jueves, 21 de agosto de 2014

Infancia en Tacna 2

"Infancia en Tacna" 2
(párrafos del ensayo escrito por Jorge Basadre)

Salvo los incidentes ocasionados por el litigio peruano-chileno, la vida en Tacna tal como la recuerdo en mis años de infancia, se desenvolvía dentro de un ritmo sereno y acompasado. ...

Una férvida expresión colectiva resultó el saludo de los pobladores de la ciudad y el puerto vecino al llegar el general Roque Sáenz Peña a este puerto con ocasión de su viaje a Lima como invitado de honor con motivo de haber sido erigido el monumento a Bolognesi. En un gesto de solidaridad con las ceremonias llevadas a cabo entonces en Lima, un grupo de ariqueños subió una noche al morro, robó uno de los cañones peruanos que todavía estaban abandonados en la cima; y, después de increíbles peripecias, logró despacharlo clandestinamente a Lima. Por desgracia, no fue colocado junto al monumento a Bolognesi. Se le envió indiferentemente al museo para que yaciera allí en el olvido y se perdiese.


Las muestras visibles de fervor protestatario no emergieron únicamente en los días de liturgia cívica. Don Pedro Montt, hijo del eminente Manuel Montt, fue elegido Presidente de Chile en 1906. Uno de los temas incluidos en su plataforma electoral, la construcción de un ferrocarril longitudinal a lo largo del norte del país, afectó a toda la región de Tacna y Arica. Don Pedro decidió visitar esa controvertida zona. Un arco de triunfo fue erigido para celebrar su llegada a nuestra ciudad natal al lado del edificio de la Intendencia, es decir, casi al frente de nuestro hogar. Resultó notorio que la recepción al jefe del Estado chileno en torno a dicho arco, estuvo acompañado por una concurrencia muy escasa. Algunos días más tarde, llegó Carlos Forero con motivo de su candidatura a la representación parlamentaria por el departamento de Tacna Libre, la zona vecina al área ocupada por los vencedores de 1883. Una entusiasta multitud le rodeó en su paso por las calles. 
El Presidente Montt se había enfermado y hallábase descansando en un hotel. Al llegar los manifestantes a esa cuadra, guardaron estricto silencio. Los gritos que aclamaban al Perú y a Forero reanudáronse sólo en la calle siguiente. La enfermedad de don Pedro resultó muy grave y se hizo necesario que entregase su investidura al Vice Presidente de la República para viajar a Europa en busca de la salud. Falleció en Bremen, antes de que hubiese terminado su período de gobierno.

Al fallecer el vicario de Tacna José Félix Andía, el Intendente Máximo R. Lira ordenó la clausura de los templos de San Ramón y del Espíritu Santo en aquella ciudad por encontrarse acéfala la parroquia, ya que negóse a reconocer al cura vicario interino José María Flores Mestre, nombrado por el Obispo de Arequipa, hasta que lo aprobara el gobierno de Chile. 

Simultáneamente mandó poner en custodia del juez de letras de Tacna el archivo de la parroquia. Pero ya los libros de bautismos, matrimonios y defunciones de Tacna y Pachía desde mediados del siglo XVIII habían sido ocultados por los sacerdotes peruanos con la ayuda de algunas familias tacneñas; y el juez chileno se incautó sólo de los libros de confirmaciones, capellanías, estipendios de misas, mandas, inventarios y otros análogos. En el traslado de estos documentos de la casa cural a otras y en el envío secreto de ellos primero a Arica y luego a Lima y al Obispado de Arequipa, intervinieron muchas personas, algunas connotadas como doña Rosa Legay de Trabucco y el jefe de la agencia marítima Nugent, don Eduardo Hogez Nugent, así como gentes humildes y anónimas. Por eso se salvaron los libros parroquiales que años más tarde, en 1925 y 1926, el gobierno peruano manejó para tener una relación exacta de los nacidos en el territorio plebiscitario. 

Con motivo de la clausura de las iglesias, el cura J. M. Flores Mestre presentó una querella ante el juez letrado; pero éste le exigió que acreditase su personería. En cuanto al inventario y guarda del archivo parroquial, la Corte aprobó que continuara en el juzgado. Los curas peruanos de Tacna y Arica, desalojados de las iglesias, abrieron diversos oratorios particulares en noviembre de 1909; pero no por mucho tiempo. 

En febrero de 1910 el Ministro de Relaciones Exteriores chileno Agustín Edwards, autorizó al Intendente Máximo R. Lira para que los expulsara del territorio por desconocer las leyes y ser elementos de discordia. Así fue ordenada en marzo la salida de los presbíteros J. M. Flores Mestre, Vitaliano Berroa, José Félix Cáceres, Esteban Tocafondi, Mariano Indacochea Zevallos, Francisco Quiroz y Juan G. Guevara, Berroa y Guevara pidieron garantías a la Corte de Tacna, después de alegar que se les condenaba sin que hubiera sentencia ejecutoriada. La Corte resolvió favorablemente este pedido. Ambos regresaron del territorio peruano al viajar de Sama a Para. El Intendente entabló competencia al tribunal, que optó por remitir el caso al Consejo de Estado. Los dos sacerdotes decidieron entonces dirigirse a la ciudad, con cuyo fin solicitaron públicamente un coche de plaza. Apresados, fueron conducidos con una escolta de policías a la frontera por sendas especiales para evitar que el pueblo de Tacna cumpliera con su propósito de hacerles manifestaciones de simpatía. La expulsión de los sacerdotes peruanos de Tacna y Arica dio lugar a la ruptura de las relaciones diplomáticas entre el Perú y Chile.

El culto religioso quedó suspendido en ambas ciudades y en toda la zona desde marzo de 1910 y el gobierno chileno estaba resuelto a impedir que lo ejercieran sacerdotes peruanos. Los tacneños y ariqueños peruanos se quedaron sin misas, confesiones o comuniones. La Santa Sede, que se había negado a mutilar o reducir el Obispado de Arequipa, autorizó, sin embargo, en 1910 el nombramiento de un vicario castrense para el ejército y la armada chilenos. La elección recayó en el presbítero Rafael Edwards, cuyo fervor patriótico era más hondo que sus deberes religiosos.... 

De mayo a diciembre de 1911 la población peruana en Tacna y Arica y, especialmente, en Tarapacá afrontó nuevos días de prueba. Habíase conservado y aumentado en Iquique y otros lugares de esta última provincia una numerosa y laboriosa colonia de connacionales nuestros. Tenía ella una sociedad de beneficencia, una compañía de bomberos, un club social y un diario, entre otras entidades. Hubo inclusive una literatura peruana tarapaqueña. Eran muchísimos los trabajadores compatriotas en las salitreras, sobre todo oriundos de Arequipa. Una Liga Patriótica chilena, formada rápidamente, comenzó a insultar y a atacar con furia a toda esa buena gente. Los obreros fueron expulsados de las salitreras, "barridos" como dijo entonces un diario de Valparaíso. Ello redundó en una crisis por la falta de brazos. Las instituciones quedaron destruidas entre gritos, pedradas y balas. El cónsul Manuel María Forero que servía en este cargo gratuitamente y cuyo hogar y cuya oficina fueron atacadas, sin garantías para su persona ni para su familia por el odio de las turbas, se asiló en el consulado británico de donde ellas quisieron extraerlo por la fuerza y hallóse ante la necesidad inevitable de abandonar Iquique, En Tarapacá, como en Arica y Tacna, muchos jóvenes tuvieron que emigrar porque fueron llamados al servicio militar obligatorio. 

El 18 de julio de 1911, unos ochocientos trabajadores del ferrocarril de Arica a La Paz enviados a Tacna para una manifestación nocturna, ya que en esta ciudad era imposible reunir una masa similar, asaltaron y destruyeron, durante más de cuatro horas, las imprentas que publicaban los dos diarios peruanos La Voz del Sur y El Tacora, situadas a muy pocas cuadras del cuartel de la policía. Así cumplieron con lo anunciado en uno de los cartelones que portaban: "No queremos más panfletos, Ni más Freyres ni Barretos". Y como si tales hazañas no fuesen suficientes, entraron al Club de la Unión, centro social donde se reunía la población de la misma nacionalidad, hicieron añicos el mobiliario y dañaron gravemente el local (*). 

En uno de los retratos de mi infancia aparezco con el uniforme blanco de los soldados que fueron movilizados en el conflicto con el Ecuador, probablemente hecho pieza por pieza por mi hermana Luisa, cuya fotografía para un baile de fantasía de muchos años atrás, con un traje formado con las primeras hojas de los diarios peruanos de Tacna, se publicó en uno de los números de la revista Prisma que entonces aparecía en Lima. 

(*) Como los socios siguieron frecuentando este edificio semidestruído, fueron notificados en noviembre de ese mismo año por el jefe de la guarnición, general Vicente del Solar, cuyos vínculos con los sucesos del 18 de julio resultaron evidentes, para que procedieran a clausurar esas puertas y apagar esas luces. El mismo general obligó al gerente del Banco de Tacna, don Artidoro Espejo, delegado del gobierno peruano, a renunciar su cargo, después de colocar un pelotón de soldados armados en la puerta del banco.

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Texto escrito por Jorge Basadre Grohmann en su ensayo "Infancia en Tacna"

Saludos
Jonatan Saona

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