creía que tan sólo había cumplido con su deber. 
Una de las mayores alegrías que tuvo en su crepúsculo fue las interminables charlas con su hermano Andrés, ya muy anciano. Falleció en Magdalena del Mar el 18 de octubre de 1918... 

Deseo mencionar aquí, ahora, sólo unos pocos nombres de tacneños o residentes chilenos. Seguramente ninguno entre ellos ha alcanzado la importancia y la figuración de Conrado Ríos Gallardo. Como es sabido, fue Ríos Gallardo, en su condición de Ministro de Relaciones Exteriores en el primer Gobierno de Ibáñez, quien asumió la responsabilidad de las negociaciones por las cuales quedó firmado el tratado de 1929 que dio lugar a la entrega de Tacna al Perú. En 1950 me contaba en Santiago tan buen amigo (como suelen ser, a pesar de las encrucijadas de la vida, quienes tuvieron una infancia común), de sus trifulcas con muchachos peruanos de Tacna. A ellos no me incorporé por razón de mi edad; pero sí mis hermanos que consiguieron un local para el llamado "Club Perú", en uno de los departamentos de nuestra casa. Los jóvenes chilenos también formaban un bando y solían molestar a los redactores de los diarios peruanos La Voz del Sur y El Tacora, gritándoles "Cholos, cholos". 

Cierta vez, José María Barreto, director de La Voz del Sur, llamó a Conrado Ríos Gallardo y a uno de sus acompañantes y les mostró en el despacho de su periódico una fotografía del entonces Presidente de Chile, Pedro Montt, que era de color bastante oscuro y otra fotografía del aristocrático Presidente del Perú, José Pardo y Barreda. "¿Cuál de los dos es el cholo?" les preguntó. Y así la sudamericana amplitud y variedad de los tipos humanos resultó más auténtica que los esfuerzos para agregar el prejuicio racial a la virulencia nacionalista. 

Otro de mis compañeros de infancia, Ciro Quina, hijo del poeta peruano Pedro Quina Castañón, fue, más tarde, diputado por la provincia de Arica y su nacionalismo chileno vibró con fervor.

Alguna vez, sin embargo, llegó a Tacna un muchacho limeño, creo que apellidado Iturrizaga o algo así. Los jóvenes peruanos de la localidad, con olvido de su fervor nacionalista, lo invitaron a una trompeadura. 

A nuestra casa no iban visitantes de la nacionalidad enemiga. Tampoco frecuentábamos a personas o familias con igual característica. Dicha regla tenía  que sufrir una excepción porque así es la vida de compleja y variada. 

Mi tía Elvira, hermana de mi padre, se había casado en segundas nupcias con un santiaguino, el gerente de la agencia del Banco de Chile en Tacna, apellidado Dahl. Volví a encontrarme con Federico Dahl Basadre, el único hijo de ellos, mi primo hermano y compañero de juegos infantiles en la enorme quinta de esa familia, durante el plebiscito de 1925 cuando él regresó a Tacna a votar por Chile y yo por el Perú; y por tercera y cuarta lo traté con igual cariño, en Santiago en 1942 y en 1950, ya casado, con hijos y nietos; y luego cuando llegó a Lima, poco tiempo antes de fallecer. Dejó una familia santiaguina muy estimable. 
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Texto escrito por Jorge Basadre Grohmann en su ensayo "Infancia en Tacna"

Saludos
Jonatan Saona

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