domingo, 27 de noviembre de 2011

parte de Toro sobre Tarapacá

BATALLÓN CHACABUCO

Bearnes, noviembre 30 de 1879.

Paso a dar cuenta a V.S. de la parte que cupo al cuerpo de mi mando en la sangrienta jornada del día 27 del presente en el pueblo de Tarapacá. 

A las 10 A.M. del día indicado se encontraba nuestra sección del centro a una legua del pueblo de Tarapacá; en este momento sentimos disparos de artillería y luego un nutrido fuego de fusilería. Apreciadas estas circunstancias, apresuré la marcha de la tropa en cuanto era posible, dado el excesivo cansancio y sed que la desfallecía. Atendida esta distancia, hice hacer alto para organizar las fuerzas, logrando sólo formar 250 hombres, por haber quedado el resto agobiado por la fatiga.

Resolví, sin embargo, avanzar sin esperar los rezagados, pues era preciso, sin pérdida de tiempo, proteger la división Santa Cruz, que había sido cortada por el enemigo. Hice que la tropa se aligerara de sus rollos y cargara solamente el morral de municiones.

En el acto avanzamos al trote: dos cuadras, más o menos, en esta situación, ordené se desplegara en guerrilla la 4ª compañía para que nos diera tiempo de organizar la línea. Se efectuaba este movimiento, cuando fuimos sorprendidos por un nutrido fuego de fusilería que el enemigo, en crecido número, nos hacía a 100 metros de distancia. Bajo este fuego y circunstancias muy desfavorables, se formó la línea de batalla, teniendo que mantenernos en formación unida, puesto que la configuración del terreno no permitía extendernos y a la vez eramos atacados por el frente y la derecha.

El enemigo peleaba cubierto y disperso en guerrilla. Una pieza de artillería nos protegía a la izquierda; marchamos rápidamente avanzando sobre el enemigo, haciéndole retroceder por tres veces consecutivas. Pero habiendo notado que el fuego de la artillería había cesado, que no eramos protegidos y el enemigo aumentaba por momentos sus fuerzas con tropas de refresco y que eramos flanqueados por la izquierda, ordené a la 3ª se replegara en esa dirección para proteger a la 4ª, que desplegada en guerrilla, procuraba resguardar nuestro flanco.

Viéndome rodeado por el enemigo, mandé nuevamente avanzar, lo que se hizo con tanto empuje por nuestros soldados, que obligamos a retroceder a éste dándonos tiempo para retirarnos sosteniendo el fuego. En esta situación fue protegida nuestra retirada por una parte del regimiento de Artillería de Marina que vino en nuestro auxilio y que mandaba su comandante, teniente coronel señor Vidaurre.

Habíamos sostenido el ataque dos y media horas contra fuerzas triples de las nuestras y nos retirábamos por la quebrada con el objeto de subir a la cima y formar nuevamente la línea apoyados por la fuerza de Artillería de Marina, lo cual fue imposible de realizar, porque el cerro en esta parte era en extremo pendiente y la gente desfallecida de sed y cansancio caía desmayada, siendo impotentes nuestros esfuerzos para animarla. Determiné entonces reunirla en el fondo del valle, donde había agua con la cual podría reponerse.

Subí con varios oficiales del cuerpo, a quienes ordené reunir la gente para proteger al 2º de línea que esos momentos se batía al frente. Aquí se formó una segunda línea por orden de V.S., en la cual tomó parte mi tropa batiéndose también en ese punto, y a las 2.30 P.M. eramos dueños del campo, contestando el enemigo nuestros fuegos muy débilmente. A las 3.30 P.M. se divisaron nuevas fuerzas enemigas que bajaban al campo, y se organizó nuevamente la línea bajo las órdenes de V.S., en la cual formaban casi todos los oficiales del cuerpo y la mayor parte de la tropa. Esta línea se ha sostenido hasta las 6 P.M., a pesar de ser atacada por tropas de refresco y en número superior. A esta hora se emprendió la retirada sin precipitación y dando lugar a que las tropas extenuadas pudieran retirarse con toda calma.

Tenemos que lamentar la pérdida del mayor Polidoro Valdivieso, que después de caer herido pidió un rifle e hizo dos disparos contra el enemigo, y la de los distinguidos y valientes jóvenes tenientes, Jorge Cuevas y Pedro Urriola, que cayeron en sus puestos animando hasta el último momento a la tropa. El ayudante señor José Martín Frías, que fue uno de los más animados, cayó en la última carga. Fueron heridos el capitán señor Carlos Campos, el subteniente Ramón Soto Dávila y 4 más que lo fueron levemente. En la tropa sufrimos muchas bajas, y me hago un deber de recomendar a V.S. el valor y la serenidad que ha mostrado. Me faltan 105 hombres, sin poder fijar el número de heridos, porque la mayor parte habían sido remitidos a Pisagua antes de regresar yo al campamento.

Respecto a los señores oficiales, no puedo recomendar particularmente a ninguno, pues todos ellos, sin excepción, han cumplido su deber como valientes. Debo sí hacer notar los servicios prestados por los señores oficiales agregados al cuerpo de mi mando, señor Benjamín Silva, teniente del 3º de línea, y el ayudante en comisión, capitán graduado don Félix Briones.

La conducta del cirujano señor Clodomiro Pérez Canto es verdaderamente digna de alabanza y de nuestro reconocimiento, pues no abandonó un instante las filas, cumpliendo su humanitaria misión. Durante la mayor parte del combate de la mañana estuvo en nuestras filas el abanderado de la Artillería de Marina con su estandarte, quien, habiendo sido cortado por el enemigo, se unió a nosotros y permaneció hasta que nos retiramos.

Acompaño a V.S. las listas del batallón, en las que se comprende a los individuos que han tomado parte en el ataque, con excepción de los muertos y heridos.

Dios guarde a V.S.
D. DE TORO HERRERA.

Al señor coronel Jefe de la división de operaciones sobre Tarapacá.
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Saludos
Jonatan Saona

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