31 de mayo de 2010

Editorial contra Argentina

Editorial chileno contra los marinos argentinos que visitaron Valparaíso

En diario "La Bolsa" de Arequipa, en su edición del sábado 23 febrero de 1889, copia un editorial del diario "El Independiente" de Chile, firmado por "Juan de Santiago".
En este editorial el autor chileno se manifiesta contra la corbeta "La Argentina", indicando que hubieron muchas descortesías desde su llegada al puerto de Valparaíso, entre otros hechos, también comenta (aunque sin nombrarlo expresamente) el incidente del brindis.

"EXTERIOR.
CHILE.

“LA ARJENTINA”.
(De "El Independiente’').

El reverso de la medalla—Mala elección de nave y de tripulación—En el muelle—Un lamentable descuido—La etiqueta naval— Comida y cena—Un brindis galante—Un brindis bomba—Explicación y aclaración, rectificación y ratificación. Se pide al Santo lo que se desea.

Miramar, 23 de Enero.

Veamos un poco el reverso de la medalla:—tenemos en nuestra bahía una nave arjentina, á cuyos tripulantes hemos recibido con fraternal cariño, y aún á veces con aquel aire de ovación que se da á las fiestas celebradas en homenaje de los que han prestado grandes servicios á la patria.

Hemos, pues, cumplido con los deberes de la hospitalidad,—y no es inoportuno tomar ahora en cuenta algunos deberes de patriótica previsión.

No hay indiscreción en lo que voy á decir:—aún cuando fueran referidos y comentados por toda la prensa, estos hechos no cobrarían publicidad mayor de la que ya les ha dado la circulación oral de todos los centros donde las cosas se comentan. Soy el primero en exponerlas á la ancha luz pública, pero seguramente no he de ser el único. No ve porque no ha de decirse desde luego lo que mañana ha de saberse en todas partes.

La nave que los argentinos envían por primera vez á pasear su bandera por los mares, no está bien elejida; ni el buque ni la tripulación hacen honor á los progresos tan rápidos y sorprendentes realizados por la vecina república.

Habituados al orden, á la disciplina y al aseo de nuestras naves de guerra, hemos recibido una sensible impresión de desencanto al pisar la nave argentina. En nuestros buques el acero, la madera y la jarcia, todo se mantiene constantemente como dispuesto para una recepción inmediata: la limpieza es la primera condición de á bordo.-—En la cañonera argentina, que viene á presentar su bandera á naciones extrañas, y que por esto es natural suponer mantenida con más esmero que las épocas normales, se notan desde el primer momento graves descuidos de aseo. Es un buque de tercer orden, en el cual no se procuran salvar las apariencias.

No se observa en su gente aquel amor al barco, que hace cuidarlo con cariño, que procura mostrarlo como mimado y acariciado á los ojos de los demás, que lo mantiene siempre terso, elegante, pulido, —aún cuando los años y los mares lo tengan rúdamente combatido.

Es que la tripulación no puede sentir tampoco muy interesante el amor patrio que se refleja sobre la nave que lleva el pabellón querido. Es una tripulación mezclada, confusa, cosmopolita, en que tal vez la menor parte ha tocado al elemento nacional argentino. Entre numerosos y marcados tipos ingleses é italianos, los argentinos parecen estar en notable minoría.

Esta visible mescolanza provocó desde el primer día un incidente que es gráfico en nuestros fleteros. Cuando la cañonera fondeó en la bahía, y cuando se desprendió de su costado el primer bote que debía venir a tierra, los fleteros se agruparon en el muelle deseosos de conocer el tipo marinero de aquella nación, de la cual nuestro pueblo no conoce más que el tipo de arrieros.—Su desencanto fué grande: casi todos los bogadores del bote eran italianos ó ingleses, y un sordo murmullo burlón, apenas contenido por el sentimiento innato de hospitalidad, circuló por nuestra gente de mar.
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La primera impresión recibida por nuestra marina verdadera, por nuestro oficialidad de guerra, no fué más agradable que aquel primer sentimiento popular.

Sea olvido, sea descuido, sea desconocimiento de los usos internacionales, sea por cualquier otro motivo, la nave argentina comenzó por faltar al primer deber de la etiqueta naval.

Es de ordenanza, en efecto, que tan luego como una nave de guerra extrangera fondea en un puerto, la autoridad marítima del lugar envía a uno de sus oficiales á saludarla; la nave contesta inmediatamente comisionando á uno de sus oficiales para que visite a la autoridad del puerto —Después de este saludo preliminar, es ley universal en todas las marinas del mundo, que el comandante de la nave baje personalmente á saludar a la autoridad marítima, la cual devuelve en seguida la visita yendo también personalmente á bordo.

Pues bien, la nave argentina olvidó sensiblemente estas leyes de etiqueta y cortesía. Las visitas preliminares se hicieron: fondeada la cañonera, la Comandancia General de Marina envió á uno de sus oficiales a saludarla y el saludo fué devuelto en seguida por un argentino. Pero el comandante no bajó a saludar al comandante general de marina,— a pesar de que éste, por un exceso de cortesía, había enviado después de la visita preliminar á un oficial superior, á un capitán de fragata, para que repitiese al comandante argentino su bienvenida.

Se dijo, es verdad, que el comandante de la cañonera había llegado enfermo; pero afortunadamente la enfermedad pasó luego, de modo que le ha permitido asistir a las comidas, paseos y recepciones á que después se le ha invitado. Es sensible que lo único de que lo ha privado su dolencia haya sido de visitar al comandante general de la marina chilena, —que fué en el combate de Iquique el segundo comandante de la “Esmeralda."

Esta circunstancia, observada y comentada por todos, ha hecho que no haya sido mirada como correcta ni altiva la presencia del comandante general de marina en la comida que el cónsul argentino ofreció al comandante y á la oficialidad de la cañonera.
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Y llegó aquí el incidente más delicado y lamentable de la visita que nos han hecho los marinos argentinos.

Los espíritus mas tranquilos y desapasionados observan que es posible, que es aún seguro, que el comandante de la cañonera haya tenido algún poderoso inconveniente para no acercarse a saludar personalmente al comandante general de marina. —Pero le replican los demás, si ese inconveniente ha existido en el primer momento, ha cesado luego, puesto que aquel comandante y aquella oficialidad han asistido á todas las fiestas que les ha ofrecido. Y en seguida existiendo ese inconveniente, nada es más conveniente, más natural y más obligado que haberlo hecho presente: una grave incorrección no se salva con otra mayor, y para este caso precisamente se han hecho las explicaciones de la cortesía.
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El alejamiento cada vez mas visible que se ha pronunciado entre nuestros marinos y nuestra sociedad de jóvenes y los marinos argentinos, hace creer que el incidente que todos conocen, debió pasar de un modo muy parecido á lo que se refiere. En todo caso y como quiere que sea podemos tener la noble satisfacción de haber cumplido caballerosamente con los deberes de la hospitalidad. Si no hemos encontrado en nuestros huéspedes la misma buena voluntad de que nosotros nos sentimos animados, la culpa no es nuestra.

Los comentarios, tanto menudos como trascendentales, tanto tranquilos como apasionados á que este incidente ha dado copioso tema, quedan á cargo del lector: —cada uno los hace según su temperamento.

Juan de Santiago."

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Saludos
Jonatan Saona

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