jueves, 6 de octubre de 2011

Parte de Latorre sobre Angamos

COMANDANCIA DEL BUQUE "ALMIRANTE COCHRANE"

Mejillones, Octubre 8 de 1879.

Anoche, momentos después que dejara V. S. este puerto, el señor Ministro de Marina me ordenaba por telégrafo zarpar del fondeadero, y navegando en conserva con los buques O'Higgins y Loa, nos estableciéramos de crucero en el paralelo de Punta Angamos y a veinte millas distante de la tierra más cercana.

Para cumplir debidamente estas instrucciones, salíamos de Mejillones a la medianoche, alcanzando a las 4 A. M. de hoy el punto preciso de nuestra estadía.

Al aclarar el día se avistó un buque que nos demoraba S. S. E. y sucesivamente un segundo cercano al primero: ambos, por lo visible que se iban haciendo, los supuse de buques sospechosos, y en previsión de que fuesen enemigos, ordené desde luego levantar la mayor presión posible. Momentos después nuevos humos que aparecían en la misma dirección, no me dejaban duda alguna que los buques Blanco y Covadonga perseguían en su retirada al norte a los de la marina peruana Huáscar y Unión. Incontinenti ordené forzar las máquinas, gobernando a la vez rectamente sobre Punta Angamos, donde creía poder cortarles su derrota, obligándolos a empeñar el combate.

Apercibidos de nuestra maniobra, el enemigo, que al principio mantuvo a rumbo, seguro a la superioridad de su marcha, comenzó a dar muestras de sorpresa una vez descubierto su error. Después de cambiar dos o tres veces la derrota, la Unión, destruyendo el convoy, enmendó su proa al norte, y siguió esa dirección a todo vapor, en tanto que el Huáscar, al parecer, se disponía a aceptar el combate.

En el acto, por medio de señales, ordené al señor comandante de la O'Higgins que emprendiera la persecución de la corbeta, y lo propio enseguida al del Loa.

Persistiendo por mi parte en la maniobra que había emprendido, reconocía, al estar a 2.300 metros del monitor peruano, que éste me presentaba sus cañones abiertos tres cuartas de nuestra proa por estribor. Esto no obstante, proseguí a cortarle su rumbo en la convicción que buscaba oportunidad de escapar. Eran entonces las 9 h. 20 m. A. M.

Al sentir pasar dos proyectiles por sobre nuestra borda, goberné directamente sobre el monitor, juzgando que este movimiento, a la vez que disminuía la distancia amenazando al enemigo con el espolón, le obligaría a colocarse en una situación desventajosa, por cuanto debía venirse sobre el Cochrane, a caer sobre estribor presentando aquella parte de su buque hacia la cual, según informes, no podía dirigir la boca de sus cañones por defectos en su torre.

El Huáscar a la distancia indicada abrió sus fuegos, a los que sólo contesté una vez colocado a 2.200 metros, la que por la dirección que seguíamos comenzó a disminuir.

El enemigo continuando sus disparos cayó sobre estribor, lo que me hizo gobernar paralelamente a él para continuar el combate en estos términos, hasta que se llegó a estrechar la distancia a 450 metros.

A las 10 h. 10 m. A. M. el Huáscar arrió la única bandera que izaba al pico del palo mayor; pero como el buque durante más de dos minutos no detuviera su marcha, juzgué que la insignia habría caido; y, en consecuencia, ordené continuar el fuego. Al sentir estos disparos se izó de nuevo la bandera a bordo del monitor y prosiguió paralelo con el Covadonga, hasta que transcurridos diez minutos el enemigo ejecutó la peligrosa maniobra de girar sobre estribor, que sólo me la pude explicar por alguna avería en la torre o en su timón.

A ese movimiento cerré la caña a babor para espolonear, sin disminuir, sin embargo, el andar de la hélice de estribor, porque, si bien con esto conseguiría aumentar la rapidez de la caída, disminuiría la marcha, que era sobretodo lo que nos importaba mucho conservar, atendida la del enemigo.

El Huáscar pudo pasar libremente por nuestra proa; pero este movimiento lo echó sobre el Blanco, que en ese momento avanzaba con ligereza hacia nosotros. Eran a la sazón las 10 h. 25 m. A. M.

El Blanco, en su rápido ataque sobre el monitor, se interpuso entre él y nuestro buque, de tal manera que hubimos de girar sobre babor y el Blanco sobre estribor, motivando así que la distancia entre el Huáscar y el Cochrane se aumentara de 200 metros a que estaba a 1.200. Ordené entónces forzar cuanto era posible nuestras máquinas, a la vez que el Huáscar, desesperando talvez de escapar a las fuerzas que ahora lo combatían, describió un arco de círculo y puso resueltamente proa al Cochrane. En el acto imité la maniobra del monitor, lo que visto por éste cerró su caña a estribor, alcanzando su popa a pasar franca de nuestro espolón cinco metros distante. Se aprovechó esta circunstancia para disparar una de nuestras piezas con puntería por depresión.

Como el Huáscar continuara girando sobre estribor, el Blanco, que más atrás que nosotros hacía el mismo rumbo que anteriormente el Cochrane, aprovechó el momento para también espolonearlo, operación que todavía, una vez más, intentamos sucesivamente ambos blindados, pero sin alcanzar el objeto propuesto. Mientras tenían lugar estos movimientos nuestros fuegos continuaban, viéndose por fin el enemigo obligado a enderezar su proa al norte y rendirse enseguida, habiendo arriado definitivamente su bandera a las 10 h. 55 m. A. M., terminándose así este combate después de una resistencia tenaz y vigorosa.

Los proyectiles gastados por el Cochrane durante el combate se estampan a continuación:

45 granadas Pelliser de 9 pulgadas.
12 id. de segmento de 20 libras.
4 id. dobles de 7 libras.
12 id. Shrapnell de 7 libras.
560 cápsulas de ametralladoras.
1000 id. de rifle.

Nuestras punterías en general fueron correctas y desastrosos sus efectos, tanto entre los tripulantes del monitor como en su casco, según hemos podido apreciar enseguida; en cambio las del Huáscar, a pesar de su buena dirección, casi siempre pasaban altas, alcanzándonos en el casco sólo cinco de sus proyectiles de a 300: uno en el blindaje de la batería, aflojando los pernos de la plancha respectiva por el efecto de la concusión; otro en la aleta de estribor que destrozó el camarote del Comandante, parte de la sala de armas, botica, cubichete de la máquina, pañol del piloto, yendo a salir por el lado opuesto; un tercero que perforó la proa a estribor metro y medio sobre la línea de agua debajo del portalón de estribor, que no causó ningún daño por venir en dirección muy oblicua, y finalmente, el quinto que se llevó el pescante de la gata de babor.

El fuego de ametralladora de la cofa del Huáscar nos cortó casi toda la maniobra de babor, perforó en varias partes la chimenea, como asimismo el blindaje de la cofas, quebró algunos vidrios de cubichete y atravesaron también algunos botes.

Las bajas experimentadas en nuestra tripulación son las siguientes:

Herrero 1º Pedro Espinoza, herido gravemente por astillazos en la pierna y muslo derecho.
Grumete Domingo Johnson, herido gravemente por las balas de ametralladora en el estómago y pierna.
Calafate José M. Villarreal, gravemente por astillazos en la cabeza y pierna derecha.
Carbonero Vicente Díaz, gravemente por astillazos en la cara y pierna derecha.
Soldado Custodio Segura, gravemente por bala de ametralladora en la pierna izquierda.
Soldado José M. Jofré, gravemente por bala de ametralladora en la rodilla derecha.
Carbonero José R. Morales, levemente en la cabeza por astillazos.

En oficio aparte daré cuenta a V. S. del comportamiento observado por los señores jefes, oficiales y tripulantes del buque de mi mando. Por el momento me limito a anticipar a V. S. que, en general, la conducta de mis subordinados ha sido digna de los mayores elogios.

Dios guarde a V. S.

J. J. LATORRE

Al señor Comandante en Jefe de la Escuadra.
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Saludos
Jonatan Saona

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