sábado, 16 de marzo de 2013

Juan Byron

Juan Byron Markholz

Fueron sus padres irlandeses, quienes se conocieron en el Perú y se casaron católicamente en la Parroquia del Sagrario de la Basílica Catedral de Lima. Byron nació en fecha y circunstancias muy especiales. Su madre lo trae al mundo el 29 de febrero de 1860 a bordo de una nave en aguas juridisccionales del Callao. 

A los 16 años era uno de los socios fundadores del Club Talia, entidad filodramática y ofrecía funciones en el Teatro Principal y en el de Aficionados en el Jardín de la Aurora. 

A los 17 años ingresó a San Fernando. Desde el inicio de sus estudios, fue un alumno distinguido que supo ganar el aprecio de sus maestros y compañeros. Ideó u procedimiento para la conservación del cerebro que se usó por tradición durante años. Al concluir el primer año de medicina obtuvo el calificativo más alto al que se hicieron acreedores sólo dos alumnos de los veintiséis que constituían esa flamante promoción.

Los certificados de estudio los he ubicado en el Archivo Administrativo de la Universidad Nacional Mayor de de San Marcos. El que corresponde al primer año lleva entre otras, la firma del doctor Celso Bambarén quien actuaba como Presidente del Jurado examinador. Era además, director de la revista La Gaceta Médica. Al año siguiente, el mencionado profesional asoció como traductores y colaboradores de este órgano a cuatro alumnos: Juan Byron, Manuel Muñiz, Andrés Muños y Leonidas Avendaño. Es esta revista la que abre las puertas del periodismo a este grupo. 


También demostró disposición hacia la meteorología a través de sus trabajos que publicara mensualmente en la Crónica Médica bajo el título de Servicio Especial de Estadística y Meteorología. Para el desarrollo de esta tarea la Sociedad Unión Fernandina disponía de un observatorio; Byron se preocupó por equiparlo e incorporó un pluviómetro, anenóscopo, higrómetro, sismógrafo, atmidómetro etc., de este último, inventó un modelo. 

En 1879, a poco de empezar el año académico estalló la guerra contra Chile. Era cuatro de abril cuando los alumnos de San Fernando reunidos en la escuela de medicina, acordaron por unanimidad ofrecer su participación patriótica en el conflicto bélico que Chile acababa de iniciar al Perú.

Para ello solicitaron al Presidente de la República les concedieran un puesto en el Ejército o en la Armada Nacional. A tal efecto se formó una comisión presidida por Tomás Ugalde, a quien se le confió la entrega del acta con los acuerdos de Asamblea, la que estaba firmada por graduados y estudiantes. En dicho documento aparece rúbrica de Juan Byron.

Para muchos historiadores la actuación de nuestro recluta en la Campaña del Sur fue a través de los Cuerpos de Sanidad del Ejército. “En cumplimiento de sus deberes cívicos Byron marchó al Sur con el primer cuerpo de sanidad organizado...”.

El primer envío de personal que dispuso el gobierno como refuerzo a las tropas peruanas en Arica e Iquique, salió del Callao el 7 de abril abordo de las naves Unión y Pilcomayo al mando del Capitán de Navío Aurelio García y García. Los buques en referencia después de cumplir su objetivo se dirigieron al Sur y a la altura de Chipana, protagonizaron con la cañonera Magallanes la primera acción naval que se empeñó en la guerra.

Terminada la epopeya naval con la pérdida de los buques más poderosos que tenía el Perú, dueños los chilenos del mar y teniendo libre las comunicaciones hacia el Noereste, iniciaron la invasión de nuestro territorio a través del puerto de Pisagua, escenario de la batalla del mismo nombre. Después de la batalla de Tarapacá, nuestro ejército fue reorganizado. Más tarde, los cambios que se implantaron lejos de reforzarlo, lo debilitaron y dividieron creándose mediante Decreto Supremo del 31 de Enero de 1880 el Segundo Ejército del Sur al mando del Coronel Gamarra que poco después (22 de marzo) debutó en la “Batalla de los Angeles” en que se enfrentó y fue derrotado por las tropas chilenas al mando del General Baquedano.

En el archivo del Centro de Estudio Histórico Militar del Perú existe un manuscrito con la relación el personal de Sanidad destinado al Segundo Ejército del Sur en el cual figuran Juan Byron con el cargo de practicante de medicina, fechado en Lima, el 18 de marzo de 1880. Esta interesante circunstancia lo integra a todos los desplazamientos y enfrentamientos a que tuvo lugar a través de las campañas del Sur del país.

Finalizada la contienda de retorno al Alma Mater, el 13 de Agosto de 1883, un grupo de estudiantes y médicos jóvenes a iniciativa de los alumnos Francisco de Bardo y Emilio García se fundo la Sociedad de Unión Fernandina. En la Directiva y con el cargo de Segundo Vicepresidente figuraba nuestro biografiado, cargo que desempeño durante dos años consecutivos. En la sesión inaugural, Byron haciendo uso de la palabra pronunció el siguiente discurso:
“...Desde Chipana hasta Mejillones, desde Pisagua hasta Huamachuco, la escuela de Medicina ha estado dignamente representada, por algunos de sus miembros sin que las fatigas consiguientes a las marchas, ni el hambre, ni las epidemias, ni la metralla enemiga, les hubiera hecho cejar una sola línea en su propósito. Celis, Marini, Lengua, Poma, Villanueva, Montes Mesa tales son los nombres olvidados por muchos, pero que nosotros guardaremos en el fondo de nuestros corazones como ejemplo para el futuro; existencias preciosas que el destino ciego arrebató; mártires de la ciencia sacrificada en el lugar que el deber les había señalado....”.

En abril de 1884 Byron iniciaba el sexto año de estudios y fue nombrado “interno” del hospital Santa Ana. Y en la clausura del año académico, obtuvo el Grado de Bachiller en Medicina, haciéndose acreedor a la CONTENTA que era una beca para estudiar en el extranjero, premio que se otorgaba al alumno que ostentara la más alta nota de su promoción. En marzo de 1885, se ausentó del país en viaje de instrucción a Estados Unidos de Norte América, Inglaterra, Francia, Alemania e Italia

En julio de 1887, en la universidad de Nápoles, obtuvo el título de Doctor en Medicina, y egresó con honores académicos en las especialidades de patología y bacteriología.

En Estados Unidos su práctica profesional. La inicia en New York en el año 1888 en el laboratorio Loomis, con el cargo de instructor, desempeñándose en el campo de la bacteriología.
Fue investigador; profundizó el conocimiento de la forma de transmisibilidad de las fiebres palúdicas; realizó varios descubrimientos sobre la lepra y fue el primero que logró cultivar el bacilo de Hansen en el medio de gelatina; investigó acerca de la viruela. A corto plazo llegó al cargo de Director de Departamento de Bacteriología. Como docente, se desempeño en diversas instituciones y asociaciones médicas.

En el campo epidemiológico, tuvo una actuación destacada en la época del miedo al Cólera Asiático ocurrida entre los años 1892 – 1893. El oficial de Cuarentena, designó al Doctor Byron con el cargo de Bacteriólogo del New York Health Departament, con la responsabilidad de tener a su cargo las islas Swinburne y Hoffman. Poco tiempo después es nombrado Bacteriólogo de Cuarentena; la labor desarrollada por el Doctor Byron fue de mucha importancia, pues gracia a la forma en que ejecutaron las normas de prevención dictada por él, la ciudad de New York se libro del flagelo del cólera. 

En Febrero de 1894, siendo Director del Departamento de Bacteriología, y en circunstancias que se encontraba realizando investigaciones con bacilos de Koch los inhaló en forma involuntaria contrayendo a la tuberculosis pulmonar que el mismo se diagnóstico y comprobó en su laboratorio.

Manifestó al periodismo lo siguiente:
“... He estado cultivando los gérmenes de la enfermedad por doce años, y supongo que la familiaridad con ellos me hizo ser poco cuidadoso, lo que le pasa al cirujano que se corta con su propio cuchillo. Tenemos la costumbre de recoger el esputo de los enfermos para identificar la bacteria; Aunque son pequeños son resistentes a morir, aferrándose a la vida con más tenacidad que sus víctimas. Cuando están húmedos, prácticamente no existe peligro de contaminación, pero si se secan saturan la atmósfera y no se puede evitar la aspirarlos. Esta es la forma como se propaga la tisis. En febrero último me sentí mal, en verdad nunca me sentí bien después de mi asistencia a la epidemia del cólera; me hallaba haciendo algunos experimentos con bacterias de tuberculosis y supongo que algunos de ellos se secaron; el cómo no lo sé, pero pudo ser que algunos cayeran al suelo o sobre mi ropa durante el trabajo o que los frascos no estuvieran bien esterilizados, o bien, por algunas de tantas formas con que se manifiesta el descuido.
No tengo duda que esta falta de precaución,  fuera la forma como inhalé los gérmenes. Como dos semanas después observé que tenía los síntomas de tisis. Aunque mis pulmones están afectados, no pierdo las esperanzas de encontrar curación...” .
Viajó a Italia, donde, ni el cambio de clima, ni el esfuerzo de los médicos lograron neutralizar el avance de la enfermedad, por lo que regresó a New York. Antes de enfermarse pesaba 165 libras (75.900 kl) pero cuando descubrió que estaba tuberculoso el peso se había reducido a 120 libras (55.200 kl) y antes de morir había adelgazado aún más.

Su deceso ocurre el 8 de Mayo de 1895 y el funeral tuyo lugar en la iglesia de San Francisco Javier de New York. La pérdida de tan talentoso profesional, fue difundida rápidamente a través de revistas y periódicos locales, donde, no sólo hizo una reseña de su vida y la forma cómo contrajo la enfermedad que lo condujo a la muerte, sino que se escribieron frases de elogio a su persona.

En Lima la Redacción de la Crónica Médica en una nota editorial, y bajo el título de “Juan M. Byron” da a publicidad, del que he tomado el siguiente párrafo:
“Uno menos en la honrosa legión de los bienhechores de la humanidad y que ha dejado un claro irreparable en estas filas. Juan M. Byron fue un batallador incansable, orgullo de su querida patria y gloria de la ciencia, que ha sucumbido como valeroso soldado en permanente lucha contra los agentes patógenos. ¡Juan Byron ha muerto! Y al considerar que la implacable guadaña, ha segado esa preciosa existencia, nuestro labio enmudece, nuestro cerebro se turba y nuestra pluma apenas si puede trasmitir lo que pasa en  nuestro ánimo, consecuencia natural del fraterno cariño sostenido durante diez y nueve años en las diversas etapas de nuestra risueña vida escolar y de nuestra espinosa vida profesional. La Crónica Médica de Lima enluta sus columnas como muestra de sincera condolencia para la prematura desaparición de su esclarecido fundador y presenta al mundo toda su excelsa personalidad entre los que nos dedicamos al cultivo de la ciencia...”.
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Texto, Resumen de la Investigación titulada "Perfil biográfico de Juan Byron Markholz" escrito por el Dr  Alfonso Montagne V., Docente de la Universidad Peruana Cayetano Heredia

Saludos
Jonatan Saona

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