jueves, 9 de febrero de 2012

Daniel A. Carrión

Daniel Alcides Carrión García 

Párrafos tomados del artículo "Hipócrates en la vida real de Daniel A. Carrión, triunfal y trágica leyenda en la vida de un peruano real" del Dr. Uriel García Cáceres.

"Nació en Cerro de Pasco, el 13 de agosto de 1857. Hijo del médico y abogado Baltasar Carrión de Torres y de Dolores García Navarro.

Carrión vivió 28 años. Falleció justamente cuando comenzó a hacer planes para ir a Europa, a Francia, a mejorar la escasa calidad de sus conocimientos académicos y cuando reflexionaba sobre la importancia de la superación para sobresalir del resto de la sociedad. La misma que lo marginó, por su fisonomía y manera de ser nativa.

Murió cuando trataba de obtener la medalla de ganador en un concurso para el mejor trabajo científico sobre una enfermedad andina, la que sus paisanos, nativos de las inhóspitas alturas de su pueblo natal temían que los matara, cuando bajaban a las quebradas templadas; porque, ellos eran atacados por la bartonellosis andina. A esa enfermedad, por esos años, se le conocía con los confusos denominativos de “verruga peruana” y “fiebre de la Oroya”, nombres que reflejaban la completa ignorancia, que se tenía, sobre su real naturaleza.

Realizó sus estudios primarios en la escuela municipal de Cerro de Pasco. A los 14 años de edad se trasladó a la ciudad de Lima e ingresó al Colegio Guadalupe, donde cursó de 1873 a 1878 la enseñanza secundaria y media con calificaciones excelentes. Una vez alcanzado el título de bachiller, se matriculó en 1878, en la Facultad de Ciencias de la Universidad Mayor de San Marcos.

En abril de 1879, coincidiendo con la declaratoria de guerra con Chile, rindió el examen para el ingreso a la Facultad de Medicina. Fue rechazado, el presidente del jurado examinador era el doctor Celso Bambarén, odos los universitarios, especialmente los alumnos de medicina, eran fervientes civilistas, mejor dicho darwinistas sociales. Al año siguiente, Carrión, en abril de 1880, volvió a tentar suerte, esta vez se aseguró su presencia en el medio hostil al donar un puño de oro de bastón y una libra de oro para la colecta nacional con el fin de comprar un nuevo buque de guerra; también se inscribió como militante en el partido Civil, el de las mayores preferencias de los miembros médicos, estudiantes y maestros, de la facultad; especialmente y el del presidente del jurado examinador, Bambarén.

Estudió Medicina en las condiciones más desafortunadas. Su primer año, cursó cuando todos los recursos de la nación estaban dedicados al esfuerzo bélico. Profesores y alumnos de años superiores estaban en el teatro de la guerra, a miles de kilómetros al Sur del entonces enorme territorio nacional, combatiendo o colaborando en las ambulancias para atender a los heridos, en las desastrosas derrotas en el teatro de guerra en Tarapacá y Arica. Así cursó el primer año, 1880, cuando el ejército peruano del Sur colapsó y todos los limeños sabían que el enemigo chileno invadiría la capital de la república, para consolidar sus triunfos iniciales. Durante la segunda mitad de ese año la flota chilena bloqueó todos los puertos del litoral, bombardeó cotidianamente el Callao e hizo participar en esas acciones al reconstruido blindado Huáscar, el buque insignia que le fue arrebatado al Perú, en la batalla de Angamos. Todos se preparaban a rechazar la invasión que debía realizarse los primeros días de 1881.

En los últimos meses de 1880 se organizaba, febril pero atropelladamente, la defensa de Lima. Se creó batallones alrededor de algún distinguido ciudadano, el que generalmente erogaba los gastos para su equipamiento, junto con los improvisados jefes y oficiales de la plana mayor. Así surgió el batallón “23 de Diciembre”, en recuerdo del golpe de estado de Nicolás de Piérola que lo llevó al poder, el año anterior. Daniel Carrión figura en la plana mayor de ese batallón, como abanderado; el jefe fue don Francisco M. Fernández, con el grado de coronel. Para ser abanderado se necesitaba tener un coraje a toda prueba, ya que el porta estandarte de la bandera, durante los combates, era el blanco preferido del enemigo.

El segundo año lectivo Daniel Carrión (1881) lo cursó en las condiciones más increíbles. El local de la Facultad de Medicina, el mismo que fue construido por Hipólito Unánue, en la Plaza Santa Ana, fue depredado por el enemigo y confiscado para servir de cuartel. El decano y secretario de esa facultad, al maliciar ese despojo, sustrajeron, con anticipación, los archivos y los libros de matrícula. Las clases fueron dictadas en el domicilio de los profesores y las prácticas en los vetustos hospitales Santa Ana y San Bartolomé, ya que el Hospital “Dos de Mayo”, el mejor de la ciudad, fue confiscado por las tropas de ocupación para sus propias necesidades.

Carrión vivió en las condiciones más precarias, después de la toma de Lima, por el ejército chileno. Su hermano materno, Teodoro Valdivieso, menor que él, fue matriculado como lo fue él, en el Colegio de Guadalupe.

Carrión fue buen estudiante, hizo sus prácticas clínicas en los mejores hospitales de Lima, fue externo del hospital Santa Ana, de la Maisón de Santé y del Lazareto de Guía, e interno de los hospitales de San Bartolomé y Dos de Mayo.

Daniel siguió con sus estudios de medicina, cursándolos en las condiciones de precariedad fáciles de imaginar. Sus profesores, aunque con gran coraje, padecían un desmoralizador ambiente, estuvieron impagos desde 1878 y sin los implementos necesarios para impartir una enseñanza adecuada. Hubo una coincidencia que disminuyó aún más la adquisición de conocimientos, tanto de profesores como de sus alumnos. Resulta que entre 1879 y 1883, se consolidaron los más espectaculares cambios de la medicina científica de la segunda mitad del siglo XIX; pero, el bloqueo naval establecido por el enemigo depredador impidió conocer los descubrimientos sobre la existencia de microbios que causaban enfermedades que los investigadores franceses y alemanes realizaron, casualmente en esos mismos años.

La vida breve de Daniel Alcides Carrión, terminó precisamente después del término de la vandálica ocupación chilena, cuando Carrión y todo el mundo ilustrado del Perú se enteró de la existencia de los microbios como causantes específicos de las enfermedades infecciosas, que lo que sus profesores le enseñaron sobre los miasmas y las putrefacciones de las heridas, era una patraña. Él como interno del hospital San Bartolomé, tuvo que atender a los soldados heridos, que morían con las heridas gangrenadas, durante la guerra civil.

En una carta a sus padres de esos días exclamó: más es siempre más, paciencia y baraja… Murió impactado por las noticias de Europa, que llegaron en avalancha al abrirse las comunicaciones. El primer paso para demostrar la presencia de gérmenes en una enfermedad que se suponía era infecciosa era conocer que era “inoculable”. Se inoculó y murió el Lima 5 de octubre de 1885 de la misma enfermedad del donante del inóculo."´

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Párrafos y foto tomados del artículo "Hipócrates en la vida real de Daniel A. Carrión, triunfal y trágica leyenda en la vida de un peruano real" escrito por el Dr Uriel García Cáceres.

Saludos
Jonatan Saona

2 comentarios :

Anónimo dijo...

Estimado, podría mencionarme la fuente de vuestra información sobre Daniel A. Carrión y la Guerra del Pacífico, así como de la imagen que presenta. Tengo entendido que durante la invasión de Lima, el mártir participó como camillero, desconocía que fuera el abanderado de un batallón; igualmente la imagen dista de las fotos que se tiene de él. Gracias y saludos.

Jonatan Saona dijo...

Ambos son tomados del artículo "Hipócrates en la vida real de Daniel A. Carrión, triunfal y trágica leyenda en la vida de un peruano real" del Dr Uriel García Cáceres

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