miércoles, 6 de marzo de 2013

Jorge Velarde


Jorge Enrique Velarde Castañeda

Nació en Lima en 1856.  Sus padres fueron los arequipeños don Melchor Velarde Echevarría y doña Francisca Castañeda Hernández.

Había ingresado a los 15 años a la Escuela Naval del Perú. Habiendo concluido sus estudios en el vapor “Marañón” donde funcionaba la Escuela Naval. Hacía poco más de cuatro años que había recibido su título de Guardiamarina y en abril de 1875 embarcó en la fragata “Independencia”. Estando en este buque en 1876 se le concedió una licencia para hacer un viaje rumbo a Europa en la fragata inglesa “Oracle” lo que le significó una importante experiencia.

De regreso al Perú fue ascendido a la clase de alférez. Tras otra travesía por las Islas Marquesas, Tahití y San Francisco, a bordo de la nave francesa Magacienne, fue ascendido por el brillo de sus méritos al rango de teniente 2º.
Pero en 1879 Velarde enfermó de tuberculosis y fue trasladado a Jauja para intentar su restablecimiento. Estando en esa ciudad, Chile empezó su ofensiva en contra del Perú. Velarde, sin haber sanado del todo, regresó a Lima y fue destacado de inmediato al Huáscar como oficial de órdenes y derrota.

Teniente segundo de la Armada Peruana. Se desempeñó como oficial de señales de cubierta en el Monitor Huáscar, bajo el mando del Contralmirante Miguel Grau durante la Guerra del Pacífico. Murió en el combate naval de Iquique, el 21 de mayo de 1879, fue la única baja peruana en este combate, y el primer héroe naval peruano de la Guerra del Pacífico.

Según el relato del corresponsal Julio O. Reyes 

El oficial de señales, teniente 2º don Jorge Velarde, que estaba cerca de la torre del comandante, recibió tres balazos al tiempo de dar el monitor el segundo espolonazo a la Esmeralda. Uno tenía en la pierna derecha, otro en el brazo y el tercero en los pulmones.
Se le condujo en brazos de sus compañeros, quienes lo estimaban en alto grado, al hospital de sangre, que estaba en la segunda cámara, donde los médicos agotaron los recursos de la ciencia para salvarlo, pero todo fue inútil. Duró más de dos horas.
Hubo un instante que después de curársele la heridas exclamó: “¿Se han hundido ya esos miserables?” y al contestársele que faltaba poco, agregó: “Déjenme ir a mi puesto, al lado del comandante; ¡ya estoy bueno para combatir a esos cobardes!”.
Velarde era un marino joven, inteligente, laborioso y digno; era la esperanza de nuestra escuadra y murió como un héroe.
Paz en su tumba, y derramemos una lágrima a su memoria.
El comandante Grau lo estimaba tanto, que no se le comunicó nada sino mucho después que había muerto.


De él dijo Miguel Grau en el Parte del comandante del Huáscar al Director de Guerra y Director de Marina, al ancla en Iquique, mayo 23 de 1879):
No puedo prescindir de llamar la atención de V.E. hacia la sensible pérdida del teniente 2º graduado don Jorge Velarde, para significar el notable comportamiento y arrojo con que este oficial conservó su puesto en la cubierta al pie del pabellón, hasta ser víctima de su valor y serenidad”

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Saludos
Jonatan Saona

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