domingo, 27 de mayo de 2012

Parte de Orrego


COMANDANCIA DEL REGIMIENTO DE LÍNEA SANTIAGO.

Tacna, mayo 31 de 1880.
Señor Comandante:

En cumplimiento de mi deber paso a dar cuenta a V.S. de todo lo concerniente a la parte que el regimiento Santiago ha tomado en la batalla del Alto de Tacna el 26 del presente.

Desde luego me es grato hacer presente a V.S. que el orden en las marchas, desde Sama hasta el campo de la acción, ha sido en nuestro cuerpo digna de elogio: no hemos tenido un solo rezagado, lo que, atendidas las condiciones del terreno en que marchábamos, es un hecho que dice mucho respecto a la moralidad y disciplina del regimiento que lleva en el ejército el nombre de la capital de Chile.


Como a las 6 A.M. del 26, se avistaron las avanzadas enemigas y seguimos adelante hasta las 9, hora en que desplegamos las dos compañías guerrilleras a 500 metros a vanguardia. El enemigo empezó a cañonearnos en ese momento, sin hacernos ninguna baja; y continuamos avanzando bajo sus fuegos hasta la distancia de 800 metros en que rompieron sobre nosotros sus fuegos de fusilería; y no contestamos hasta que llegamos a 400 metros de los contrarios.

En ese momento, nuestras guerrillas se replegaron al resto del regimiento, y éste siguió avanzando constantemente a paso de ataque a paso de ataque sobre el enemigo que se reforzaba cada vez más, y que no tardó en hacer grandes claros en nuestras filas. El teniente coronel León cayó de los primeros herido en ambos brazos, y le sucedió en el mando el mayor Silva Arriagada, que con gran denuedo recorría la línea, y que recibió cuatro balazos, quedando fuera de combate y muriendo pocas horas después.

Mi deber me llamaba a sucederle en el mando del regimiento, que lo tomé en el acto y en momentos en que V.S. mismo era herido, cuando, en su carácter de jefe de división, acudía a animar con su presencia a nuestros valerosos soldados.

En esos mismos instantes nuestras municiones se agotaban, y algunos de los míos agotaban sus fuegos por esta causa. En tan angustiadas circunstancias, y teniendo al frente a un enemigo que se reforzaba más y más, hasta llamar a sus filas a toda su reserva, acudió en apoyo nuestro el batallón Chacabuco. Reforzados así, continuamos nuestra marcha en avance hasta tomar en la parte que nos correspondía el terreno en que se batía y parapetaba el enemigo. Estrechado de cerca, no tardó éste en huir, y dos horas después de empezado el combate, las más espléndida de las victorias coronaba el valor de nuestros soldados; pues es necesario hacer constar que nos batíamos a pecho descubierto, con escasas municiones y después de una penosa marcha contra un enemigo que había elegido el terreno, que dominaba las alturas y que se ocultaba en zanjas, fosos y trincheras hechas ex profeso.

De 871 individuos de tropa que entraron en combate, hemos tenido 374 bajas entre heridos, muertos y contusos; y de 43 oficiales, ha habido 5 muertos y 14 heridos.

Acompaño a V.S. la lista de oficiales e individuos de tropa que hemos tenido de baja en la memorable jornada del 26.

Cara se ha comprado la victoria, como V.S. lo verá; pero es grande y honroso morir por la patria.

Al terminar, debo decir a V.S. que el valor de todos, oficiales, y soldados, no ha podido ser mejor; todos se disputaban la primera línea y el honor de batir de más cerca al enemigo; y aquí es el caso de decir también a V.S. que el comandante accidental del primer batallón lo fue el capitán ayudante don Abelardo Urcullo, quien estuvo en su puesto durante toda la batalla portándose bizarramente.

Es cuanto tengo que decir a V.S. en honor a la verdad y al cumplimiento de mi deber.

Dios guarde a V. S.

LISANDRO ORREGO.
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Sañudos
Jonatan Saona

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