domingo, 18 de septiembre de 2011

Pompas Fúnebres II

En la calle situada entre la puerta principal de la Exposición y la penitenciaría se colocaron los deudos de Tarapacá, comisión Perú-boliviana, combatientes sobrevivientes de Tarapacá y San Francisco, colonias extranjeras, Sociedad Francesa de Beneficencia, Orpheon Francés, Club francés, Sociedad Filarmónica, Sociedad de Beneficencia española, Club Germania, Cuerpo General de Inválidos, representantes de los mineros, Beneficencia Suiza, Cámara de Comercio, cuerpo de bomberos y salvadores de Lima y Callao. A estos seguían los restos del coronel Miguel Ríos.

Entraba luego una banda militar, la Escuela Naval, las brigadas de los buques de Guerra Nacionales y las compañías de bomberos Lima número uno. Seguía la procesión con los ataúdes de los restos de la hecatombe de Angamos, ocupando el puesto de honor la urna que contenía los despojos mutilados de Miguel Grau, escoltados por cuatro guarda marinos de la Escuela Naval.


Delante de la Exposición hasta el salón de máquinas tomaron su respectivo sitio:

Deudos de los mártires de Angamos, sobrevivientes del Huáscar, Sociedad Fraternal de Marina, sobrevivientes del Batallón “Marine”, piuranos residentes en Lima, lambayecanos residentes en Lima, Centro Lima (estos entraron tras los restos de Grau).

Las cintas del ataúd del General Silva los llevaban generales y coroneles del Ejército. Las de Grau, los contralmirantes Haza y Montero y los capitanes de navío Díaz Tizón, Antonio Guerra y Aljovín.

Cerraban la retaguardia del cortejo las corporaciones, Concejo de Lima, Comisión peruana del Norte compuesta por el coronel Justiniano Borgoño, presidente y los tenientes coroneles Pedro Silva y Carlos Amézaga. La Comisióndel Sur conformada por el capitán de navío, director de telégrafos y sobreviviente del Huáscar, don Melitón Carbajal, coronel don José dela Torre, sobreviviente de Arica y capitán de Fragata don Pedro Garzón, sobreviviente del Huáscar.

Enseguida marchaba la comisión enviada galantemente por el gobierno chileno formada por el Obispo electo de la Serena don Florencio Fontecilla, Capitán de Navío Constantino Baunen, Auditor general de Guerra y Marina, Manuel Díaz B., Coronel del Ejército don Ricardo Castro, Cirujano del Ejército Florencio Middleton, presbítero Valdez Carrero. Marchaban luego el obispo de Guayaquil (Pozo), el Consejo de Ministros, comisiones del Cuerpo Legislativo, Corte Suprema, Ejército, Rector y catedráticos de San Marcos, Tribunal Mayor de Cuentas, Prefecto del departamento, Corte Superior.

Recibidos los restos que condujo el convoy y colocados en el catafalco construido en la plaza de la Exposición, el Sr. Justiniano Borgoño hizo entrega de los traídos del norte en el transporte nacional Santa Rosa. Peruanos que sucumbieron en Huamachuco.

El señor Carbajal en su discurso mencionó que fue comisionado por el gobierno para traer los restos de Miguel Grau y de los que con él se sacrificaron en Angamos. Menciona también a Espinar:
“Ah, cuán conmovedor ha sido el espectáculo que ofreció la capital de Chile con la grandiosa ceremonia con que el pueblo y sus poderes públicos honraron los restos del contralmirante Miguel Grau y cuán imponentes y majestuosos los honores que Valparaíso, sus autoridades y la marina chilena le han tributado. Ahí no ha faltado el concurso del ilustre Cuerpo Diplomático y colonias extranjeras y ahí han sobresalido por su ternura las familias peruanas y matronas chilenas, expresando su cariñoso respeto a la memoria de Grau con la valiosa ofrenda de flores.
Después Antofagasta, luego Iquique. Por fin Tacna y Arica, las cautivas, donde su sagrada enseña ha sido humedecida con lágrimas y donde en todos los corazones no cabe otra aspiración que la de que esa tierra vuelva al seno de la patria amada. Allí, por último, donde se nos ha dicho: nos desprendemos y os entregamos humedecidos con nuestro llanto los restos queridos de nuestros hijos, eran nuestro consuelo en las horas de amargura que devoramos, porque no hay sacrificio, por cruel que sea, que la Patria exija que no estemos dispuestos… Quiere tenerlos la gratitud nacional, sea pues, llevadlos con nuestras bendiciones.¿A qué continuar? Grau, Ugarte, Espinar, Aguirre, ya vuestras veneradas reliquias están aquí… además agradecer a la comisión chilena por acompañarnos en tan penosa travesía.

A la 1.30 termina la conmovedora ceremonia.

El catafalco en la Plaza de la Exposición fue realizado por los bomberos de la compañía Roma. La plataforma medía 81 metros cuadrados, alfombrada, con cuatro escaleras (una a cada costado), forradas en terciopelo negro con flecos y franjas de plata. Representaba una capilla en esqueleto sostenida por cuatro columnas de las que se levantaba una gran cúpula, con una cruz de escalas en la cima. La elevación de dicho catafalco era de 28 metros y la cúpula se veía desde el pueblo de Magdalena. Las columnas estaban forradas de cachemira negra y blanca, igual que la cruz y la cúpula.

De los arcos laterales se desprendían cortinajes negros con flecos de plata.

En la parte alta de las columnas se leían los nombres de Miguel Grau, Ladislao Espinar, Elías Aguirre, Alfonso Ugarte, Pedro Silva, Diego Ferré, Leoncio Prado y J.R. Sepúlveda. También habían colocado escudos, banderas enlutadas y otros emblemas. En el interior había un altar todo forrado de negro, con franjas y flecos de plata”

EN EL PRESBÍTERO MAESTRO

Sigue el diario “El Comercio”: “En la puerta de entrada del cementerio colocaron cortinas negras con anclas bordadas con hilo de oro y plata, además de lágrimas plateadas.

En los lados habían puesto guirnaldas y coronas de ciprés con lazos de crespón negro. En medio una cruz blanca con flores naturales. También había una roseta plateada, en el lazo y cintas pendientes llevaban lágrimas de plata. Gran parte de la reja estaba adornada con guirnaldas y coronas.

Los monumentos de los próceres también fueron adornados con coronas y guirnaldas. La capilla se pintó de blanco. En la entrada colocaron un cortinaje negro con decoración y adornos semejantes a la fachada.

Rodeaba todo el marco de la puerta una guirnalda. Al medio se encontraba una corona de ciprés con lazos negros, lo mismo que en cada uno de los jarrones colocados a la entrada. Las dos puertas pequeñas que están a los costados de la principal llevaban cintas negras a lo largo de sus cornisas. En el interior las grandes columnas estaban rodeadas de paño negro salpicado de lágrimas de plata intercaladas con guirnaldas. Los pedestales estaban cubiertos de negro. Alrededor del monumento de la capilla se colocaron enormes cirios adornados con cintas negras al igual que los candelabros.

Las puertas interiores de la capilla estaban cubiertas con grandes cortinajes. En cada una de las columnas se puso banderas peruanas con lazos de crespón negro. Saliendo de la capilla se observaba al frente el monumento del Mariscal don Ramón Castilla, que sirvió de sepultura interina a los restos de los héroes. La definitiva mediría unos 30 metros cuadrados por siete de profundidad.

El monumento de Castilla estuvo adornado con guirnaldas y de cada una de las estatuas que lo rodeaban se desprendía una corona de ciprés con lazo negro. Delante del monumento se colocó un ancla de 5 metros de alto, de flores naturales, enviada por la Beneficencia: tenía margaritas, heliotropos, ciprés y laureles, además de llevar colgadas dos coronas. Delante se puso un estandarte realizado por las señoras de Lima, en terciopelo blanco y rojo. Algunos otros monumentos de particulares también fueron decorados en señal de luto. También en los cuarteles que encierran las cenizas de los compatriotas de San Juan, Chorrillos y Miraflores. La procesión fúnebre llegó a las 3.45 de la tarde. Los restos fueron recibidos por las comunidades religiosas, el Cabildo Metropolitano, presidido por Monseñor Tovar y la Sociedad de Beneficencia. Ahí se rezaron los responsos. Luego las cajas ingresaron por la avenida que conduce al mausoleo de Castilla, escoltadas por alumnos de las escuelas Naval, Militar, bomberos, delegaciones, universitarios, comisiones peruanas, miembros de la Filantrópica Sociedad de Beneficencia.

La entrega de los restos a la Sociedad de Beneficencia fue solemne. Antes de proceder al acto, el coronel Francisco de Secada pronunció un discurso recordando las acciones de los héroes. Luego del Ministro de Instrucción y Beneficencia, Dr. José Gregorio Galindo, hizo la entrega al Sr. Manuel Candamo, director de la Institución. Ambos pronunciaron discursos resaltando el valor de los héroes. Terminado este último discurso comenzaron a descender los restos a la bóveda, a las 5.05 de la tarde. Entonces las sociedades filarmónicas entonaron el Kirieleyson. Los carros fúnebres en que fueron conducidos los restos tenían cenefas bordadas en plata. Eran 32. El carro de la compañía nacional de bomberos Lima conducía los restos de Grau y era tirado por cuatro mulas blancas. Fue arreglado con un gusto delicado: en blanco, con piezas de metal, franjas y flecos de plata y una gasa de fantasía blanca con hilado de plata. A los costados los escudos del Perú, de raso y grandes borlas de seda blanca. Al frente y en la parte alta, un ancla de 3 metros, de terciopelo blanco con piezas de plata y la siguiente inscripción, en relieve, con letras de oro: Grau, Piura a sus hijos. En el centro iba la urna. A la espalda, una cruz dorada de las alumnas de nuestra Señora de Fanning y una corona de hilos de plata y oro de los piuranos. El carro llevaba una gran cantidad de coronas como las de las familias de Ortiz de Villate y de Portugal, Logia Honor y Progreso, Club Internacional Revólver, Casa Harten y Cía. También una ofrenda del doctor don Manuel María del Valle en nombre y representación de los peruanos residentes en la paz. Esta consistía en un cojín de terciopelo, tachonado de flores de terciopelo y cubierto con un finísimo crespón negro. Sobre él se colocó la espada y gorra que solía usar Grau. La concurrencia que no pudo entrar al cementerio llenaba avenidas y calles próximas al panteón. La ceremonia terminó a las 5.20. Se calcula en 15 mil el número de personas que participaron en la procesión y la mayoría eran mujeres”.

DESTINO FINAL

Los restos de Miguel Grau permanecieron en el Mausoleo de Ramón Castilla hasta que se inauguró la Cripta de los Héroes en 1908. Los demás patriotas que se inhumaron junto a él permanecieron en un cuartel levantado especialmente para ellos en el Presbítero Maestro.

Hoy, ellos – incluido los que llegaron en 1880- están reunidos en ese gran monumento funerario que se levantó en su honor.

Bibliografía:
Diario El Comercio, 15 de julio de 1890
Grau: El Peruano del Milenio”, Reynaldo Moya Espinosa, grupo editorial Megabyte.
Album Gráfico Militar de Chile, Capítulo XXII
“Huamachuco y el alma nacional (1882-1884)”, Tomo III, Vol. 2, Comisión Permamente de Historia del Ejército Peruano, Ministerio de Guerra.
Revista del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú, Año X, N° 12. 1956-1957
Actualidad Militar – Informativo del Ejército Peruano Año XXIII. N° 315, Junio 1985.


*****************
Tomado de revistaanubis.wordpress.com, publicado por Lita Velasco Asenjo

Saludos
Jonatan Saona

No hay comentarios :

Publicar un comentario

GDP1879 te invita a visitar↓↓↓


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...