sábado, 15 de diciembre de 2012

Ramón Zavala

Ramón A. Zavala Suárez

Nació  en la hacienda "Puquio de San Isidro" —propiedad de su familia— en Pica, localidad de Tarapacá el 31 de agosto de 1853. Hijo de don Nicolás Zavala, jurisconsulto, y doña Manuela Suárez y Carrillo, hija de un héroe de la independencia.

Sus primeros estudios los cursó en su tierra natal, siendo enviado después a Chile a cursar su instrucción secundaria en el Liceo Vallarino de Valparaíso. Tras el fallecimiento de su padre tuvo que regresar a Tarapacá para encargarse del negocio familiar, el comercio del salitre, para así ayudar a sus hermanos al sostenimiento del hogar.

Al cabo de unos años y acumulada ya un apreciable fortuna, los Zavala se trasladaron a Lima. Allí les sorprendió la declaratoria de guerra formulada por Chile el 5 de abril de 1879. 

Ante el peligro que afrontaba la Patria, la familia Zavala no tuvo instante de vacilación para ofrecer sus servicios, enrolándose en el ejército los dos hermanos que sostenían el hogar: Pedro José y Ramón; aún más, pusieron su fortuna a disposición para la formación de un batallón que pronto llegó a contar con 400 plazas, al que equiparon y dotaron de cuantos elementos podían conseguirse entonces. Este batallón, bautizado originalmente con el nombre de Número 11 de la Guardia Nacional y luego como el Provisional de Lima Nº 3 en los cuadros generales del ejército, integró la llamada "División Exploradora" mandada por el general Pedro Bustamante, y marchó hacia Tarapacá, desembarcando en Iquique y pasando luego a ocupar la posición establecida en La Noria, donde Ramón Zavala, con el grado de teniente coronel, asumió su mando, en tanto que su hermano era retirado para que atendiera los negocios familiares.

Ramón no sólo era considerado como el jefe que compartía penalidades y siempre estaba a la vanguardia incitando con su ejemplo, sino como un protector de sus tropas que lo llamaron "el padre de sus soldados". De La Noria siguió a Monte Soledad, donde ante la falta de víveres atendió a comprarlos con su propio peculio. Luego se le ordenó marchar a Pozo Almonte, ante la situación creada por la pérdida del puerto de Pisagua (2 de noviembre de 1879). Participó en la batalla de San Francisco (19 de noviembre), en forma destacada y valerosa, no solo sosteniendo el ataque del enemigo, sino salvando la vida del teniente coronel Pedro Pflucker, el segundo jefe de su batallón, y luego intentando reunir las fuerzas dispersas para reanudar el ataque.

Participó luego en la batalla de Tarapacá (27 de noviembre del mismo año), victoria peruana durante la cual cumplió misiones de peligro al pertenecer su batallón a la división exploradora. Cooperó también con el coronel Andrés A. Cáceres en la captura de los dos últimos cañones del adversario.

Se halló después en la retirada hacia Tacna y pasó a guarnecer la plaza de Arica, sitiada por las fuerzas chilenas. Allí, bajo las órdenes del coronel Francisco Bolognesi, estuvo presente en la junta de guerra que acordó morir antes que entregar la plaza al enemigo (26 de mayo de 1880). 
En una carta dirigida a sus familiares el 31 de mayo, decía Zavala: 
"De todos modos tengan la seguridad de que si no triunfamos —que si no hacemos de Arica un segundo Tarapacá— su defensa será de tal naturaleza que nadie en el país desdeñará reconocer en nosotros sus compatriotas, como los defensores de la honra e integridad de nuestra Patria".
Zavala fue quien condujo al parlamentario chileno José de la Cruz Salvo (quien fuera compañero en Valparaiso de su hermano Pedro José) con los ojos vendados hasta la sede del cuartel peruano; dicho oficial, a nombre de Chile, pidió la rendición de Arica, a fin de evitar más derramamiento de sangre. La respuesta de toda la oficialidad peruana fue unánime: “pelearemos hasta quemar el último cartucho” (5 de junio).

Durante la batalla de Arica, Zavala dirigió a sus soldados hacia el Morro para alcanzar las posiciones designadas por el comando, unas veces a pie y otras a caballo, dando ánimo a sus tropas y recorriendo los lugares en que creía necesaria su presencia. Resistió con bravura y tesón hasta que una bala le atravesó el pecho y lo derribó del caballo, privándolo así de la vida un 07 de junio de 1880
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Saludos
Jonatan Saona

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