domingo, 4 de mayo de 2008

joven Andrés Cáceres


Fotografía poco conocida del que fue coronel Andrés Avelino Cáceres

Les dejo el sgte relato

POR AMOR A LA JUSTICIA Y A LA LIBERTAD

Así, se puede decir que su espíritu guerrero se formó desde la cuna. Sus múltiples biógrafos han descrito su ingreso al ejército: era un niño que estaba estudiando en el Liceo de Ayacucho; le esperaba la rica herencia que dejara su padre y, en el hogar, el amor de viejas tías, que le miraban como al último vástago de los Cáceres de Ayacucho. Pasa por esta ciudad la hueste revolucionaria del gran mariscal don Ramón Castilla, que abolió el tributo del indígena y la esclavitud (enero de 1854), y el joven estudiante, cuando sólo contaba 17 años, al oír el toque de los clarines, siente que las armas le llaman, y con ardor bélico incontenible, abandona todo, huye, se esconde de la familia e ingresa en el ejército con la clase de caballero-cadete. El amor a la justicia y a la libertad le llamó a las armas desde la niñez y esta voz de honra y de gloria repercutió siempre en su larga vida militar.

En el memorable combate de Bellavista, que tuvo lugar en Arequipa el año 1854, el ejército del gran mariscal Castilla se encontraba ya casi triunfante.

Había logrado apoderarse de toda la ciudad, menos de la torre del convento de Santa Rosa, la que se resistía de tal modo que creyeron imposible dominarla, a pesar del reñido y cruento combate que duraba largas horas. El que se aproximaba al campanario caía por tierra; los jefes principiaban a desesperar, apartados de la torre por las balas enemigas, cuando el joven teniente Cáceres ofreció a su jefe tomarla por asalto. Para el caso contaba con su compañía, formada por soldados cuyo cariño había sabido conquistar de tal modo que al pedirles que no le abandonasen en esta empresa, sin titubear un instante pagaron con la vida el arrojo del teniente, pues al apoderarse de ella pocos quedaron vivos. Cuando el triunfo fue definitivo, dice el general Cáceres, “tuvieron que darme el mando de otra compañía, ya que la que combatió conmigo había desaparecido”.

SALVADO POR LAS VÍRGENES BENDITAS
El teniente Cáceres llegó a dominar la torre y de lo alto cayó mortalmente herido dentro del claustro de Santa Rosa, sobre un montón de cadáveres que yacían en el suelo. Cuando volvió en sí, divisó a la comunidad que desfilaba en profundo silencio; llamó por su nombre a la sobrina de la abadesa, María Nieto, hermana del coronel Nieto, su amigo, quien también había tomado parte en este combate a favor de Castilla, la que no tardó en atenderlo, en compañía de las religiosas; y las manos de las vírgenes benditas vendaron y dieron de beber al sediento herido.
Fue tal vez la gracia divina, obtenida por las plegarias monjiles, la que contribuyó a la curación. La bala había penetrado por el lagrimal del ojo izquierdo, saliendo por la oreja del mismo lado, atravesándole interiormente parte de la cabeza, sin malograrle ningún órgano. Sólo le quedó de esta herida una cicatriz sobre el lagrimal, por lo que sus enemigos políticos dieron en llamar al general Cáceres “El Tuerto”.

Relato tomado de ANDRES AVELINO CÁCERES, PREDESTINADO PARA LA GLORIA, por Zoila A Cáceres.

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Saludos
Jonatan Saona

2 comentarios :

Anónimo dijo...

Dn Andres Avelino Caceres Dorregaray ....un hombre muy aguerrido..

Edgar Cruz Uriarte dijo...

Es un gran peruano valiente y aguerrido pocos como el han saltado a la gloria Viva el gran Mariscal

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