jueves, 31 de mayo de 2012

Parte de Barbosa

4a. DIVISIÓN.

PARTE DEL COMANDANTE DE LA DIVISIÓN CORONEL OROZIMBO BARBOSA.

Tacna, junio 1° de 1880.

Señor Jefe de Estado Mayor General:

Tengo el honor de dar cuenta a V.S. de la parte que le cupo desempeñar a la cuarta división de mi mando, en la batalla de las alturas de Tacna, librada el 26 del pasado contra los aliados.

A las 8 A.M. de ese día la división compuesta de los regimientos Zapadores y Lautaro y el batallón Cazadores del Desierto, marchaba hacia el enemigo colocada a la izquierda de la tercera división, formando línea con ésta en columnas paralelas y a 3.000 metrosa retaguardia de la línea que formaba la primera y segunda división.


A las 9 A.M. el señor General en Jefe dispuso que a las fuerzas a mis órdenes ya citadas, se agregase una batería de montaña Krupp, un escuadrón de Cazadores a caballo y el de Carabineros de Yungay núm. 2, ordenándome al mismo tiempo que con todas estas tropas marchara inmediatamente a dominar y batir el enemigo por su ala derecha.

Organizada la división con las fuerzas indicadas, procedí a tomar las medidas que exigían las circunstancias. Al efecto dispuse que el Jefe de Estado Mayor de la división, sargento mayor don Baldomero Dublé A., acompañado de su ayudante, alférez don Diego Miller A., se adelantara a reconocer el terreno al frente; la batería de artillería protegida y precedida por dos compañías del Lautaro seguía la dirección que llevaba aquel jefe; el batallón Cazadores del Desierto en formación extendida, debía explorar las lomas que tenía a su frente e izquierda; Zapadores seguía en columna, precedido por guerrillas, explorando también el terreno a la derecha de la división, y el regimiento Lautaro, haciendo lo mismo por el centro en igual formación; la caballería marchó oblícuo a la izquierda a reconocer todo el terreno por ese lado.

En esta forma la división marchó al lugar que se le había indicado como objetivo, hasta las 11.45 A.M., hora en que la infantería enemiga colocada detrás de unas lomas a 800 metros al frente, principió el fuego contra nuestras tropas, haciendo lo mismo su artillería que tenían colocada en un fortín oblícuo a la derecha de nosotros como a 2.500 metros de distancia de nuestro frente derecho, y asimismo el resto de la artillería que tenían a su izquierda y que en esos momentos vino a colocarse al lado de la anterior, cuyos disparos ya había recibido la división durante su marcha al frente.

Sólo entonces el Jefe de Estado Mayor pudo encontrar una posición ventajosa para colocar nuestra batería de artillería, la cual, siempre protegida por las dos compañías del Lautaro, principió inmediatamente sus fuegos haciendo certeros y nutridos disparos sobre la artillería e infantería enemiga.

Mientras tanto, los demás cuerpos de la división seguían al frente, estrechando la distancia con fuego en avance hasta llegar a 40 metros del enemigo. A las 12.55 P.M., el enemigo doble más numeroso que nosotros, y que ya había cejado el terreno, emprendió la fuga a la vista cercana de nuestras bayonetas, dejando tendidos en el campo gran número de los suyos víctimas del arrojo de nuestros soldados.

Durante gran parte de la acción, la caballería tuvo que mantenerse a retaguardia de nuestras tropas porque el terreno era completamente inadecuado para maniobrar y estaba dominado por los fuegos del enemigo. Esta circusntancia es tanto más sensible cuanto que en buen terreno la caballería de la división, al mando de sus valientes jefes y oficiales, habría procurado a la patria una carga gloriosa más, a las muchas que ya tienen dadas en la campaña.

Al notar que el enemigo se retiraba, la división apresuró su marcha de conversión a la derecha, volviendo completamente y tomando las posiciones enemigas.

Es un honor para esta división la circunstancia de que siempre marchó al frente sin retroceder un solo instante a pesar de la superioridad numérica del enemigo.

Durante el avance de los cuerpos de la división, fue herido mortalmente el valiente y sentido comandante de Zapadores, don Ricardo Santa Cruz y allí también cayeron muchos otros oficiales y la mayor parte de las bajas de tropa que hemos tenido. En esta misma marcha de ataque, hubo que rechazar al enemigo a la bayoneta.

A la 1 P.M. en punto, las tropas de la división se apoderaron del campamento enemigo tomándoles varias banderas y muchos prisioneros, continuando hasta las lomas que dominan el valle de Tacna.

En este instante se incorporó a la división el brillante regimiento 4° de línea que, de orden de V.S. había sido destacado de la división de reserva para apoyarnos.

Organizados ahí los cuerpos, esperé orden de V.S., habiendo mandado antes la caballería a cortar al enemigo en su fuga.

La división permaneció en aquel lugar hasta las 5.30 P.M., hora en que el señor General en Jefe ordenó bajar a acamparse a la orilla del río.

Me es muy doloroso tener que anunciar a V.S. que en la dura y gloriosa prueba a que estuvo sometida la división de mi mando, ésta tuvo 308 bajas en la forma que expresa detallamente el adjunto cuadro, o sea un 15 por ciento de la fuerza que entró en combate, contra un enemigo siempre más del doble en número que los nuestros y que ocupaba magníficas posiciones. La explicación del corto número de bajas que relativamente hemos sufrido, la encontrará V.S. en el parte del comandante del Lautaro.

Cumplo enseguida con el deber de recomendar especialmente al Jefe de Estado Mayor de la división, sargento mayor don Baldomero Dublé A., a todos los ayudantes de Estado Mayor y de campo del que suscribe, particularmente el capitán don Hermógenes Camus y al alférez don Diego Miller A. que fue encargado de comunicar mis órdenes en lo más reñido del combat, siendo herido en el brazo izquierdo por una bala que se lo atravesó al desempeñar su comisión y continuando en el mismo servicio hasta el fin de la batalla.

Los señores jefes y oficiales de los cuerpos, todos sin excepción, se han distinguido por su valor y serenidad en el combate, dando ejemplo de arrojo al conducir sus tropas al enemigo. Entre los primeros, creo de mi deber recomendar muy especialmente al malogrado comandante de Zapadores, don Ricardo Santa Cruz, que desgraciadamente para el ejército falleció de su herida el día siguiente de la batalla. Igual recomendación debo hacer del comandante del Lautaro, don Eulogio Robles, cuya conducta digna, de todo elogio, me fue posible apreciar personalmente. También recomiendo a V.S., en igual forma, al comandante del batallón Cazadores del Desierto, don Jorge Wood, cuyo proceder honorable se desprende de su parte particular.

Hago asimismo mención particular de la conducta tan recomendable observada por el capitán don G. Fontecilla y los entusiastas y valientes oficiales que lo secundaban en el servicio de la artillería de montaña, cuya batería tanto influyó en el buen éxito obtenido por la división.

En cuanto a la caballería, aunque no tuvo oportunidad de entrar en acción como la infantería y artillería, sin embargo su presencia sirvió de apoyo moral a la división. Por otra parte, sus jefes, oficiales y tropa, saben recomendarse a sí solos cada vez que el enemigo se pone a su alcance, y ya he dicho a V.S. al principio que la caballería contraria volvió caras apenas avistó los terribles sables de la nuestra.

Me hago un deber en recomendar al capellán de la división don Eduardo Fabres que marchó junto con la tropa y que cumplió dignamente sus deberes como sacerdote y como patriota.

Para las recomendaciones especiales que merecen los demás jefes y oficiales de los cuerpos de la división, llamo la atención de V.S. a lo que dicen los partes de los respectivos comandantes.

Durante la batalla acompañó voluntariamente al que suscribe, como ayudante, el ex capitán de Guardias Nacionales don Alejo San Martín; y, como ordenanza, el cabo 1° del cuerpo de Ingenieros militares, Lorenzo Morales, cuyo caballo le fue muerto en el combate.

Respecto de las clases y soldados de los cuerpos de la división, no encuentro palabras con que encomiar la conducta valerosa y subordinada de estos bravos defensores de la patria que se han hecho acreedores a la gratitud nacional y a laconsideración de sus jefes y oficiales.

Adjuntos tengo el honor de remitir a V.S. los partes particulares y relación nominal y clasificada de las bajas, que me han pasado los jefes de cuerpos; asimismo un cuadro o resumen de esas mismas bajas.

Termino señor coronel felicitando a V.S. por el triunfo que ha obtenido la patria en el memorable día 26 del próximo pasado.

Dios guarde a V.S.

OROZIMBO BARBOSA.
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Saludos
Jonatan Saona

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