domingo, 27 de mayo de 2012

Parte de Amengual


PRIMERA DIVISIÓN

PARTE DEL JEFE DE LA DIVISIÓN.

Señor General en Jefe:

Tengo el honor de dar cuenta a V.S. de lo acaecido en la división de mi mando durante el combate del 26.

En la noche del 25 acampamos como a dos leguas de las posiciones que ocupaba el enemigo, llamadas "Alto de Tacna".

Las fuerzas de que se componía la división de mi mando era de 2.380 individuos de tropa, distribuidos entre los batallones Navales, Valparaíso, Esmeralda y Chillán, pues el regimiento Buín 1º de línea que forma parte de esta división, fue separado de ella el día antes de marchar de Yaras para formar la reserva general.


A las 6 A.M. del día 26 se me comunicó por el Jefe de Estado Mayor de mi división, que el enemigo estaba a la vista; efectivamente se divisaban como a 3 o 4.000 metros de nuestro frente dos columnas, una en dirección hacia nuestra derecha, y la otra hacia la izquierda, encontrándose nuestra línea de batalla formada de oriente a poniente. Acto continuo dicho jefe dio cuenta a V.S. de lo que sucedía.

Se mandó formar la división, haciendo que el batallón Valparaíso se desplegara en guerrilla al frente y marchase al encuentro del enemigo, ordenando al mismo tiempo se replegaran las avanzadas que venían retirándose lentamente a la vista de él. En esta situación se mandó avanzar de frente, marcha que continuamos hasta las 10 A.M., hora en que llegamos como a 3.000 metros del alto, en donde tenía sus posiciones el enemigo y adonde se estableció después de haberse venido retirando a nuestra vista desde el lugar en donde habíamos pernoctado.

Llegados al frente de sus posiciones, se ordenó descansar y tomar algún desayuno a la tropa. Encontrándonos en esta circunstancia, dos baterías de artillería, una de campaña y otra de montaña, se establecieron al frente de los cuerpos de mi división que estaba formada en columna por batallones a distancia de despliegue; aquella hizo algunos disparos hacia el enemigo, cuya artillería coronaba la altura de sus posiciones, los que fueron contestados, alcanzando algunas granadas como a 10 metros de nuestra línea, por cuyo motivo hice despejar el fondo de la artillería corriendo los batallones a derecha e izquierda para de este modo evitar pérdidas inútiles en mi tropa.

Después de algunos disparos, se notó que el enemigo sus pendía sus fuegos sobre la derecha y sólo se veía disparar las piezas que atacaban nuestra izquierda o sea la derecha de ellos, ocultando las piezas y tropa a nuestra vista, queriendo manifestarnos tal vez con esto que se retiraba reconcentrándose hacia la derecha. Durante este tiempo el batallón Valparaíso se mantenía como a 2.000 metros del fuego de sus cañones, cuyas granadas caían en sus mismas filas, pero sin causarles daño.

La artillería nuestra enganchó sus piezas y la vimos marchar a retaguardia de nuestra línea, retirándose como a 3.000 metros.

En este momento recibo orden de marchar adelante protegido por la artillería que seguía a retaguardia y que no estaba bajo mis órdenes, pues como V.S. sabe, no se puso jamás bajo mi dirección la que correspondía a mi división, como asimismo la caballería.

Cumpliendo con la orden de V.S. de avanzar inmediatamente, ordené la formación de dos líneas de combate: componía la primera el batallón Naval y el 1º del regimiento Esmeralda, y la segunda línea el 2º del Esmeralda y el Chillán. Íbamos protegidos por el batallón Valparaíso desplegado en guerrilla.

Como no sabía el objeto de la marcha ni tenía instrucciones de V.S. ni del Jefe de Estado Mayor General sobre el plan de ataque, el lugar donde estaba el enemigo, etc., hacía que la marcha fuera lenta, a fin de esperar las órdenes del caso; más como volví a recibir orden de avanzar con rapidez, lo ejecuté en el acto.

En ese momento llegó el capitán Flores, de artillería, diciéndome que había reconocido la cúspide de la altura, que no había enemigo y que éste se había retirado a su campamento situado a 4.000 metros de ese lugar, agregándome que iba en busca de la artillería para coronar la altura.

Como la orden era de avanzar, seguimos adelante formados como he dicho en dos líneas; sin embargo, ordené que el batallón Valparaíso marchara listo para hacer fuego en caso de sorpresa, pues el enemigo no se veía.

Efectivamente, apenas subió la altura fue recibido por un nutrido fuego de fusilería que contestó en el acto nuestra guerrilla manteniéndose firme en su puesto, a pesar de las muchas bajas que sufrió cuando encimó la altura.

Inmediatamente entró en combate la primera línea en protección del Valparaíso, que siguió avanzando con ella. Más como se notara, por el fuego del enemigo oculto,que teníamos a nuestro frente fuerzas muy considerables y que se prolongaba su línea, siempre oculta, hacia nuestra derecha y podía flanquearnos, hubo que atender a esto haciendo que los batallones de segunda línea entraranen la de combate, corriendo así el riesgo de quedar sin ningún apoyo nuestra división, pues la reserva estaba muy distante y no pod{ia protegernos antes de dos horas.

Comprometida así toda nuestra fuerza a la vez y teniendo a nuestro frente en magníficas posiciones a una gran parte del ejército boliviano, la lucha se hizo desesperada, nuestros soldados no se detenían a observar las posiciones del enemigo sino que avanzaban a la voz de sus jefes y oficiales. Se había trabado un duelo a muerte, se combatía a 40 metros de distancia. En estos momentos y en tan difícil situación faltan las municiones.

Antes de entrar en combate estaba en conocimiento de V.S. que los soldados de la división sólo llevaban 130 tiros por individuo: 100 que es lo que carga habitualmente el soldado y 30 que se repartieron por la mañana en el campamento a todos los cuerpos excepto al regimiento Esmeralda, que no se le dio más porque no habían llegado las municiones Grass, según contestacióndel oficial de Estado Mayor General que las distribuyó.

En esos momentos se presentó por el ala derecha de mi división una fuerza de Granaderos, la que fue invitada a cargar por el comandante del regimiento Esmeralda. Con este oportuno apoyo pudieron nuestras tropas organizarse, y tomando algunas municiones se pudo continuar hasta el término de la jornada. Lamentable es que este importante servicio prestado por la caballería nos haya costado algunas bajas en la infantería, pues por desgracia no fue conocida la banderola que sirve de distintivo a esta división.

La falta de municiones hizo que algunos soldados se retirasen de la línea de batalla lentamente, lo que me obligó a pedir a V.S. protegiese nuestra derecha con algunos de los cuerpos de la reserva y nos auxiliase con municiones. La llegada de éstas y el refuerzo de la Artillería de Marina contribuyeron a completar la derrota del enemigo que ya estaba pronunciada, dejando en el frente de mi división varias piezas de artillería.

Llegados a las alturas que dominan el valle y la población, punto en que se habían reunido los restos de los cuerpos de la división, ordené que dos piezas de artillería de campaña, que al mando del capitán Villarreal llegaban en ese momento, hicieran 10 disparos a granada sobre los suburbios de la población, pues suponía que por allí marchaban los restos del enemigo disperso. Enseguida descendimos al valle, acompañados de 60 homres de caballería al mando del comandante Bulnes; cerca ya de la estación del ferrocarril, punto de entrada a la población, me detuve y mandé al sargento mayor don Francisco J. Zelaya, que se había incorporado, con el fin de intimar rendición al pueblo. Volvió pocos momentos después diciendo que le habían hecho fuego de la estación. Entonces ordené que una ametralladora hiciese algunos disparos sobre ese punto como asimismo una guerrilla que puse bajo las órdenes del coronel Niño.

Como no fueron contestados estos fuegos, me dirigí a la plaza acompañado de la caballería del comandante Bulnes y de la guerrilla del Valparaíso, ordenando a la Artillería de Marina, que marchaba por el centro del valle, se dirigiera a este punto.

En mi camino encontré a los cónsules, quienes me aseguraron que las fuerzas enemigas habían tomado el camino del Alto de Lima y que la ciudad estaba completamente abandonada.

Con la caballería recorrí hasta dos leguas hacia el oriente, y no habiendo encontrado enemigos, regresé a la población, quedando así la ciudad por nuestra.

Me es grato, señor general, cumplir con un deber de estricta justicia, recomendando especialmente a los jefes de los cuerpos  de esta división, coronel comandante del batallón Naval, don Martiniano Urriola; coronel comandante del batallón Valparaíso, don Jacinto Niño; comandante del regimiento Esmeralda, teniente coronel, don Adolfo Holley, y comandante del batallón Chillán, don Juan A. Vargas Pinochet, quienes han permanecido en las filas de los suyos, alentándolos hasta la terminación del combate, habiendo salido heridos el primero y el último de estos jefes.

Con el mismo derecho, son también acreedores a igual distinción los sargentos mayores don Daniel García Videla, don Alejandro Baquedano y don Enrique Coke, que fue herido, como asimismo los oficiales de estos cuerpos, habiéndome sido recomendado por su jefe en el campo de batalla el capitán ayudante don Federico Maturana.

Importantes y oportunos han sido los servicios prestados por el Jefe de Estado Mayor de esta división, teniente coronel don Adolfo Silva Vergara, manteniéndose siempre sereno bajo los fuegos del enemigo.

A una recomendación especial se ha hecho también acreedor el capitán ayudante de campo don Patricio Larraín A., quien fue comisionado para auxiliar a los distintos cuerpos de la división con municiones que distribuyó en lo más avanzado de nuestras filas, y por consiguiente en medio del nutrido fuego.

Las órdenes transmitidas por los ayudantes de campo y de Estado Mayor de esta división, capitanes señores Fidel Urrutia y Patricio Larraín, tenientes señores Severo Amengual y Manuel Aguirre, y subteniente señor Santiago Peñailillo, han sido dadas con toda oportunidad y a mi entera satisfacción, manteniéndose siempre serenos en las difíciles comisiones desempeñadas bajo el fuego enemigo.

Según consta de los partes originales y relaciones adjuntas que tengo el honor de elevar a V.S., el número de oficiales muertos en este memorable combate pertenecientes a la división de mi mando, es de 7 y 29 heridos, incluso 3 jefes; el número de las bajas en la tropa asciende a 172 muertos y 407 heridos.

Existe en mi poder un estandarte tomado por el regimiento Esmeralda.

Es cuanto tengo el honor de exponer a V.S. en cumplimiento de mi deber.

Tacna, junio 2 de 1880.

SANTIAGO AMENGUAL.
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Saludos
Jonatan Saona

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