domingo, 13 de abril de 2008

El Combate Homérico II

En el capitulo III titulado Fortuna y Desgracia dice sobre Williams Rebolledo y Miguel Grau

“Al mismo tiempo que la escuadra chilena salía de Iquique con dirección al Callao, la escuadra peruana salía del Callao con dirección a Arica; pero en el espacio inmenso del mar ambas flotas pasaron sin distinguirse.

Williams llegó al Callao al amanecer del 21 de mayo i vió la rada vacía de naves enemigas: el Huáscar i la Independencia habían salido… Grau llegó a Arica al anochecer del día 20 y ahí supo que la escuadra chilena había partido a1 norte y que la Esmeralda i la Covadonga habían quedado solas sosteniendo el bloqueo de ese puerto.


La desgracia de Williams i la fortuna de Grau partían desde ese momento: la una adusta, terrible e injusta, y la otra risueña, fácil, sin peligro alguno e injusta también en sus favores. El uno (Williams Rebolledo) yendo en busca de un combate terrible, de una lucha VERDADERAMENTE GLORIOSA, encontraba al fin de su carrera esa máscara grotesca i burlona que se llama fiasco;

mientras el otro (Miguel Grau) que venia a emprender sólo la cobarde guerra del corsario, del asalto al débil, de la sorpresa nocturna, encontraba a su llegada a la ciega fortuna con los brazos abiertos i el pecho palpitante de cariño i de emoción...” 
Vicente Grez se olvida decir que la “cobarde guerra del asalto al débil” la cometió Williams un mes antes, en abril de 1879, al bombardear Huanillos, Pabellón de Pica, Pisagua, todos puertos peruanos indefensos.

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Mas adelante dice sobre Prat:

“Su buque (La Esmeralda) era viejo, podrido, inmóvil y con cañones que eran un adorno más que un arma. ¡Qué podría hacer contra el INVULNERABLE MONSTRUO que arrastraba consigo el espanto y la ruina? Nada sino pelear y morir con gloria! ¿Podría él entregar la nave que habían confiado a su honor?

Otros, en circunstancias semejantes, lo habrían hecho sin mengua, pero él ¡jamás, jamás, mil veces la muerte! ¡Cómo! era posible, podía siquiera aceptarse ni como un sueño fatídico que el PERÚ i BOLIVIA, esos dos leprosos de la América, vencieran a Chile, la honra, la gloria, la civilización del continente latino, sin morir antes de vergüenza y de horror? La patria de Castilla el tahur, de Echenique el peculador, de Pezet el traidor, de Balta el estafador de empréstitos, de Pardo el aleve y de Prado el imbécil, podría vencer y humillar? por la torpeza de un almirante, a la patria de O’Higgins el magnánimo, de Freire el puro, de Pinto el virtuoso y de Bulnes el honrado…….”

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Esos adjetivos calificativos con respecto a los “malos”, “imperfectos” gobernantes peruanos, y los “casi-divinos” o “perfectos” presidentes chilenos, son realmente increíbles.

Se nota el resentimiento (o no sé que otro sentimiento similar a éste) con el que escribía Vicente Grez, debido a que en la época que fue publicado el libro (1880) todavía no se había terminado la guerra.

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